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With You (Capítulo 9)

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With You (Capítulo 9)

Mensaje por Runalan el Jue Nov 22, 2018 7:59 pm

Capítulo 9
—Realidades—


“Kanon tiene un novio”, “Estaban saliendo, ¡les tomaron fotos!”. Entre todo esto y más era lo que estaba en boca de todos los jóvenes que estaban a la actualizados en los temas de moda. Entre ellos estaban los compañeros de Tsuikasuigetsu. Él, no suele usar el teléfono celular, aun si últimamente lo usa para hablar con Enmei, por lo tanto, no se hubiera percatado de lo ocurrido con Kanon de no ser porque sus compañeros de clases hablaban del tema como si fuera algo de real interés. En parte, eso le molestó a Tsuika, ¿es qué alguien como Kanon no podía tener su privacidad? Se preguntó después de enterarse de media vida sentimental de ella sin venir de su boca, sino, de sus mismísimos fans.
Sin embargo, eso no es lo que más le preocupaba. Entre todos, quien más se había percatado de un pequeño detalle, era él mismo, de que Jafar sentía algo más que amistad por Kanon. Independientemente de la diferencia de edad o la diferencia social, pues Jafar era solo un dependiente de cafetería mientras que Kanon era una idol reconocida nacionalmente y, posiblemente, en el futuro internacionalmente, él se llevaba bien con ella, se desenvolvía fácilmente. Tsuika lo había notado con tan solo verlos convivir un par de veces en plena estadía. ¿Cómo es que Kanon no se daba cuenta? Pero, con este tema de que Kanon ahora tenía un novio, lo primero en la mente de Tsuika fue Jafar y como se sentiría.
Por eso, cuando entró a la cafetería, fue directo con él. Tsuika se sorprendió brevemente al verlo preparar un café Moka con tranquilidad. Realmente no parecía afligido, se veía… normal. Tsuika se desconcertó:

—¿Jafar? —preguntó.

Su compañero dio un breve sobresalto y volteó a verlo. Sonrió ampliamente:

—Ah, Tsuika. Llegaste temprano.

—¿Está… todo bien? —preguntó. Jafar le miró confundido.

—Sí, todo está bien. ¿Por qué lo preguntas?

Tsuika frunció el ceño con molestia entremezclado con incredulidad. ¡Jafar sabía a lo que se refería, pero estaba haciendo como si nada pasara! Eventualmente, suspiró. Se recargó en la pared mientras se cruzaba los brazos. Luego, con determinación, miró a su compañero pecoso.

—Sabes a lo que me refiero, Jafar —dijo, en un semblante más serio, según acorde al momento—. Sé perfectamente… que gustas de Kanon.

Jafar inmediatamente dejó de preparar el café y se quedó en silencio, totalmente quieto como si estuviera congelado. No miró a Tsuika, sino en su defecto, su mirada estaba impregnada en el café entre sus manos.
Luego de meditar unos instantes que para Tsuika parecieron eternos, volteó a verlo y contestó con una inusual suavidad que parecía más resignación.

—¿Y?

—¡Jafar! —Tsuika se alejó de la pared de un sobresalto—. Lo de Kanon, ¿no te afecta?

—Claro. Sin embargo, ¿qué puedo hacer? —cuestionó, sin voltearle a ver—. Ella y yo estamos en escalas muy diferentes, no tiene sentido preocuparme cuando sé que realmente nunca sucederá nada.

—¿Cómo puedes estar tan seguro de que no sucederá nada? —cuestionó ahora Tsuika.

—Porque ya lo dije, somos muy diferentes, ella es famosa, queda mejor con alguien de su nivel.

—¡No digas esas tonterías! —Tsuika reclamó. Jafar le miró con una débil sorpresa por su obstinación y su alzamiento en su voz—. Si realmente te gusta alguien, eso no importaría.

Jafar, por unos breves instantes, no dijo nada. Meditó un poco por esas palabras, pero lamentablemente, no llegó a una buena conclusión y solo cerró los ojos para soltar un casi nulo suspiro.

—No te preocupes, Tsuika. No dejaré que esto me afecte.

