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Golden Claw (Capítulo 13)

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Mensaje por Runalan el Miér Ene 16, 2019 4:22 pm

Capítulo 13
—Indra—


Un pueblo que parecía estar en paz, sin ningún conflicto, sin miedo a ningún dios que exigía sacrificios humanos. Todo eso, no parecía haber quedado en meras leyendas; en la mente de Perry, creía firmemente que quizá Khem les había mentido con eso para intentar hacer que vieran que fuera algo peligroso, pero, desde luego, con su expresión habitualmente serena, no fue capaz de deducir eso con exactitud. Khem no era el tipo de persona que mintiera sobre un mundo para hacerlo más interesante, pero tampoco iría a un mundo cualquiera tomando sus precauciones. Quizá, él estaba igual de sorprendido y confundido acerca del hecho.
Como fuere, el grupo tuvo que separarse. Wolf, Perry y Seiyua fueron por su lado, intentando averiguar cualquier cosa que pudiera ser de utilidad, cualquier cosa, tanto de la garra dorada como del hecho de porque este lugar estaba tan sereno y lejos de los dioses come hombres. Khem, por su lado, fue solo, asegurándose de dejar a Hyouya en un sitio donde nadie pudiera verlo; según él, llamaría la atención con sus colas y orejas, y tenían que evitar cualquier tipo de conflicto. Hyouya lo comprendió, pero aun así solamente accedió a regañadientes, y se quedó en un establo cercano gracias a la amabilidad de un hombre impresionado por tal criatura.
Así, en el caso de Perry, Seiyua y Wolf, iban caminando por el pueblo. Sus simples maneras de vestir o rasgos, llamaban la atención, incluidos los cuernos de Perry, o los rasgos asiáticos de Seiyua, pero, la gente no se espantaba, sino que solo miraba con curiosidad. Wolf, era el más afectado por eso, no cómodo con tener todas las miradas sobre sí, se cubría con su capucha sin importar el calor que podía llegar a hacer, eso no le molestaba en lo absoluto. Sin embargo, ¡las miradas sí que le molestaban! E iba detrás de Perry intentando camuflarse, incluso si realmente era inútil.

—Realmente no parece el lugar descrito por tu sensei, ni por los libros —comentó Seiyua mientras caminaba a un lado de Perry, por delante de Wolf. Echaba unas miradas a todo el pueblo y a su gente, realmente era una ciudad desértica que llamaba su atención—. ¿Por dónde deberíamos comenzar?

—No podemos preguntar directamente sobre la garra dorada —afirmó Perry—. Así que será complicado.

—¿Quizá, preguntar historias sobre el lugar?

Perry meditó unos instantes.

—Podría ser, muy posiblemente haya una que involucre la garra dorada —aclaró—. Sí, es buena idea. Pero, ¿dónde preguntamos?

Seiyua ahora fue el que pensó, desviando la mirada hacia el pueblo, intentando dar con una respuesta silenciosa. Pero para sorpresa de todos, no fue él quien obtuvo la respuesta, sino Wolf mismo que, intentando asegurarse de que las miradas ya no estaban sobre él (que aún estaban, las de unos niños que jugaban en un callejón), terminó por ver algo que parecía ser un señor contando historias no muy lejos de ahí. Mucha gente estaba sentada a su alrededor, escuchando atentamente con rostros de sorpresa y emoción, como si realmente pusiera pasión en sus historias. Al detenerse a ver, Perry y Seiyua hicieron lo mismo para ver a Wolf, que se había detenido sin previo aviso.

—¿Qué ocurre allá, Perry-nii? —preguntó en voz baja, al no dejar de mirar hacia la misma dirección, eventualmente Perry volteó y miró la escena.

—Ah, parece que es algún cuenta cuentos —dijo sin más, aunque, pasados unos mínimos segundos, cayó en cuenta lo que tenía que hacer, y entonces soltó en voz alta, espantando a Wolf y sobresaltando a Seiyua—. ¡AH! ¡Tenemos que ir ahí!

