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Golden Claw (Capítulo 9)

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Mensaje por Runalan el Vie Ene 04, 2019 3:41 pm

Capítulo 9
—Si GEIST es el enemigo, ¿en quién se puede confiar?—


Habían sido rodeados sin darse cuenta. Ahora, la pregunta que se hicieron, es, ¿eran de GEIST? La persona que atacó al anciano Klaus sin duda usó Magia, entonces, desde luego era alguien experimentado incluso si fue capaz de bloquear el ataque directo de Seiyua. Pero, ahora, el tiempo para siquiera intentar dar con una respuesta o una simple teoría era escaso.
Hyouya atendió rápidamente al viejo Klaus, que sudaba del dolor, Wolf se le acercó a Hyouya, teniendo miedo de lo que ocurría a su alrededor. Khem estaba tranquilo sin poner la mínima atención, mientras que Perry y Seiyua miraron hacia arriba, igual que los refugiados que estaban listos para la pelea. Allá, en lo alto, donde la biblioteca ya había perecido, estaba el enemigo.

—Si vamos juntos bloquearán nuestros ataques al mismo tiempo, así que sería innecesario —comentó Seiyua en voz baja. Acaparó la atención de Perry, que disimuladamente le miró haciendo un reojo—. Ve por la izquierda, yo iré por la derecha. Ellos abrirán fuego tan pronto nos movamos, ya que nos tienen rodeado. Intercambiarán fuego con los refugiados.

—¿Y qué hay de ellos?

—Las bajas son inevitables —afirmó Seiyua con frialdad—. Por eso, intentemos tener la menor cantidad de bajas, y ataquemos desde los lados laterales. La biblioteca está derruida, podemos salir y aparecer desde atrás.

Perry comprendió rápidamente el punto táctico de Seiyua. Y era verdad, en este punto, el intercambio de fuego con los refugiados era totalmente inevitable. Sólo se esperaba el mínimo movimiento para que abrieran fuego, y, lamentablemente, ellos serían los primeros en hacer ese movimiento.
Ambos se asintieron mutuamente, y corrieron para direcciones opuestas. Tan pronto como esto sucedió, tanto el lado enemigo como el lado de los refugiados abrieron fuego.
Ante tal acto, Hyouya gruñó y, no solo cargó a Klaus y jaló a Wolf y al ayudante de Klaus, Gulbrand, sino que también tomó a unos cuantos niños con sus colas y corrió a un lugar seguro.

—H-Hyouya-sama… ¿qué…?

Wolf paró de hablar, su voz se cortó automáticamente, de manera involuntaria. Sus rodillas temblaban y tenía un terrible temor encima de él. No dijo nada cuando Hyouya les jaló junto a otros niños, poniéndose en un lugar seguro, y solo se limitó a visualizar como Hyouya rápidamente bajaba a los niños y comenzaban a atender al hombre, envolviendo sus colas suavemente.

—¡Sr. Klaus! —exclamó Gulbrand—. ¡No puede ser…! ¡Tiene que resistir!

—N-No necesita preocuparse, Sr.Zorro, yo ya estoy viejo… —dijo en voz baja—. Estoy seguro que—

—Cállese —ordenó severamente Hyouya—. Quizá está viejo, quizá ha vivido mucho, quizá alguien haga el trabajo de guiar a los demás ahora, pero si usted muere aquí, entonces todos perderán la esperanza y dejarán de pelear. Su vida, más que la de un líder es la de una figura a seguir, una figura de protección. ¡Así que cállese y déjese curar!

Klaus miró con sorpresa a Hyouya, pero después comenzó a reír débilmente, con lo suficiente que su cuerpo deteriorado y lastimado le permitía, con su voz rasposa y grave. Entonces, las colas de Hyouya brillaron un poco, tenuemente, como si fuera una luz cálida y afable.
Las colas de Hyouya, cuando era joven, eran cafés, como su cabello y orejas, pero cuando obtuvo las 9, éstas cambiaron de ser de un café claro, con terminaciones azules y comienzos dorados. Así, las colas brillaron en un pálido color azul entremezclado con el dorado de la base de las mismas. Y, poco a poco, la herida de Klaus fue sanando, frente a los ojos atónitos de Wolf, Gulbrand y los niños recién rescatados.

