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Golden Claw (Capítulo 2)

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Mensaje por Runalan el Miér Dic 19, 2018 8:15 pm

Capítulo 2
—Las peleas provocadas—


La fiesta infantil ya había quedado atrás. Como los niños eran la mayor fuerza del lugar, terminó temprano, y todos terminaron yendo a sus respectivos hogares. En caso de Seiyua, un hábil espadachín proveniente de la misma ciudad donde ahora vivía, Koyota, su hogar era en la casa de su padre adoptivo, Hyouya, aquel zorro de nueve colas que se adelantó en su travesía hasta su hogar.
En cuanto llegó a su casa, su padre estaba mirando la televisión con las orejas completamente levantadas. Seiyua no necesitó pensar mucho para darse cuenta que estaba viendo una de sus telenovelas, así que solo soltó un suspiro al momento de quitarse las sandalias para entrar. Al hacer ruido, las orejas de su padre se movieron hacia su dirección y como consecuencia, Hyouya giró su cabeza hacia él. No obstante, no dijo nada, algo que extrañó a Seiyua.

—¿Qué me miras? —preguntó.

—¿Y Kura-chan?

Seiyua se quedó en silencio y miró a su alrededor.
En la casa de su hermano Tsuika, Kuranosuke estaba enojado porque había sido olvidado de nuevo. Pero aquí, Seiyua solo cerró los ojos sabiendo que había, de nuevo, olvidando a ese niño que le seguía a todos lados, pero volver ahora por él sería problemático, así que simplemente se lo dejará encargado a su hermano y ya mañana irá por él.
Hyouya se rió.

—Que malo, Seicchan.

—Simplemente no estoy acostumbrado —dijo sin más mientras se dirigía a las habitaciones traseras—. Estaré limpiando mis espadas.

—Bien, bien —Hyouya soltó y dirigió nuevamente su mirada a la televisión. La escena actual era tan intensa que incluso las colas de Hyouya se crisparon haciendo una especie de abanico esponjoso detrás de él.

Las noches en Katari, en el mundo de Worldend eran muy densas y peligrosas. Al ser un mundo en la que los fantasmas, espíritus y monstruos abundaban, uno tenía que ir con mucho cuidado a todos sitios. Seiyua lo sabía más que nadie; nació aquí, vivió aquí y murió aquí. Él, aunque nació como un humano, ahora formaba parte de esos espíritus que conformaban el país, muchos eran así, nacían siendo una cosa y terminaban siendo otra, por eso su historia no resultaba tan descabellada.
Seiyua era un fan de las espadas, desde que era niño. Consigo a la mano, siempre llevaba tres espadas; Kisaragi, su primera espada, y Kotaro y Kazuya. Sin embargo, él tenía una peculiar habilidad de poder invocar mil espadas, ya sean al mismo tiempo, una tras una, o por partes. Suavemente, él se sentó en un cojín en una de las habitaciones que usaba exclusivamente para limpiar sus espadas. La mayoría de las estanterías para armas estaban vacías, pero eso duró poco; una tras otra fueron llenándose de espadas de todo tipo, pequeñas dagas, espadas largas, algunas tan grandes y pesadas del tipo Ōdachi, Tachi, Uchigatana, Wakizashi, Tantō, ellas fueron apareciendo, y Seiyua tomó una de las tantas espadas que aparecieron en la habitación, lentamente la sacó de su funda. Estaba limpia, podía ver el reflejo de sus ojos en el filo de la espada, por lo que la misma no había sido utilizada recientemente.
Un ligero sonido afuera de la habitación, en el exterior, hizo que moviera su mirada hacia la ventana de papel que estaba al lado de él. Las hojas de los arbustos se habían movido suave, pero claramente. Fingir que no escuchó nada sería lo más acertado si quería ahorrarse problemas.
Lamentablemente, Seiyua no era ese tipo de persona.
Sus espadas desaparecieron de golpe, más rápido de lo que tardaron en aparecer, y poco a poco fue apagando la veladora de la habitación, sin hacer ruido y que no se viera violento. El sonido entonces volvió, esta vez más cerca. Era claro, alguien estaba afuera y no iba a permitir que pasara de allí.
La espada que había tomado para poderla limpiar, la agarró fuertemente, incluso sus ya de por sí pálidos nudillos, se tornaron aún más blanco de lo que eran. Controló su respiración y cerró sus ojos, poco a poco, se iba acercando. En quietud, él se quedó, hasta que abrió los ojos de golpe al momento de atravesar la ventana de papel y madera con su espada ya desenfundada. Un grito de agonía se escuchó y otros que se alarmaron. Seiyua retiró la espada ahora ensangrentada y salió de la casa abriendo la ventana.
Una persona tirada yacía ahí, con la sien atravesada de lado a lado por una filosa espada. La espada de Seiyua. Éste, con una inexpresividad que no era de este mundo, miró primero el cadáver, y, como si avisara que serían los siguientes, miró a los demás intrusos; varios hombres de vestimenta oriental, pero parecían una mezcla de monjes con carceleros o guerreros. Seiyua no conocía mucho sobre guerreros o cosas así, pero por el simple hecho de que entraran a su vivienda de tal manera, ya era suficiente motivo para matarlos.

