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Golden Claw (Capítulo 1)

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Golden Claw (Capítulo 1) Empty Golden Claw (Capítulo 1)

Mensaje por Runalan el Lun Dic 17, 2018 3:29 pm

Capítulo 1
—La aparición de un antiguo misterio—


Numerosas leyendas son las que dan forma a la existencia de múltiples mundos, culturas y tradiciones. Como si éstas fueran algo verídico, la gente decide creer, incluso si algunas historias son tan fantasiosas que no parecen tener lógica alguna. En algunos lugares, dichas historias fantasiosas son el pan de cada día, ¿así que por qué no creer que podría ser algo verídico?
Entre esas múltiples historias, se encuentra una en particular que lleva siglos… no, eones existiendo. Sobre un viejo artefacto similar a una garra, de un color dorado puro. Con cuatro dedos, dicha garra tiene un grabado misterioso; cuatro figuras de 4 dioses cardinales; Suzaku, Seiryu, Byakko, Gembu, los cuales se dice, te pondrán una prueba para poder entrar a Barnya, un olvidado y misterioso mundo del que no se tiene ningún registro. Entonces, una vez dentro, un deseo podría serte concedido. El que sea, no importa si es algo que trascienda límites, espacio, tiempo, realidad. Sea lo que sea que desees se te cumplirá. Claro, eso es lo que dicen las leyendas, y como tal, a veces son modificadas. Algunos dicen que Barnya es un castillo flotante en medio de la nada, en un lugar espectral y con profunda tiniebla. Otros dicen que lo que se te dará dentro de dicho lugar no es un deseo, sino una habilidad con el suficiente poder de destruir un mundo en un milisegundo. Sin embargo, ¿qué es la realidad aquí?
Sentado en una pequeña silla junto a una mesita donde había un pequeño florero con un único girasol, había una persona alta. De cabellera clara, piel pálida y ojos claros, brillantes. Junto al florero con el girasol, había una taza de té a medio tomar, de un estilo occidental hermoso, de porcelana blanca con acabados rosados. La persona, de cabellera clara, en sí, vestía de una manera occidental mezclada con oriental, pero lo que resaltaba de él, era su cabello claro totalmente despeinado, aún si intentaba calmar esto con una vaga coleta que llegaba hasta sus rodillas, en realidad, el cabello simplemente parecía alborotado. De alguna manera, eso le hacía ver bien.
Él estaba en lo que parecía ser un campo de flores amarillas, quizá girasoles, quizá algún otro tipo de flor o pasto que daba la sensación de estar en un lugar cálido, luego, si los veías más de cerca, te dabas cuenta que en realidad no era más que un simple campo de trigo. Y como tal, el sol brillaba con intensidad, pero el hombre no parecía verse molestado. Leyendo un libro, él estaba en soledad bajo ese cielo celeste carente de nubes. No parecía prestar atención a nada más, hasta que alguien apareció detrás de él. La persona que apareció tenía un color de cabello completamente negro y sus ojos eran de un color rojizo Él si usaba prendas orientales, y un sombrero de paja para cubrirse del sol candente del lugar. También llevaba un báculo consigo. La persona más alta de cabellera despeinada se percató de su presencia, así, solamente bajó un poco el libro y desvió su mirada hacia el intruso.

—¿Sucede algo? —preguntó—. Que aparezcas de esta manera…

—Nuevamente, ha dado señales —indicó el intruso de cabellera negra—. En esta ocasión incluso se han matado por ella, más sin embargo, sigo sin encontrar su paradero.

Como si fuera la poca cosa, el más alto bebió algo de té sin prestar mucha atención a lo que el intruso contaba.

—Si esto sigue así, Asahi-sama…

Asahi entonces dejó de nuevo la taza de té en la mesita, a la vez que dejaba el libro también allí. Él entonces, se levantó de la silla y miró el cielo claro y brillante, gracias al sol que resplandecía en la nada. Luego, su mirada se posó en el girasol único que estaba en el florero, como si fuera la cosa que más cuidaba en el mundo, estaba en un jarrón de hermoso color con suficiente agua y con todo el cuidado que necesitara.

—Algo que cree para que pudiera encontrar la felicidad, al final se salió completamente de control —comentó Asahi. Suavemente, tocó el girasol con la mano, de igual manera, como si fuera lo más delicado del mundo—. Sólo él puede decidir el destino de dicha cosa.

—¿Qué planea hacer entonces? —preguntó el pelinegro.

Asahi no dijo nada y se mantuvo mirando el girasol. Él mismo pensaba, ¿qué haría? ¿Cómo solucionaría este problema sin tener que verse inmerso en el problema? Sinceramente, no quiere problemas. Pero…

—Okura —llamó Asahi. El otro hombre se puso firme—. Quiero que busques a las personas indicadas para que busquen dicha garra. Sólo él sabrá qué hacer con ella. Haga lo que haga, fue hecha para él, así, que cualquier cosa en la que termine estará bien.

