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Golden Claw (Capítulo 11)

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Golden Claw (Capítulo 11)

Mensaje por Runalan el Miér Ene 09, 2019 3:47 pm

Capítulo 11
—Un breve descanso—


“Mi nombre, mi verdadero nombre, es Xue Xiaoyan. Y Xue Bai, era mi padre adoptivo”.

Cuando el zorro dijo eso, la expresión de Khem no cambió en lo absoluto, incluso si fue algo que le tomó de sorpresa. Esto, simplemente esto, demostraba que tan estrecha era la relación del zorro con aquella garra dorada. Simplemente, él era el hijo del monje que la cuidó durante los primeros años de su existencia. Estuvo presente durante el origen de su leyenda, y de seguro debió tenerla entre manos en, al menos, alguna ocasión, por más breve que fuera, o siquiera, al menos, cómo mínimo haberla visto. La relación realmente era clara, era por eso que Hyouya sabía tanto del origen de la garra.

—Él se deshizo de la garra, como dije, porque traería muchos problemas —explicó brevemente—. Mi padre al comienzo vivía solo, por eso no le preocupaba lo que sucediera con él, pero luego, llegué yo y llegó alguien más. Con eso, él supo que nos pondría en riesgo a nosotros, por eso decidió deshacerse de la responsabilidad, para mantenernos a salvo.

—Se deshizo de un objeto importante solo para mantener a salvo a alguien —murmuró Khem, si bien no iba dirigido a Hyouya, sino a él mismo, el zorro fue capaz de escuchar—. Es una gran tontería.

—Quizá, en su momento yo también llegué a cuestionar sus acciones —afirmó Hyouya—. Pero tras convertirme en padre, pude entender el porqué, y llegué a la conclusión de que yo habría hecho lo mismo.

—Definitivamente, yo no lo haría.

—Pero tú eres tú, yo soy yo, él fue él —aclaró el zorro mientras se ponía de pie—. Lo que pasó con la garra después de que cayera por el río XingHong, lo desconozco completamente. Ni siquiera sabía que podía haber llegado a otro mundo solo con cruzar un río.

—Los mundos tienen demasiadas brechas en ocasiones, generalmente, cuando son inestables —aclaró Khem en una breve explicación—. Shuìlián era un mundo inestable, ¿verdad?

—Demasiado.

—Entonces la garra debió haber cruzado alguna brecha que le condujo hasta Divy —aclaró finalmente—. Por eso tenemos que ir a ese sitio. Si tenemos suerte, encontraremos información sobre su siguiente paradero, iremos así, hasta que lleguemos al punto actual.

—¿Y en caso de que Seishin se adelante y la consiga? —preguntó el zorro.

—En caso de que Seishin la consiga… —repitió mientras ponía una mano en su mentón y su mirada, involuntariamente, iba hacia el techo, como si pensara detenidamente algo—. Realmente poco me importa lo que hagan con ella, sin embargo, de verdad quiero investigar esa garra.

Hyouya suspiró:

—En pocas palabras, se la quitaremos, ¿verdad?

—Muy posiblemente.

Hyouya movió sus orejas, de manera involuntaria. Los azules ojos de Khem se dirigieron a esas dos cosas sobresalientes e inquietas, esas dos orejas. Pero no dijo nada, y simplemente, Hyouya habló:

—Entonces mañana a primera hora, iremos a Divy. Por ahora me retiraré a descansar —él caminó hacia la puerta, y antes de salir, se giró para ver a Khem—. Tú deberías hacer lo mismo.

Y salió, sin más, dejando la habitación en silencio. A decir verdad, Khem no le prestó atención a sus palabras, sino, que todavía seguía pensando en sus orejas y en lo suaves y llamativas que se veían.
La noche pasó súbitamente, y los rayos del sol comenzaban a asomarse por las ventanas de papel, aquellas ventanas que adornaban la casa del estilo oriental en la que vivían que, en realidad, no era más que un viejo templo en el que Hyouya se había asentado desde hacía milenios. El patio y todo comenzó a iluminarse, los pájaros se pararon entre las ramas de los árboles para comenzar a cantar, como si le dieran una cálida bienvenida a la luz solar.
En todos los árboles, había numerosas aves, tan coloridas y hermosas. Era una ventaja de vivir cerca de un bosque (más bien, en las afueras del bosque), y esto la fascinó a Wolf. Desde su habitación, la ventana un poco abierta, las ramas de los árboles se asomaban desde una proximidad estrecha, y los pájaros prácticamente, estaban en su ventana. Se deleitó en silencio mirando el hermoso plumaje de los pajarillos cantores, y aquellos que estaban incluso en silencio simplemente, como si también escucharan el canto de sus compañeros. Aun cuando en realidad, parecía más que estaban esperando algo.
El sonido de la puerta de papel tocándose desde la madera, sin embargo, le hizo sobresaltar. No fue más que su hermano Perry que avisaba que ya iba a ser hora de desayunar. Wolf suspiró en sus adentros, pero no dijo nada y se levantó para salir de la habitación. Ahí, casi choca con Tsuika, que iba pasando a toda prisa. Ambos se detuvieron de golpe, Wolf estaba que deseaba que se lo comiera la tierra, ¡casi chocaba con alguien!