—Tch… ¿no habían aclarado que el zorro se encontraba solo? —cuestionó uno a los demás. Claramente nervioso, pues la muerte de su compañero había sido extremadamente fácil para el espadachín.

¿Zorro?” Pensó Seiyua.
Eso solo significaba que estaban detrás de Hyouya. Así, Seiyua lo decidió al sostener más firmemente su espada, mientras que con su otra mano sacaba a Kisaragi, su espada favorita, decidió que no podía dejar a ninguna de estas personas con vida.

Tan antiguo como grande, así era Katari. El pueblo que más llamaba la atención, no era la capital, Shōkon, sino, una ciudad que estaba escondida entre las montañas; Koyota. El pueblo más tradicional de Katari, el más antiguo y el menos concurrido, aún si era muy visitado por los turistas que querían ver a dicho país en todo su esplendor. Tanto gente de otros países… como de otros mundos.
Perry se deleitaba con la vida de las casas de madera con techos curvos hacia arriba, como tenían picos en las esquinas, como algunas casas tenían puertas de papel y madera e incluso, algunas ni puerta tenían, solo una tela que cubría el hueco por donde pasaba la gente. No le creyó a su Sensei cuando éste dijo que era un mundo interesante, muy similar a la tierra donde vivían, este país se asemejaba mucho a Japón, demasiado. Sin embargo, en Japón no había espíritus o monstruos caminando por las calles como si fuera lo más común, junto a los humanos. En algunos pequeños grupillos de personas, habían, mínimo, algunos humanos y uno que otro Yōkai, ya fuera un fantasma o una persona animal. Incluso en las posadas, gente gato estaba invitando a los demás a entrar. Aún noche, el lugar estaba muy vivo.
Al ver toda la escena y toda la gente merodeando, algunos borrachos cantando mientras caminaban, y otros jóvenes ligando, Wolf se cubrió con su capucha, caminando por detrás de Perry.

—Este lugar está muy lleno —murmuró Wolf—. ¿No podemos regresar a casa?

—Aunque me gustaría, no podemos —dijo Perry con cierta derrota—. Sabes que el Sensei no nos dejaría en paz si no damos con el paradero del zorro de nueve colas.

—Pero… este lugar… me da miedo, la gente está muy activa —volvió a murmurar el menor—. Y hacen mucho ruido…

—Sólo se están divirtiendo, si mira, hasta nos están pasando de largo.

Y era verdad. Gente con cuernos no era rara en este lugar, si había hasta gigantes de 5 metros rondando cerca, o gente monstruo caminando como si nada. Desde luego aquí había variedad de todo tipo. Perry no quiso decir nada para evitar asustar a su pequeño hermano, pero incluso pareció que vio algún tipo de carruaje en llamas y con una cara surcando el cielo. Tener cuernos era poca cosa a comparación de lo que rondaba este lugar.
Ellos caminaron entonces, tenían la tarea encomendada de encontrar un zorro de nueve colas. Y Khem creyó que, un mundo en donde los Yōkai abundan, podría ser un potencial lugar donde encontrarlo. Mientras él mandó a sus hijos a Worldend, él buscaba en otros mundos con igual o más posibilidad de encontrar a un zorro de nueve colas.
Sabiendo que, sería difícil dar con su paradero sin saber nada de este mundo, Perry dio por hecho que sería más fácil preguntar. Tomando a Wolf de la mano, evitando que fuera a perderse o terminara asustándose y quedándose atrás, Perry se acercó a una joven gato que estaba repartiendo volantes de su taberna al igual que invitaba a entrar.