—¿Quiere que lo busque entonces?

—Si es posible…

Okura cerró los ojos por unos instantes.

—Entendido.

Y sin decir nada más, desapareció, dejando atrás a la deidad de la luz en completa soledad. Asahi alzó la vista al cielo, mirando al sol directamente. Luego, como si recordara de nuevo la existencia de aquel solitario girasol, bajó su mirada para apreciarlo. Volvió a acariciar uno de sus pétalos, mientras murmuraba algo que solo él pudo escuchar en la soledad de este mundo.
En otro lugar, completamente distinto al anterior, las cosas eran complicadas para ser un mundo que parecía completamente normal. En una mansión no muy lejos de la civilización, varias personas habían allanado sus alrededores para atacar dicho lugar. No obstante, no pensarían que serían interceptados rápidamente, antes de que pudieran siquiera planear una estrategia. Todos y cada uno de ellos fueron abatidos únicamente por dos personas, un castaño que tenía cuernos en su cabeza, y otro de cabello púrpura que se cubría con una capucha.
El castaño, principalmente, era quien se estaba deshaciendo de todos. Bajo su pie estaba una persona aún con vida, pero según en la mente del castaño, no sería por mucho tiempo. Preparó su espada y apuntó a su cráneo, decidido a dar el golpe de gracia, mas sin embargo, antes de que atravesara la cabeza del hombre, fue interrumpido.

—Detente.

A unos cuantos centímetros del hombre tembloroso por su vida, el chico se detuvo con un gesto de desdén. Entonces, alzó la mirada hacia el intruso. Un hombre de cabello negro alborotado y unos brillantes ojos azules. Si bien tenía un semblante sereno, él en realidad parecía ser alguien de poca convivencia social.
El castaño emitió un gruñido que nunca se veía capaz de soltar involuntariamente. Y aunque alejó la espada de la cabeza del hombre, no quitó su pie de encima para evitar que saliera corriendo. El pelinegro, entonces, caminó lentamente hasta quedar enfrente del hombre cautivo.

—¿Eres uno de esos mismos que está buscando la…? Uhm… ¿cómo se llamaba? —repasó entre sus pensamientos—. Garra Dorada.

El hombre tragó saliva.

—¡¿Es usted quien la tiene?! —reclamó el cautivo.

—Si la tuviera no la tendría aquí, en primer lugar —aclaró secamente—. Seguramente la tendría en algún lugar estudiándola. ¿Para qué funciona? ¿Por qué es tan deseada? ¿Quién la creó y para qué? Aunque, a puesto que tú al igual que todos la buscan por sus rumores.

El hombre no dijo nada, quien respondió en su lugar fue el castaño.

—¿Qué tanto planeas? —reclamó—. Si lo vas a interrogar hazlo ya y deja de perder tiempo.

—Calma, calma, Perry —el hombre se burló débilmente—. Como siempre tan impaciente. Y bien… ¿Sabes algo de esa garra?

El hombre negó con la cabeza violentamente, al saber que se dirigía a él.

—¡No sé nada! —exclamó como si le costara la vida en ello, que, de hecho, era la verdad—. ¡Sólo sé que está en un lugar donde la magia abunda!

—Sin embargo, aquí no hay nada de magia —aclaró el hombre pelinegro. Entrecerró los ojos, cuando dio con una respuesta obvia.

Cierto. En este mundo no había magia, pero, él era un ser de magia. Eso aclaraba el asunto de porque siempre venían pensando que podía tener la garra consigo, cuando en realidad, solo se sentía curioso por ella. Era problemático. Eso quiere decir que incluso en un mundo donde no hay magia, se vería perseguido por los idiotas que buscaban la garra para obtener un absurdo deseo.

—Repetiré… ¿Sabes algo más de esa garra?

El hombre volvió a tragar saliva y bajó la mirada al pavimento. Repasó rápidamente en su mente, como si buscara el archivo de la garra, toda la información para poderla soltar, quizá, así, se le perdonaría la vida. Entonces, cuando encontró lo que quería, miró al pelinegro con velocidad.

—¡Un zorro! —exclamó.

—¿Zorro? —repitió el pelinegro.

—¿Qué tiene que ver un zorro con esto? —preguntó Perry. Desconcertado, miró al hombre.

—E-Escuché que un zorro se veía envuelto en esto —afirmó el hombre—. D-Dicen que él sabe el paradero de la garra. ¡Un zorro, un zorro de nueve colas!