Y miró a sus acompañantes, Wolf temblando debajo de su capucha y Seiyua mirándole con cara de pocos amigos. Sólo pudo disculparse al momento de rascarse la nuca con nerviosismo.
Sin decir nada más e intentando ignorar aquellas miradas acusatorias de Seiyua, e intentando calmar a su propio hermano, el pequeño grupo se acercó al cuenta cuentos que estaba sentado en medio de una pequeña multitud que escuchaba sus historias. En sí, la historia que contaba en ese momento parecía ser una cualquiera de este pequeño mundo, una historia sobre un viajero que encontró un tesoro que pertenecía a un fantasma. Ese fantasma lo siguió día tras día, apareciéndose en sus sueños y atormentándolo durante cada hora, cada momento, cada día y cada año, hasta que el viajero tuvo que devolver el tesoro.
Los fantasmas pueden ser realmente rencorosos.
Eventualmente, el cuenta cuentos se fijó en los viajeros, o más bien, forasteros. Le llamó tanto la atención de los rasgos de los tres, especialmente los rasgos asiáticos de Seiyua o los cuernos de Perry, incluso el cabello de Wolf, que no pudo evitar llamarlos.

—¡Ustedes! —habló en voz alta, al ver a quienes se referían, las demás personas voltearon a ver—. No son de por aquí, ¿verdad?

—Eh… no —Perry fue quien tomó las riendas del asunto—, ah, pero, nos gustaría escuchar alguna historia interesante, ¿tiene alguna?

—¡Claro que tengo algunas! —exclamó aquel hombre—. Dígame, ¿sobre qué le interesaría?

Perry le echó un rápido vistazo a Seiyua, sin saber cómo expresarlo, buscando que, de alguna manera, el espadachín pudiera decirlo con mayor claridad, pero sin ser directo. Seiyua al ver la mirada de Perry, pidiéndole ayuda, suspiró internamente y dio un paso hacia enfrente, tomando él entre sus manos el asunto.

—Nos gustaría escuchar alguna historia sobre… ¿algún misterio? —preguntó, aunque no estaba muy seguro de sus palabras, así que poco después lo complementó—. O quizá sobre algún artefacto, algo que haya llamado mucho la atención en algún momento.

—Algún artefacto, o algún misterio —el hombre dijo pausadamente, como si intentara buscar algo en su biblioteca mental. No fue mucho después cuando chasqueó los dedos, dando señal de que tenía la historia adecuada—. ¡Quizá, una historia sobre la tan afamada, garra dorada!

Perry se sobresaltó y Wolf sacó un poco su vista de su capucha, mientras Seiyua únicamente asintió y tomó asiento en el suelo, cerca de las demás personas que estaban allí escuchando desde antes. Sin decir nada más, Perry y Wolf hicieron lo mismo, Wolf aun agarrando a su hermano mayor, temeroso.

—Se cuenta, que hace no mucho tiempo, un artefacto dorado, parecida a una garra de tres dedos, apareció cayendo desde el río Krimasana, una garra que tenía cuatro dibujos encima, un fénix, un tigre, un dragón y una tortuga. La gente contó que dicha garra dorada tenía un aura de buena suerte, ¡y cómo no! Si los pobres campesinos que la encontraron, ¡no tardaron en recibir fortunas en su desdichado hogar! Una tras otra, tras otra fortuna —el hombre relataba moviéndose de un lado a otro, como si realmente sintiera la historia dentro de sí—. Pero claro, dicha fortuna no era digna de un humano, así, Mahabrahman se las arrebató, ¡completamente!

Perry frunció el ceño débilmente.
“Mahabrahman”, era el nombre de aquel dios de cuatro cuerpos unidos, el que parecía ser el líder de todo este mundo. Aquel que tenía atemorizados a todos. En ese caso, la leyenda de los dioses era completamente cierto, aunque seguía sin saber porque este pueblo no estaba bajo ese manto de horror.