—¡Ah, joven, siéntase libre de entrar a la taberna de Nekomiaumiau! —exclamó ella al momento de entregar un volante a Perry, quien le echó un vistazo rápido—. ¡Todo tipo de Yōkai o humano es bienvenido!

Wolf, en silencio, miró el gran letrero escrito en un básico japonés: “Nekomiaumiau”, no entendió mucho porque el nombre, a menos que todos los que trabajaran ahí fueran gatos. No quiso darle mucha vuelta al asunto. Por otro lado, Perry, simplemente sonrió débilmente y agradeció, para después preguntar más tranquilamente sobre su razón para estar aquí.

—Estamos buscando a un zorro.

—¿Zorro? —la mujer gato movió sus orejas con curiosidad—. Bueno, si buscas un kitsune, hay un restaurante de ellos no muy lejos de aquí. Todo derecho dando vuelta a la izquierda.

—Ah, está bien.

Si habían Kitsune, entonces cabía la posibilidad de que ese zorro estuviera ahí. Despidiéndose cordialmente, Perry tomó nuevamente a Wolf de la mano y caminó a la dirección que la Nekomata indicó.
Allá, no muy lejos, había, tal y como dijo, un restaurante que tenía una pinta curiosa. Había zorros que parecían ser comunes, pero que caminaban a dos patas, moviéndose de un lado a otro, se podía ver a través de las ventanas. Ambos hermanos entonces, se aproximaron a ver, con una gran curiosidad. Perry no iba a negar que ver a los zorros caminar en dos patas mientras que con las otras dos llevaban bandejas o más cosas, era en cierto modo gracioso. Se veían tan pequeños y esponjosos, pero entendió que no eran zorros comunes, sino Kitsunes.
Una persona entonces, se acercó al par de hermanos. Era una persona de cabellera castaña clara, casi como si fuera naranja. Tenía orejas de zorro y una cola saliendo por detrás. Sus patas, también, eran las de un zorro, pero todo lo demás parecía ser humano. Al verlo, entendieron que era otro Kitsune, pero este tenía forma más humana, pensando que, quizá, era algún tipo de superior de los demás, y el hecho de que cambiara de forma era para acentuarlo. Él entonces sonrió.

—¿Necesitan algo, jóvenes? —preguntó tranquilamente—. Tenemos mesas disponibles si lo que desean es pasar a comer algo.

—Ah… gracias, pero en realidad solo venimos a preguntar algunas cosas —Perry contestó, se revolvió un poco su cabello al sonreír tímidamente.

El zorro entonces movió sus orejas.

—Oh, ¿de verdad? —preguntó—. Bien, entonces siéntase libre de preguntar.

—Verá… querríamos saber si no hay algún zorro de nueve colas por aquí o alguna pista donde poderlo encontrar.

—Zorro de nueve colas, dice… —el zorro pasó juguetonamente una mano por su boca—. Los zorros de nueve colas solo son leyendas, joven.

—Bueno, eso… lo he escuchado seguido, pero…

—Sin embargo, hay uno.

Tanto Wolf como Perry se crisparon y se pusieron atentos, dando oportunidad al zorro de seguir.

—Cerca de la montaña Akushima, por la dirección al noreste de Koyota. Al pie de la montaña hay un templo, únicamente necesita subir las 300 escaleras. Entonces, allá, vive un zorro de nueve colas. Todos le llaman “Hyouya”, más, sin embargo, ¿quién sabe si será su verdadero nombre?

En la montaña Akushima, con dirección al noreste. Intentando guiarse un poco, Perry miró a todos lados, pero antes de que siquiera diera con la diferencia entre norte y sur, su mirada se posó en una gran montaña que estaba peligrosamente cerca del pueblo. De hecho, el pueblo de Koyota estaba rodeado de montañas, pero esta montaña llamaba la atención. Múltiples luces espirituales podían verse tenuemente alrededor de la misma. Dio por hecho que esa sería Akushima.

—Sin embargo, no le recomendaría molestarlo —continuó el zorro, llamando nuevamente la atención de Perry—. Es alguien que únicamente ha sembrado el caos. Parece que se cansó de hacerlo, así que simplemente duerme en ese sitio. Pero en caso de ser molestado… bueno, entonces te convertirás en su cena.