La mente de Khem, el hombre de cabellera negra, se crispó al escuchar eso “zorro de nueve colas”. No era algo común. Ha visto numerosos zorros, de 2, 3, 4, 5 colas, pero un zorro de nueve colas era algo de leyenda. Si lo encontraba, podía saber si es verdad que él sabe sobre el paradero de dicha garra, y a su vez, podría obtener algo de ese zorro. Su mente dio con esa idea a la velocidad de la luz, y no pudo evitar curvar un poco sus labios, de una manera casi imperceptible. Perry fue capaz de notar esa emoción.

—Un zorro de nueve colas que sabe sobre la garra dorada —murmuró Khem—. No es algo común de ver… Ah, gracias por la información, de todas maneras. Ya puedes matarlo si quieres.

—¡¿Q-Qué—?!

No terminó de hablar cuando Perry atravesó su cabeza con la espada. ¡Como había esperado por esto! Su hermano menor, Wolf, que solo había mirado la escena, se escondió con su capucha, temblando ligeramente.

—Ey, Wolf, que ya todo está bien —insistió Perry con una débil sonrisa.

—Esto de la garra… da miedo, solo trae problemas —murmuró Wolf.

—Y te dará más miedo ahora —Khem interrumpió a su hijastro. Perry solo le miró con molestia, pero con calma a la vez—. La garra es peligrosa, si cae en manos equivocadas, podría arruinarlo todo.

—¿Ah? ¿Cómo así? —cuestionó Perry. Clavó su espada en el suelo al momento de cruzarse de brazos—. Es solo una tonta garra, no creo que represente un verdadero problema.

Khem entonces le miró con completa calma.

—Es una garra que puede abrir un lugar misterioso, donde se dice, puede conceder el deseo de cualquiera, así sea benevolente como destructivo —aclaró—. Imagina que alguien resentido la obtiene, ¿qué pediría a una fuerza omnipotente?

Perry repasó en su mente, mientras que Wolf seguía jalando su capucha. Pero Perry fue el primero en percatarse. Era verdad, si no había límites para un deseo, la posibilidad era infinita. Si alguien pedía ser indestructible, no habría manera de vencerlo. Si alguien pedía destruir el universo solo porque sí, ¡todo estaría acabado! Realmente detestaba admitirlo, pero su sensei tenía razón.

—Entonces… me pedirás que la busque, ¿verdad? —preguntó Perry. Ni siquiera supo porque preguntó si ya sabía la respuesta.

—Corrección —interrumpió—. La buscaremos.

—¿Y-Yo también? —Wolf subió un poco su capucha para ver a su sensei, quien solo asintió, al no poderse negar, Wolf bajó su mirada—. U-Uhm…

Perry solo suspiró, sabiendo que intentar resistirse era inútil. Sin embargo, si esto continuaba así, sería un problema. Venían gentes de otros mundos en busca de la garra, cuando en realidad, aquí no había nada de eso más que un loco con sus experimentos. Si esto continuaba así, la gente del mundo terminaría por darse cuenta, y quien sabe que sucedería. Sólo miró a su sensei, él rara vez se metía en situaciones que fueran por obras de rumores, pero en esta ocasión, parecía realmente interesado, tanto que incluso se había dignado a salir de su laboratorio y, no solo eso, estaba dispuesto a buscar esa garra por sí mismo. Entonces, Perry ya solo pudo pensar, ¿quién sería ese desdichado zorro que ahora está en la mira de su sensei?
En otro mundo completamente distinto a la tierra, donde la magia era habitual y los seres sobrenaturales vivían en armonía con los humanos, un festejo se llevaba a cabo en un lugar que era nada más que un templo al estilo tradicional japonés. Había muchas personas ahí; humanos, demonios, personas pájaro, fantasmas, gatos, perros y, lo que más llamaba la atención, un zorro de nueve colas. Este día era especial porque el pequeño niño de la casa cumplía sus primeros 5 años, y, por lo tanto, todos quisieron festejar ese día. Especialmente, su padre, un joven albino de procedencia desconocida.
Con mucha gente a su alrededor, el niño estaba más que feliz, y se ponía a jugar con los demás niños del lugar; Menreiki, Kuranosuke, Hatsuharu, Kaguya… el niño de la casa, Sagiri, era más que feliz.
Así, el joven albino se recargó en el sofá, donde estaba sentado otro hombre de cabello negro, de una estatura muy superior a la de los demás, él simplemente bebía chocolate de una taza japonesa.

—Realmente están con mucha energía hoy —dijo el albino—. No creía que aparecería mucha gente.

—Ni yo —dijo el otro—. No es como si me agradara, sin embargo…

—Se ve feliz, ¿verdad?