—Así, Mahabrahman devoró a esos desdichados campesinos y se adueñó de tal objeto —relató nuevamente—. Más, sin embargo, antes de que Mahabrahman pudiera hacer algo con esa garra, ¡fue cuando sucedió su gran batalla con el gran Indra! ¡Ese dios que nos ha liberado a nosotros, los Svatan, de las garras del temible Mahabrahman! Indra, con el poder de la garra, intentó entonces liberar a los demás pueblos, pero los demás dioses no estuvieron de acuerdo. Esperemos, que Indra logre su cometido, con aquella hermosa garra que trajo la libertad consigo.

“Que logre su cometido”, ¿es qué aún tiene aquella garra? Fue lo que se preguntó el pequeño grupo al mismo tiempo, como si hubiera sido algún tipo de conexión mental. No se lo explicaban, pero, de alguna manera, tenían la sensación de que aquella garra ya no estaba más en este mundo. Sin embargo, ¿cómo decirlo? Si al final de cuentas no sabían ni siquiera quien era Indra, o siquiera que había sucedido en este mundo.
Pero, desde luego, parecía que Indra no era un dios como los demás.
El sol de Divy era abrasador, incluso las lagartijas del desierto buscaban lugares más frescos donde descansar. Y, afuera del establo donde estaba Hyouya “escondido” para no llamar la atención, no era la excepción. Este lugar era puro desierto, y el pobre Zorro era testigo de cómo aquellos caballos del establo bebían y bebían agua como locos. Por suerte, no parecía ser un recurso que escaseara.
Desde el establo, también, tenía una vista peculiar. Estaba a las afueras del pueblo, allá donde parecía ser una entrada principal, la entrada “delantera” por así decir. Ahí, había una gran estatua de un dios, de uno de los dioses de Divy. Sin embargo, no era uno que él pudiera conocer. No estaba en el libro que les mostró Tsuika, y no estaba en un registro de su memoria.
La estatura, era la de un hombre con rasgos andróginos, de una belleza notoria, con cuatro brazos y varias vestimentas que parecían simular ser oro. Con una corona dorada con una gema en el centro, y un cabello que parecía ligeramente ondulado, que le llegaba un poco más allá de los hombros. Hyouya no lograba reconocer a ese dios, y su mirada insistente hacia la estatua lo delataba.

—Oh, veo que no parece reconocer a nuestro dios Indra —comentó una mujer. Hyouya movió sus orejas y volteó a verla. Era una mujer ya anciana, la esposa del hombre que les había permitido que el zorro se quedara.

Ella tenía una vasija en sus manos con un poco de comida, parecía ser un poco de sopa fría, algo especial para poder sobrevivir a estos calores. Era claro que la había preparado para el zorro.

—¿Indra? —preguntó Hyouya, curioso—. No recuerdo que hubiera un dios con ese nombre.

—Indra es un dios relativamente joven, sí —afirmó la mujer—. Realmente no era muy conocido hasta que apareció, poco antes de aquella garra.

—¿Garra? —ahora se mostró más interesado.

—Así es —la mujer le ofreció el cuenco de sopa, que Hyouya aceptó dando un débil gracias. Entonces, ella se sentó a su lado, sobre la paja en la que estaban sentados—. Déjeme contarle una pequeña historia, de sobre como Indra liberó a este pequeño pueblo de las manos de Mahabrahman, y como busca hacer lo mismo con todos los pueblos de Divy.
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Y bueno, eso sería todo por hoy :p espero que no les aburra. Sin más, me despido.

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Golden Claw (Capítulo 13) Empty Re: Golden Claw (Capítulo 13)

Mensaje por Kanon Oda el Miér Ene 16, 2019 10:31 pm

la garra es famosa en el mundo de Divy pero entonces ya no existen dioses come adoradores!!, por eso la gente esta tan tranquila y vive una vida mas o menos normal, ya solo les falta el fuerte calor jaja xD pero entonces ese dios quien es? a un tiene la garra?, aaah me intriga tanto tu fic, me encanta !

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