—Increíble… —murmuró Gulbrand, totalmente impresionado y atónito, con una pizca de interés en lo que veía.

Por otro lado, Seiyua y Perry ya se habían abierto camino por entre la gente enemiga que había aparecido abriendo fuego. Seiyua rápidamente, con dos espadas, Kisaragi y Kotarō, abrió camino hacia donde estaba Perry, cortando a todos los enemigos sin distinción. Tanto los que usaban magia y armas de fuego, eran los más fáciles de liquidar, pues los que usaban armas de cuerpo a cuerpo se resistían intentando abrir una batalla que, desde el comienzo, eran incapaces de ganar. Perry, por su lado, se abrió paso hacia Seiyua, casi de la misma manera que éste último, pues se encargaba de cortar o empujar a cada persona que iba a por él.
Antes de darse cuenta, ambos ya habían quedado espalda con espalda, y eso, a Seiyua, le trajo vagos recuerdos, una nostalgia indescriptible, pero que hizo que se aferrara más a sus dos espadas. Perry, por su lado, miró a Seiyua antes de proseguir, su mirada llena de determinación y una muestra de emoción por la batalla. Sentía como si estuviera a un lado de un hermano de armas, capaz de confiar su espalda a esta persona, incluso si no tenían mucho de conocerse. Como si ambos estuvieran a la par, como si ambos hubieran compartido múltiples peleas.
Tan pronto como Seiyua se puso en posición, aun estando rodeados por todos, Perry le imitó, alzando su espada para atacar sin piedad. No necesitaron dar una señal, fue más como si sus pensamientos estuvieran enlazados, cuando sin decir nada, saltaron en contra de todos los enemigos. Destrozados, cortados, destruidos. Así quedaban todos aquellos que osaran desafiar a la pareja de guerreros que se habían encontrado. Pobres tipos que creían que podían tener una oportunidad, teniendo un demonio y un yōkai de guerra, haciendo equipo.
Continuaron peleando, sin importar si la sangre les salpicaba, la sangre enemiga no era más que una muestra de que habían peleado, que habían luchado para proteger.
Los refugiados seguían impartiendo su defensa, acribillando con sus armas a cada miembro del equipo enemigo. No obstante, tal como dijo Seiyua, las bajas eran inevitables, y algunos de los refugiados dieron sus vidas para proteger a los demás. Las mujeres y los niños se habían refugiado donde estaba Hyouya, quien ya había terminado de sanar a Klaus, y ahora solo estaba reposando. Hyouya, a su vez, se encargó de crear una barrera de magia para evitar que los enemigos llegaran a esta zona y, a su vez, evitar que alguna bala perdida llegara. Pero su rostro se comenzaba a tornar pálido y su mirada borrosa.

—H-Hyouya-sama, ¿se encuentra bien? —Wolf preguntó, él había sido el primero en notar tal expresión del zorro.

—Sí, estoy bien, no te preocupes —afirmó, en voz inusualmente baja. Pero Wolf tuvo miedo de insistir más—. ¿Puedes hacerme un favor?

—¿Qué sucede? —preguntó.

—¿Puedes… asegurarte de las zonas laterales?