Entonces el otro no dijo nada. El silencio perduró, más no era incómodo. Era normal, pues tenían siglos de conocerse y, además, eran una pareja que tenía dos hijos, uno adoptado y otro propio. ¿Cómo dos hombres podían tener un hijo? ¡Magia!
El zorro, de porte elegante, se les acercó. De cabello castaño, largo y bien cuidado, con ojos dorados que brillaban constantemente como si fueran un par de ámbar debajo de unas llamativas marcas rojizas que cubrían sus parpados y su frente. Pero, lo más llamativo de él, aparte de sus orejas de zorro, eran sus nueve colas, tan voluminosas como esponjosas y hermosas, se movían al igual que sus orejas, de una forma natural e involuntaria, con cada sonido y cada gesto del zorro. Era, simplemente, majestuoso.

—Tsuika, Enmei, me tengo que retirar ya —afirmó el zorro, su nombre era Hyouya, el conocido como legendario zorro de nueve colas—. Aún tengo algunas cosas que hacer.

—Ah… está bien, papá —Tsuika dijo débilmente, levantándose del sillón—. Gracias por haber venido y haber soportado a Inugami o a Akaden.

Inugami, era un perro guerrero, Akaden, era un lobo musculoso que le gustaba la bebida. Ambos eran caninos y, si bien, un zorro pertenece a la familia de los cánidos, Hyouya en realidad los odiaba con toda su alma, teniéndoles un profundo miedo que no se veía capaz de superar. Hyouya entonces suspiró.

—Está bien, al menos esos chuchos no se atreven a acercarse a mí, lo bueno de ser alguien temido, ¿no ~?

Tsuika sonrió débilmente y asintió.

—Sí, supongo que sí.

Hyouya no se quiso demorar más, se despido y salió del templo que había sido tomado como una casa. Saliendo por el torii que adornaba la entrada, bajó las 200 escaleras en completo silencio, únicamente, con la compañía del viento que movía su cabello y su kimono de una manera suave y casi melódica, como si danzara en un son inaudible.
Entonces, Hyouya se detuvo, casi llegando al final de las escaleras para caminar ahora hacia su propia casa, donde tenía la intención de seguir escribiendo su novela en paz, aprovechando que todos estaban en la fiesta. Miró hacia atrás, donde el hombre de cabello negro y ojos rojos, que llevaba consigo un báculo estaba parado, mirándole fijamente.

—Okura, tiempo sin verte —se burló Hyouya—. ¿Vienes por lo que te debo? Lo siento, no tengo dinero, te lo doy el próximo mes~.

Quiso pasar de largo y seguir su camino, bajando un par de escalones más, pero la voz del hombre le llamó la atención e hizo que se detuviera inmediatamente.

—La garra de oro está haciendo aparición de nuevo.

Hyouya movió sus orejas y volteó a verle. Okura prosiguió:

—La garra nació en Shuìlián, el mismo mundo en el que tú naciste —comentó Okura—. Por eso es que tú eres necesario para esto. Tu padre fue guardián de la garra.

—Que mi padre haya cuidado esa cosa, no significa que yo sepa dónde está —aclaró Hyouya ahora—. No quiero verme envuelto en esa estúpida garra de nuevo. Gracias.

Movió sus colas con molestia, como si estuviera molesto y bajó las escaleras, ignorando completamente a Okura. Este, solo acomodó su sombrero de paja sin decir nada más, ni insistir, ni rogar. Solamente se mantuvo mirando al zorro alejarse. De alguna manera, sabía que tarde o temprano, lo quiera o no, ese zorro se vería envuelto en el problema. Todos lo terminarían, claramente. Pero él, simplemente, no podría deshacerse de esa carga nunca.
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Y.... eso sería todo por hoy :P es solo el comienzo, así que realmente no empecé muy fuerte. Pero planeo que haya todo tipo de situaciones -w- Eso es todo, sin más, me despido.

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Golden Claw (Capítulo 1) Firmaw11
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Golden Claw (Capítulo 1) Empty Re: Golden Claw (Capítulo 1)

Mensaje por Kanon Oda el Lun Dic 17, 2018 6:23 pm

Waaaa esta inceible el primer capitulo, explica algo de la garra y los problemas que causa, y quiera o no hyouya se vera involucrado con ese objeto.. waa incluso se menciona a su padre de el y tan pronto sensei se anda interesando en ese zorrito 7w7 grrr... ya se va a poner a buscarlo digo va a buscar la garra... y perry que tremenda fuerza como se esperaba de un demonio y wolf tan.. wolf *-* te quedo perfecto y me conmovio con la fiesta del pequeño sagiri el niño mas adorable .. cumplio cinco años que tierno... como siempre Enmei mostrando desagrado a la socializar, waaa me facino esperare conti muy ansiosa bye

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