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Golden Claw (Capítulo 5)

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Mensaje por Runalan el Miér Dic 26, 2018 5:36 pm

Capítulo 5
—Los Fenhua—


El viaje había comenzado y todo parecía indicar que sería una travesía larga. Al no tener Khem una idea de a donde podían dirigirse, quien terminó por tomar irónicamente el mando, fue el zorro al que habían “secuestrado” para precisamente, conseguir la garra. ¿Quién diría que ese zorro terminaría guiándoles? Y no por ser obligado, sino porque le desesperaba que la persona que supuestamente quería resolver el misterio y obtener la garra, no supiera ni siquiera por dónde empezar.
Entonces, por la mente del viejo zorro pasó esa pregunta; ¿para qué querría alguien como él la garra? No solo parece ser alguien desinteresado de la vida, sino que, parecía ser alguien fuerte, Hyouya era capaz de sentir eso. Entonces, ¿para qué? Se comenzó a preguntar, más, sin embargo, tampoco quería darle muchas vueltas. El asunto de la garra lo fastidiaba, y quería mantenerse lejos de ella lo máximo posible.
Iban caminando por un camino nevado, que se hacía cada vez más y más cegador. Más allá de lo que era la ventisca, no podía verse nada más que oscuridad y le densa nieve que caía precipitadamente. El zorro iba al mando del pequeño grupo, quienes se habían retrasado considerablemente, pero intentaban seguir el paso.
Lo primero que propuso Khem pudo haber sido la solución; apaciguar la tormenta con magia. Era algo sencillo, incluso Hyouya podría hacerlo, pero, éste mismo afirmó que hay muchos Yōkai que viven de dicha tormenta, por lo que calmar la misma sería como una declaración de pelea y eso es lo que menos necesitan ahora, así que no tenían de otra que aguantar el frío terrible que hacía.
Khem se preparó lo suficiente a sí mismo, pero Perry y Wolf no podían decir lo mismo. Y tenían que soportar la terrible ventisca con no más que la ropa que llevaban desde un inicio.
Caminando entre el camino que poco a poco se hacía más angosto, Wolf miraba a todos lados con cierto temor, agarrado de Perry por miedo a terminar separándose del grupo. Entre las miradas que daba por entre el escenario que no parecía tener un fin claro, visualizó un pequeño movimiento de un ser que brillaba en celeste, que tan pronto se percató de los viajeros se escondió entre la nieve del suelo. Wolf no pudo evitar jalar de la ropa a Perry.

—P-Perry-nii… hay algo mirándonos.

—Vamos, no te asustes —pidió su hermano—. Si no le hacemos nada no tiene por qué atacarnos.

—P-Pero, ¿y si lo hace? —cuestionó.

—Es un espíritu de hielo —Seiyua, que iba caminando a un lado de ellos, les interrumpió, al ver que el menor sentía temor del momento—. Son débiles y no atacan a nadie a menos que sean atacados.

—Ves, no te harán nada —Perry le sonrió a su hermano.

—¿De verdad no nos atacará? —preguntó Wolf al joven espadachín, quien asintió para confirmar.

Se reservó de decir que en estos sitios se debía tener más miedo de una Yuki Onna o algún espíritu de la montaña, para no asustar más al joven Wolf. Al final, Seiyua no aguantó ver a los otros dos tiritando, y se quitó su haori. Al verlo, Perry entró en pánico.

—E-Ey, ¿qué estás haciendo? ¡Te vas a congelar!

—Yo estoy muerto, no hay nada que me pueda enfriar más —explicó brevemente, al momento que les ofreció su haori—. Es pequeño, pero podrán cubrirse por ahora.

Perry dudó un poco, no quería ser aprovechado, quitándole algo que le brindaba calor a alguien más en plena ventisca. Sin embargo, realmente hacía un frío terrible, y si era verdad lo que decía, entonces no habría mucho de qué preocuparse. Tembloroso y dudoso, tomó el haori y se lo puso por encima de Wolf, y cubriéndose un poco también, solo pudo decir un poco audible:

—Gracias —dijo Perry en un casi susurro.