—Ah, Wolf, lo siento —se disculpó Tsuika gentilmente—. ¿Te asuste?

—Y-Yo…

No dijo nada y su voz era temblorosa, Tsuika no necesitó escuchar un “sí” para saber que definitivamente, le había asustado. Quiso rápidamente pensar en algo para calmarlo, pero sin ser tampoco tan insistente como para asustarlo aún más. Rápidamente, una idea llegó a la mente de Tsuika, iluminando su rostro como si fuera la luz de la esperanza.

—¿Quieres ir a darle de comer a los pájaros conmigo? —preguntó, Wolf se mostró interesado.

—¿A… los pájaros?

Tsuika asintió, con una gran sonrisa.

—¡Así es! Todas las mañanas antes de desayunar les doy comida, ¿quieres ir a darles también?

—¿No… los asustaré? —preguntó—. Yo soy…

—Está bien, mientras no les grites ni hagas movimientos bruscos, no se asustarán —afirmó Tsuika—. Son muy amigables. Ven, anda.

Tsuika comenzó a caminar y, aunque Wolf dudó un poco, quería seguir viendo a aquellas criaturas aladas, por lo que terminó por seguir a Tsuika tranquilamente por el pasillo, aún si se encontraba nervioso por estar con una persona desconocida. Él realmente no se sentía cómodo con cualquier desconocido, le daba miedo, y más si alguien era más grande que él. Sin embargo, Tsuika también le daba miedo, precisamente, por ser simplemente, amable con él. Aún si Tsuika era más pequeño, cualquiera diría, ¿qué podría ser capaz de hacerte alguien tan delgado y pequeño como él? Wolf desde luego no lo quería descubrir.
Mientras los dos más pequeños iban hacia el patio de la casa donde los pajarillos ya se estaban comenzando a juntar en la espera de comida, en el comedor era algo similar, Seiyua estaba sirviendo la comida, pero, hasta ahora, el único que había llegado era Perry, quien ya estaba sentado, solo observando al pelinegro, en calma. Por alguna razón, el porte que éste tenía, le fascinaba. Era un espadachín japonés, o eso sería en el mundo de la tierra donde Perry había estado viviendo con su sensei y Wolf. Nunca creyó que un guerrero japonés sería tan fascinante, su porte tan elegante y sereno, con un código moral estricto, con una calma tan curiosa que, de alguna manera, incluso alguien inquieto como Perry imitaba, involuntariamente.
El espadachín oriental, sin embargo, no parecía darse cuenta de aquella mirada insistente de Perry, o eso parecía para el joven demonio. En realidad, Seiyua fue consciente de que el demonio estaba siguiendo todas y cada uno de sus movimientos. No pudiéndolo soportar más, se giró para ver al castaño, quien entró en un pánico relajado.

—¿Qué tanto me estás viendo? —preguntó, a lo que Perry rió nerviosamente.

—A-Ah, lo siento, es solo que me gusta tu vestimenta.

—Es solo un kimono cualquiera —insistió el espadachín.

—Bueno, de donde vengo no hay kimonos de ese tipo —afirmó, pareciendo recobrar la calma. Se recargó en la mesa, y recibió una mirada curiosa de Seiyua—. La gente viste de manera más moderna, como yo o como Wolf.

—¿No como tu sensei?

—Él tiene una manera de vestir más… anticuada —dijo con un leve tono de burla—. No sé, no es mi estilo de vestimenta.

—¿De verdad son raros de dónde vienes?

—No tan raros, simplemente, no son comunes —afirmó—. Claro, en Japón la gente lo viste en ocasiones, generalmente en los pueblos o en situaciones especiales.

—Es como aquí —afirmó Seiyua, acaparando la atención de Perry—. Aquí en Katari, la gente viste kimono de manera casual, rara vez, ves a alguien vistiendo ropa occidental. Pero, si vas al otro lado del mar o a la frontera, hay más países que visten de maneras distintas. En Hong Chei visten Qi-Pao, u otro tipo de Kimono. En el imperio visten de manera similar a tu sensei, y en lugares como Anfare o Aisan, visten de manera igual a ti o a tu hermano.

—Eh, ¿de verdad hay más países aquí? —preguntó, ahora más intrigado.

Seiyua asintió:

—Son varios, y este, Katari, es uno de los más antiguos —explicó, mientras se sentaba en la mesa con su propio plato, a un lado de Perry, más, sin embargo, no le miró—. Pero hay muchos otros países y muchas ciudades, mucha gente… es un mundo muy variado.

Perry sonrió entonces.

—Sería interesante visitar este mundo más seguido, y ver cada uno de sus rincones.

Seiyua abrió los ojos con un poco de sorpresa, casi nula pero perceptible. Entonces, su mirada vacía se dirigió hacia el demonio, quien estaba sonriendo aún. Seiyua entonces devolvió su mirada al plato de su comida, donde trazó una débil sonrisa en sus labios. Una sonrisa que Perry pudo ver, y provocó que, inexplicablemente, su corazón latiera, sentía sus corazones latir, tanto, tanto, que quería detenerlos.