Las zonas laterales eran las que estaban más desprotegidas. Si bien, la barrera de Hyouya cubría todo en forma de una cúpula, parecía ser que algo más le estaba preocupando. Wolf no comprendió, a decir verdad, a lo que se refería, pero solamente asintió y, débilmente, como sus temblorosos pies le permitían, miró a todos lados. Su vista fue, más principalmente, a los refugiados que no eran capaces de pelear, a aquellos que estaban lesionados, a las mujeres que no peleaban o estaban embarazadas, a los enfermos y a los niños. Miró a todos, miró entonces a Klaus que ahora era atendido por las personas que sabían de medicina, asombrados porque su herida no había dejado rastro ya, pero entonces se percató de que no estaba Gulbrand por ningún sitio.
Por ningún sitio.
Un último enemigo cayó desde el tercer piso, había sido empujado por Perry y la caída lo terminó de matar. Inerte, era el último que había quedado con vida. En la biblioteca, los libros que tanto se habían protegido, en su mayoría, estaban quemados y destrozados. Ya no se iba a poder sacar información de este sitio (aunque en sí, Khem ya había obtenido la que necesitaba), y entonces, con la zona asegurada, Perry saltó desde el tercer piso para asegurarse que todos estuvieran bien.
Su mirada, específicamente, se dirigió a Khem, que estaba leyendo el libro de las Leyendas de Shuìlián, sentado en el mismo lugar donde estaba inicialmente, sin haberse molestado en lo más mínimo. Perry no pudo evitar expresar su molestia a través de su rostro, unas muecas se habían hecho presente.

—Al menos pudiste haber ayudado en algo —dijo Perry, con un tono áspero y agrio.

—No me gusta pelear, es una pérdida de tiempo —contestó un descuidado Khem, quien no apartó la mirada del libro de las Leyendas de Shuìlián—. Además, por eso te traje.

—Eres un sinvergüenza.

—Quizá.

La barrera de Hyouya descendió, y con eso, las personas que habían estado a salvo, corrieron a ver a aquellas que habían peleado, y algunas, lloraron por las pérdidas que habían tenido.
Wolf no dudó en ir con Hyouya, a decirle lo que había notado.

—Hyouya-sama… Gulbrand no está por ningún sitio.

Hyouya miró en silencio a Wolf y luego bajó la mirada. Su sospecha fue cierta, desde que vio esa mirada, cuando curó a Klaus. Cuando no hizo nada más que mirar. Negó entonces con la cabeza y se recargó con su mano en una de las columnas, poniendo su otra mano en su frente. Un mareo se había apoderado de él.

—¡Papá! —Seiyua rápidamente, bajando, corrió hacia Hyouya—. ¿Estás bien? Estás demasiado pálido.

—Estoy bien, no te preocupes.

—Sí que eres imprudente, Zorro —Khem cerró su libro y se levantó. Como si nada hubiera pasado, simplemente caminó hacia Hyouya y le tomó del hombro—. Pero no te me puedes morir ahora, más que nada, porque te necesito aún.

Hyouya frunció un poco el ceño, pero no tenía ánimos de pelear nuevamente con ese hombre. Su hombro le dolía a horrores, justo el hombro donde Khem había tocado. Pero, lentamente, el dolor fue desvaneciéndose. Tan rápido y tan notablemente, que se sorprendió él mismo y miró a Khem, quien no dijo nada y quitó su mano para darle la espalda.

—Era verdad entonces que GEIST está detrás de la garra también —comentó Perry—. Pero, ¿qué es exactamente GEIST? A parte de un grupo criminal.

—Es una rama de Seishin —Klaus salió nuevamente de entre la multitud. De mejor salud incluso que cuando se vieron por primera vez. Incluso se podía ver rejuvenecido un par de años—. El grupo criminal más peligroso con el que te podrías encontrar.

—Seishin es un grupo que no solo lidera entre las sombras a grandes organizaciones “benévolas”, sino que también es un grupo de contrabando, de experimento, de exploración —agregó Khem. Volteó a ver a toda la multitud, sus hijos y la familia del zorro incluida—. Son peligrosos, sí, porque está conformado por personas de diferentes mundos. Así que tienen un vasto conocimiento compartido. Y muchas ambiciones, también.

—Pero dijiste que era un grupo formado por varios grupos más —comentó Perry, un poco confuso—. ¿Entonces…?