Seiyua le escuchó, pero no dijo nada más y continuó su camino. Perry, en silencio y sin moverse, miró a Seiyua, como caminó sin la mínima molestia. Él realmente no parecía sentir frío alguno, Entonces, cayó en cuenta, ¿dijo que estaba muerto?
Khem ya se había adelantado lo suficiente para alcanzar a Hyouya, quien caminaba por la vereda sin molestia por el frío. Los Zorros tienen temperaturas extremas, algunos viven en climas como estos, otros viven en climas más áridos, pero son tan escurridizos que se pueden adaptar fácilmente a cualquier clima, por eso, el zorro realmente no se molestaba con la ventisca.

—Ey… ¿A dónde nos planeas llevar? —preguntó Khem, realmente no parecía preocupado, más, sin embargo, preguntó—. ¿Es que te quieres deshacer de nosotros con este clima? Déjame decirte que no funcionará.

—Si quisiera deshacerme de ustedes, simplemente habría huido de este mundo —aclaró Hyouya—. Únicamente, por aquí viven los Fenhua, pero…

—¿Pero?

—Creo que me perdí.

Ambos detuvieron su andar. Tanto Khem como Hyouya se quedaron en silencio, simplemente, en silencio. Realmente ni Khem tenía ganas de reclamar (ni el derecho tenía, puesto que él ni siquiera sabía a donde dirigirse), y Hyouya simplemente sabía que había metido la pata al creer que recordaría el camino al pie de la letra, siendo que tenía siglos sin pasar por aquí.
No tardaron mucho para que Perry, Wolf y Seiyua terminaran por alcanzarles. Al ver que ambos se habían quedado callados, Perry tuvo la genial idea de preguntar por fin, rompiendo aquel silencio sepulcral que involuntariamente habían creado.

—¿Pasa algo? —preguntó el joven demonio.

—El Zorro se perdió —contestó Khem inmediatamente, a lo que Hyouya le tiró una mirada asesina.

—¡¿Qué?! —Perry exclamó y de inmediato miró a Hyouya—. ¡D-Dígame que no es verdad!

Sin embargo, Hyouya se encontraba avergonzado y solamente apartó la mirada mientras frotaba su brazo con su mano, tímidamente.
Una manera rápida de llegar, era con magia, pero nuevamente, Hyouya insistió diciendo que no podía llegarse con magia a ese sitio, pues los Fenhua tenían su propio núcleo de magia y toda la demás era bloqueada, siempre y cuando viniera desde fuera. Tantas cosas negadas hicieron creer a Khem que, de alguna manera, el zorro quería deshacerse de ellos, pero, tras ver que realmente se veía tímido por su falta cometida, con aquellas orejas caídas como si hubiera sido un zorrito regañado, supo que, en realidad, todo lo que decía no era más que la verdad.

—Ni hablar, volveremos a—

—¿Hyouya-Bawang?

Khem no terminó de hablar cuando una voz femenina interrumpió desde lo que parecía ser, más allá de la nieve. Las orejas de Hyouya se movieron a todas direcciones, como si intentara buscar la fuente del sonido. Seiyua miraba a todos sitios, mientras que Wolf se detenía de Perry, aferrado, mientras que su hermano intentaba calmarlo.
Entonces, de entre la densa neblina ocasionada por la brava ventisca, una mujer se fue asomando. Brillaba, tanto, que la nieve no parecía ser tocada por ella. Era una mujer hermosa de cabellos rojizos y ojos dorados. Vestía de manera occidental, y su ropa era adornada por múltiples plumas de colores, las cuales Wolf visualizó con un poco de entusiasmo. Era, sin duda, una hermosa vista.

—Ah, ¿tú no eres de los…?

—Fenhua —afirmó la mujer—. Shura-huanghou estará feliz de verlo.

—Ah, por favor, llévanos con ella. Tengo un… tenemos un asunto urgente que tratar con ella.

La mujer no se hizo esperar y rápidamente, juntó sus manos. En ellas un resplandeciente color se hizo notable, más de lo que la rodeaba a ella. Entonces, la densa ventisca se esparció del lugar, como si desapareciera de inmediato únicamente en el sitio donde ellos estaban. El frío se esfumó y unas escaleras etéreas aparecieron. La mujer, entonces, hizo una reverencia, dejando pasar primero a los invitados. Sin embargo, nadie se animó.