—Quizá… te lleve a ver Worldend.

Y Perry sintió que sus corazones explotaron.
Nuevamente el tiempo pasó; cuando terminaron de darle de comer a la aves, Tsuika y Wolf tomaron rumbo al comedor para degustar su propio desayuno, fue raro para Wolf, pero fue un momento agradable ver a las aves comer, moviendo sus alas, moviéndose en el suelo sin ninguna preocupación. A su vez, poco después, llegó Hyouya aún medio dormido, con sus orejas agachadas y su kimono desacomodado. Su cabello, sin embargo, aunque no estaba peinado, seguía viéndose fabuloso.
Así, terminaron de comer, y comenzaron a prepararse para marcharse a ese mundo que tanto pavor provocaba a muchas personas; Divy. El mundo de los dioses demoníacos come hombres, así lo llamaba Tsuika. Todos se preparaban, menos él, sabiendo que volvería a quedarse solo, no pudo evitar acercarse a su papá, cuando este estaba en la sala esperando de los demás. A un lado de la puerta, estaba Khem, esperando también a que sus hijos y Seiyua estuvieran listos.

—¿De verdad se tienen que ir ya? —preguntó. Aunque intentaba sonar tranquilo, su tono de voz era preocupado y ligeramente tembloroso, era como si imitara a Wolf en ese aspecto.

Al verlo, Hyouya sonrió débilmente y le acarició la cabeza, revolviendo el cabello plateado del joven dragón.

—Tenemos que acabar esto pronto —afirmó el zorro—. Te prometo que pronto estaremos de vuelta.

Quizá era verdad, ellos estarían de vuelta pronto, pero eso no quitaba que Tsuika se sintiera solo en la casa, sin ninguna compañía más. Sus tíos, los Kokugetsu, estaban de viaje por Samahl por un malentendido, Menreiki se la pasaba dentro del almacén y rara vez salía, además que sus máscaras le daban miedo. Su amigo Hatsuharu estaba tan empeñado en seguir entrenando, que a veces hasta se olvidaba que Tsuika existía, ¡ni siquiera vino a desayunar hoy, y siempre le da de comer junto a los demás pájaros!
Khem solo observó a Tsuika; un dragón divino. Es una especie rara de ver, pero muy temida. Generalmente, andan por los mundos en formas humanas, pero con orejas puntiagudas, garras y colmillos, con ojos de pupilas rasgadas y grandes tamaños, no se diferenciaban mucho de un humano común. Pero, eran dragones. Su verdadera forma era la de dragones gigantes, midiendo incluso hasta 20 metros, como aquellos dioses a los que se enfrentarían. Tan inteligentes, tan potentes en la magia. Pero este niño, no era más que un cachorro de dragón cuidado con amor, por lo que no era tan poderoso como los demás dragones de su especie, o al menos, eso parecía.
Tsuika entonces suspiró, sabiendo que no había de otra, y ellos se marcharían y se quedaría atrás nuevamente.

—Está bien. Tengan mucha suerte, entonces —él sonrió, intentando desvanecer su incomodidad. Su entusiasmo lentamente contagió a Hyouya, quien le sonrió y lo abrazó, revolviendo su cabello aún.

Eventualmente, los faltantes del grupo fueron bajando uno a uno, hasta que todos estuvieron listos. Nuevamente, se reunieron en el patio, como la vez que fueron a Evigna, o como la vez que se conocieron por primera vez. Solo a los ojos de Tsuika, se fueron con un solo chasquido de los dedos de Khem, y así, aparecieron en un mundo con cielo naranja y rosa, con vientos ásperos y un sol abrasador, con arena alrededor, pero ellos estaban dentro de lo que parecía ser un palacio al estilo hindú, de color blanco, con varias aperturas que dejaban ver el desierto, y dejaba que el aire moviera el cabello y la ropa de todos, también, trayendo algunos granos de arena consigo.
Sí, este lugar era Divy.
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Y bueno, eso es todo por hoy :P me disculpo si está aburrido -3- nuevamente, ahi viene lo bueno. ¡Pero ya! Sin más, me despido >3

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Re: Golden Claw (Capítulo 11)

Mensaje por Kanon Oda el Miér Ene 09, 2019 9:13 pm

no esta para nada aburrido, de hecho me encanto, vaya si perry sigue mirando asi a seiyua se lo va acabar 7w7, sus corazoncitos palpitan que tierno *-* esta sientiendo amor, por ese espadachin tierno waa me encanta por otro lado wolf y tsuika se llevan tan bien como amigos!! waaaa son tan dulces los dos que creo que me dara diabetes y como siempre sensei pensando primero en sus investigaciones antes que todo, vaya pero al final yo se que es bueno 737 y se preocupa por sus hijos, waaa estuvo genial lastima que tsuika se tuvo que quedar de nuevo pero algo me dice que puede que en futuro los acompañe, bueno quien sabe , me encanto esta genial tu fic lo adoro!!

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