Si tenía que pelear con ese zorro, entonces tendría que pelear. Era solo un zorro, ¿no? Perry suspiró.

—Muchas gracias por la información.

—Que le vaya bien.

Perry se volvió a despedir, y tomó nuevamente a Wolf de la mano. Esta vez, sin embargo, Wolf forcejeó un poco.

—Perry-nii, ¿realmente tenemos que ir? —preguntó—. Dijo que podíamos ser la cena de ese zorro, me da miedo que sea verdad.

—Vamos Wolf, no hay nada que temer, es solo un zorro —sonrió Perry—. Además, estaré yo para cuidarte.

—Pero…

—Daría más miedo que el sensei se molestara con nosotros, ¿no crees?

Y era verdad. Si no se enfrentaban al zorro, entonces tendrían que enfrentarse al sensei, y Wolf no pudo decidir cuál de esas dos cosas daba más miedo. Así, simplemente tragó saliva y caminó un poco, siguiéndole el paso a su hermano mayor.
Caminaron por el pueblo, poco a poco las luces del mismo se fueron apagando conforme se fueron acercando a la montaña Akushima, la cual era realmente llamativa, con aquellas almas rondándole como si fueran polillas rondando la luz. Y tal y como dijo el zorro, había 300 escaleras con un arco rojo por encima, el famoso Torii.
Perry suspiró.

—Prepárate, Wolf.

Wolf únicamente asintió, y comenzaron a subir las escaleras con total tranquilidad. Las luces del pueblo se veían cada vez más lejanas, pero no lo suficiente como para decir que no se podría volver. En cambio, las luces de las almas eran en realidad más y más cercanas. Conforme se fueron acercando, se percataron que en realidad no eran almas, sino llamas azules que iban de un lado a otro sin un rumbo.
Los zorros, pueden crear algo que se llama como “Kitsunebi” o “Fuego de zorro”, que no son más que pequeñas esferas de fuego que iluminan la oscuridad. Así, Perry dio por hecho de que quizá la sola existencia de ese zorro en el lugar, creaba aquellas esferas de fuego zorruno, ya fuera para espantar a los transeúntes o para atraer más. Realmente no querían dar con una explicación clara.
Quedaron atentos viendo aquellas esferas de fuego flotar, pues eran realmente llamativas. Pero, lo que terminó haciéndoles salir de ese pequeño entretenimiento, fue un pequeño grito ahogado que se escuchó arriba en el templo. Wolf tembló y quiso regresar abajo, pero cuando vio a Perry correr hacia arriba con más velocidad, él no tuvo de otra más que seguirle.
Preparando su gran espada, en caso de que tuviera que entrar en una pelea rápida, al llegar a la cima de las escaleras, lo primero que vio fueron cadáveres tirados al azar, manchas de sangre y restos humanos tirados lejos de los cuerpos. Wolf se escondió detrás de su hermano al ver la escena, sosteniéndole fuertemente. Y Perry, únicamente miró la figura con dos espadas en sus manos, en medio de la carnicería.
_______________________________________

Y eso sería todo por hoy -w- lamento si tarde un poco en publicarlo, no había tenido tiempo en la tarde, pero ya me di una chancita. También me disculpo si parece aburrido, ¡apenas va comenzando todo y espero que sea muy entretenido! owó Sin más por ahora, me despido.

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Golden Claw (Capítulo 2) Empty Re: Golden Claw (Capítulo 2)

Mensaje por Kanon Oda el Miér Dic 19, 2018 9:25 pm

Esta increible... que genial perry sufrira amor a primera vista xD por otro lado se lo merecian por andar de meches en casita de hyouya... quien los manda aperturvarlps.. pobre wolf si debio asustarse como nunca.. a un que eso siempre se asusta xD.. y lo cierto es que si .. que khem enojado es de temer 7o7u... tambien como siempre hyouya mirando telenovelas intemsas que lo ponen a pensar en que quiere un rodrigo jaja.. pero lo mas triste fue que seiyua olvido a kura.. porque seiyua? Pobre kuranosuke.. sin pedirlo tendra pijamada con sus primos!!!! Me encanta tu fic esta genial e interesante esperare la conti ansiosa !! Bye

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