—Así es, es un grupo aparte a Seishin, pero perteneciente el mismo, según el libro, es solo como… una división —explicó Khem—. De ser así, el enemigo, en todo caso, es Seishin.

Las colas de Hyouya se esponjaron un poco, y él bajó las orejas consecuentemente, desviando la mirada hacia otro sitio. Seishin era un grupo conocido para él, y deseaba con todo fervor no volver a toparse con ellos. No, más bien, estaba huyendo de ellos. Ahora, seguir yendo por la garra, mientras que Seishin también está detrás de la garra, sería declararles la guerra. No obstante, tampoco es como si dejar que ellos obtengan dicha reliquia es como si fuera la mejor opción. A este punto, o le quedaba fingir ignorancia, o seguiría con la misión. Y su honor como zorro, no le permitía fingir ignorancia.

—Sr. Zorro —Klaus llamó a Hyouya, quien alzó las orejas y volteó a verle—. Muchas gracias por haberme curado, nunca será suficiente agradecimiento. Sin embargo, quiero que lleve esto.

El hombre le ofreció una pequeña daga a Hyouya, que llevaba dentro de una vaina de cuero de vaca, adornada con hermosas figuras de fuego y árboles. No parecía ser de valor, pero desde luego, la mirada de Klaus indicaba que, en realidad, lo tenía. Quizá, no valor monetario, sino, sentimental.

—Yo no… puedo aceptar eso…

—No se preocupe —Klaus insistió—. He decidido dársela a usted, un viejo zorro de un mundo destruido. Estoy seguro que le dará más uso que yo.

Hyouya sabía que no tenía otra opción, sería peor negarse que aceptarla, por lo que, suavemente, la tomó entre sus manos y la miró más detenidamente. Una daga vieja, una daga realmente vieja que tenía grabados chinos. Fue cuando se dio cuenta que esta garra era de Shuìlián.

—Esto… ¿cómo…?

—Es de mi familia, por eso quiero que la tenga con usted.

—Muchas gracias, Sr. Klaus.

—Sr. Klaus —una mujer se acercó a él por detrás—. No hemos visto a Gulbrand por ningún sitio.

Tal y como dijo Wolf, Gulbrand no estaba por ningún lugar. Todos buscaron con la mirada, y no dieron con su paradero, incluso algunos llamaron su nombre, pero no hubo respuesta.
Allá afuera de la biblioteca, en un lugar ahora considerablemente lejos pero que, desde luego, era Evigna, estaba Gulbrand con un teléfono en la mano, hablando a través de él. Iluminado con la luz de la luna, él simplemente estaba mirando el cielo a su vez que acataba órdenes.

—Sí, el pequeño grupo que mencionó Okura está aquí, pero fracasaron en la emboscada —comentó—. Realmente son más fuerte de lo que parecen.

Hizo una débil pausa y bajó la mirada.

—Ya no puedo regresar, a partir de ahora somos enemigos de Evigna, y lo sabes, Claude.


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Y eso sería todo por hoy :P sin más, me despido.

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Golden Claw (Capítulo 9) Empty Re: Golden Claw (Capítulo 9)

Mensaje por Kanon Oda el Vie Ene 04, 2019 9:57 pm

Waaa perry y seiyua se enamoran yo lo se, esas miraditas ademas nada mejor como cita que ir acabando con enemigos! Aaah wolf es tan tierno siendo miedoso, hyouya ya es tan gentil salvando la vida de tamtas personas y cuando grito regañando a ese hombre diablos me quede impactada, me quede boca abierta jamas imagine a hyouya asi pero me gusto y como siempre sensei ni se mueve ignorando todo y a todos xD siempre pasa pero al final se preocupa por hyouya 7w7 ajam.. waa me encanta tu fic sobre todo que cambio tan extremo el enemigo es peligroso y hyouya tiene historia amarga con ello waa TnT que triste, espero la conti ansiosa.

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