—¿Qué? ¿No piensan ir? —preguntó Hyouya, mirando a sus “captores”.

—Se supone que tú nos estás guiando —afirmó Khem.

—¡Pero se supone que tú…! —Hyouya resopló antes de seguir reclamando algo que no tenía sentido.

Entonces, Hyouya le hizo una seña a Seiyua de que le siguiera, quien no opuso resistencia. Hyouya fue el primero en subir las escaleras, seguido de Seiyua. Khem les siguió, luego Perry y Wolf. Al subir todos, la mujer dejó de hacer la reverencia y siguió a todos, subiendo también las escaleras en silencio. Conforme iban subiendo, las escaleras fueron desvaneciéndose y, en el lugar donde anteriormente estaban, la furia de la ventisca volvió a azotar con fuerza.
Conforme fueron subiendo, el panorama se volvió más y más brillante hasta llegar a un lugar repleto de nubes, que resplandecían en un color dorado. Había varias edificaciones hermosas, bien cuidadas, de un estilo oriental chino. Varias personas también yacían allá, vestidas de la misma manera, todas y cada una de ellas tenían color de cabello entre rubio, naranja y rojo, y los ojos de todos brillaban en dorado. Entonces se comprendió, que estaban en el reino de los Fenhua, y, conocidos en otros sitios, como los Fénix.

—Oh… que interesante —Khem murmuró para sí mismo, observando todo el panorama. Nunca había visto un Fenhua, pues solamente vivían en Worldend, pero parece que estar detrás de la garra haría que terminara viendo demasiadas cosas más allá de lo que esperaba.

—Por acá, Hyouya-Bawang.

La mujer de cabellera roja que los había traído hasta acá, caminó por un camino que llevaba hacia el palacio real que resplandecía casi como el mismo sol. Todos no tuvieron de otra que seguir

—¿De verdad encontraremos algo sobre la garra en este sitio? —Preguntó Perry.

—¿Quién sabe? —cuestionó Seiyua—. Papá confía mucho en los Fenhua a la hora de guardar secretos u objetos. Sin embargo… sinceramente, yo no conocía la existencia de esa garra hasta hace un par de días.

Perry miró con sorpresa a Seiyua, sin saber cómo reaccionar a eso. ¿Era verdad que era tan secreto para Hyouya, que ni siquiera les había dicho a sus hijos? ¿Sería quizá que era algo que preferiría tener en el olvido? Por unos momentos, creyó que realmente, estaban obligando al zorro a revivir algo que no quería, pero, ¿qué más daba? Quien estaba buscando la garra era Khem, su sensei. Y para su sensei, nada era imposible, si tenía que insistirle al zorro que le ayudara, lo acosaría hasta el final.
Las puertas del gran palacio se abrieron de par en par, como si fuera un cuento de fantasía total, todo lo que yacía aquí parecía ser tan irreal, tan majestuoso que parecía sacado de la imaginación de cualquier mente creativa. Como si fuera el mismísimo cielo.
Más allá de las escaleras principales, una mujer de cabellera roja, que terminaba en dorada, estaba parada. Tan hermosa como majestuosa, tenía varias plumas saliendo de su cabellera, que no era más que un adorno, y su mirada, tan dorada como justa, se dirigió hacia los visitantes. Al primero que miró fue a Hyouya, y sonrió tan pronto pronunció:

—Ya-bawang, bienvenido de vuelta.

En total contraste al hermoso panorama del país de los Fenhua, una casa abandonada en un sitio oscuro era lo más llamativo del lugar. La luna entrando tenuemente por entre los agujeros de las paredes derruidas de la que alguna vez fue una sólida edificación. Todo lo demás estaba vacío, y más allá de la casa parecía estar más destruido, como si fuera un lugar completamente en ruinas, como si fuera un mundo sin esperanza.
Una persona miraba la luna brillante en el cielo, tan imponente como intocable para el humano promedio. Con un cigarro en su boca, se lo quitó y expulsó el humo que acumuló en su boca y en sus pulmones. Él le daba la espalda a Okura, el mensajero de la deidad del sol.

—Es mejor que te vayas de aquí, Okura —mencionó el hombre. No se dignó a mirar a Okura en ningún momento, y simplemente observaba la luna mientras volvía a poner su cigarro en sus labios—. No cambiaré mi objetivo así te pongas de rodillas.

—Te lo advertiré una vez más, Claude —Okura sonó tan calmado que daba miedo, sosteniendo fuertemente su báculo, estaba preparado para pelear de ser necesario—. Deja la búsqueda, de lo contrario, te harás de varios enemigos. Incluso Hyouya ahora se encuentra detrás de la garra, acompañado de un misterioso hombre con una magia infinita. Parecida a la de Shiken Dōji-sama.

—Sí, ¿y?

—Todos ellos son fuertes, y lo sabes.

El hombre, Claude, volvió a sacar su cigarrillo de entre los labios, su mirada, tan oscura como penetrante, se dirigió a Okura, quien se erizó. Los rayos de la luna moldearon mejor su figura, y su color, pálido, podía ser visto. Su cabello bicolor, de entre negro y blanco, y sus ojos rojos como si estuvieran inyectados en la sangre carmesí de un viejo enemigo. Su mirada era completamente hostil, como si fuera alguien que hubiera sobrevivido a miles de batallas, saliendo victorioso en cada una de ellas, pero atravesando las dificultades de la misma. Era la mirada de un auténtico asesino.

—No renunciaré a mi sueño —aclaró con una voz firme—. El universo me quitó lo que más ame, por lo que tanto pelee. Lo que quiero ahora es la venganza, destruir a los que me destruyeron.

La garra era capaz de conceder cualquier deseo. Bueno o malo, no era un juez, solo una herramienta. Incluso para destruir, la garra era capaz de ser usada como ese artefacto de destrucción.
Okura por unos momentos, impregnó su mirada en Claude, ambas miradas rojizas chocaron como si fueran enemigos de toda la vida. La mirada determinada de Claude, sin embargo, no pudo ser vencida por la mirada de dolencia de Okura, y éste terminó por cerrar los ojos en un suspiro. Aflojó el agarre de su báculo y se dio media vuelta.

—Sólo por eso —comentó, al momento, comenzó a caminar—. Que decepción.

Y desapareció, dejando solo a Claude, quien poco le importó, y volvió a poner el cigarro entre sus labios, volviendo a contemplar la hermosa luna que en el cielo se asomaba.

En la que cualquiera pensaría, era la misma luna del escenario anterior, no era más que otro mundo distinto, con una luna y un cielo similar. En un lugar que era hermoso, tan hermoso que daba miedo tocarlo, por miedo a corromperlo, por miedo a que esa belleza se acabara. Un hermoso lago reflejaba la luna, y los árboles del alrededor, estaban moviendo sus hojas y ramas como si danzaran con el viento. Allí, en una piedra a las orillas del lado, un hombre de larga cabellera rojiza, casi de un hermoso color vino, miraba la luna en silencio. Con sus ojos carmesíes brillantes, el silencio era su mejor compañía.

Dicen que la garra concede cualquier deseo, que es capaz de hacer cualquier cosa realidad, incluso si es algo que la magia convencional no es capaz de lograr. La garra lo puede todo, solo necesitas pasar por Barnya, pero, teniendo la garra en tus manos, eso no es más que un simple paseo.
El hombre pelirrojo, entonces, se quitó uno de los guantes de sus manos, y extendió su mano hacia la luna. Tan hermosa, tan inmaculada.

—La garra dorada… eh… —murmuró para sí mismo—. ¿No es la que tanto cuidaba tu padre, A-Ya?
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Y bueno, eso sería todo :P me disculpo si está aburrido -3- pero prometo que ya viene lo bueno. Sin más, por ahora, me despido.

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Golden Claw (Capítulo 5) Empty Re: Golden Claw (Capítulo 5)

Mensaje por Kanon Oda el Miér Dic 26, 2018 8:56 pm

No esta abirrido, de hecho me dio rosa, mucha cuando hypuya admitio que estaba perdido jaja xD aah es tan adorable hyouya con las orejas bajas, y seiyua es tan considerado con perry y wolf que tiernos, de poco a poco el amor surguira yo lo se *-* y que onda con el villano?.. realmente quiere destruir todo ? Que motivos tiene para hacer todo eso?...waaa se pone emocionante >w< espero conti!

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