Sin decir nada más, Jafar terminó de preparar el café en un abrir y cerrar de ojos y salió de la cocina, pasando por un lado de su compañero. Tsuika volteó a verlo, como salió de la sala, para luego repasar lo sucedido: Jafar se rindió con su amor hacia Kanon. ¿Sólo porque ella era famosa?
Entonces, ¿Él también debería renunciar a Enmei?
En un restaurante, Perry estaba mirando su teléfono celular, esos mismos chismes que a todos tenían locos. Sin embargo, Perry sabía que no eran más que falsedades que se estaban desarrollando entre persona y persona, medios y medios, algo común en su vida. Era extremadamente peligroso salir con gente al azar, y más en lugares concurridos.
Por eso él estaba en este restaurante poco conocido y transitado esperando a Seiyua.
Hoy en la mañana hablaron, y quedaron de verse nuevamente, en este restaurante donde no se llamaría la atención en lo absoluto. Perry, intentando ser lo más puntual posible para dar una buena impresión, llegó antes de la hora acordada, por lo que ahora estaba aburrido sin nada que hacer, mirando el reloj una y otra vez rezando para que los minutos que parecían eternos, pasaran como su fueran segundos. Pero el tiempo no era bondadoso y dichos momentos fueron realmente tardíos.
Poco a poco la hora acordada: 2:00 PM llegó. Apenas el minuto 59 pasó a 00 cuando la puerta del restaurante se abrió y Seiyua entró. Con su habitual rostro inexpresivo mirando a todos lados, él estaba, Perry rió débilmente al verlo.
Levantó una mano, llamándole.

—Ey, aquí.

Seiyua volteó a verle rápidamente, y sin decir nada, fue con él.

—Sí que fuiste muy puntual —Perry sonrió al decir.

—Me gusta llegar a tiempo —contestó tranquilamente el joven espadachín—. ¿Tú tienes mucho esperando?

Perry sonrió tímidamente, una gotita de sudor recorrió su frente. ¿Cómo decirlo? Llevaba esperando aquí quizá una hora, todo porque se obsesionó con llegar temprano y no midió el tiempo. ¿No sonaría desesperado?

—Algo así, no mucho —contestó con una clara mentira—. En fin, en fin, me alegra que hayas aceptado venir, creía que estarías ocupado o algo.

—Cerré el Dojo temprano, y no hay nadie en casa —contestó Seiyua—. Papá y Tsuicchan están trabajando, así que tenía la tarde libre. Sin embargo… ¿por qué te dio por invitarme?

—Ah… eso… —Perry se rascó la nuca débilmente, mirando hacia otro lado mientras se recargaba en la silla—. Simplemente me dio por invitarte, nada especial. Ya que nos ayudaste mucho tiempo…

Claramente, él no lo iba a decir, que, de alguna manera que no se explicaba, le echaba de menos. Que su ausencia en los sets de grabación se hacía notar exageradamente, y aun cuando veía a los demás actuando como si nada, a Perry le pesaba. Dio una larga travesía para darse cuenta si era la ausencia de su hermana, o la de Seiyua mismo.
Eventualmente dio por hecho de que extrañaba la inexpresividad de Seiyua.
¿Por qué? Esa es la pregunta cuya respuesta, Perry quiere descubrir. Seiyua no era alguien expresivo o de muchas palabras, todo lo contrario, a él, que era sonriente y conversador. Eran como agua y aceite, ¿entonces por qué extrañaría a alguien que ni siquiera era su amigo?
Si Kanon estuviera aquí, seguramente diría: “amor”. Pero eso suena absurdo, ¿verdad?
“Amor”, era la palabra que Kanon siempre usaba para describir una bonita relación entre dos personas, incluso si no era en lo absoluto amor. Sin embargo, ahora, ella estaba negando ese hecho.
Estaba tirada en su cama, en su habitación. Con la cara hundida en su almohada, preguntándose, ¿qué hizo mal? ¿Sólo por salir con un amigo ya todos se inventan rumores de ti? Kanon amaba a sus fans, ¡cantaba exclusivamente para ellos y nadie más! Sin ellos, ella no sería lo que es ahora, por eso, les debía mucho. Sin embargo, odiaba, odiaba con toda su alma cuando se ponían a inventar tonterías como esta. Ahora, por ese motivo, no se ve capaz de hablar o ver a su amigo a la cara. Realmente él no era alguien importante, únicamente un conocido con el que fue a pasear un poco para rememorar algunos trabajos en los que habían hecho colaboración. ¡Sólo eso! ¡Ni siquiera gustaba de él y seguramente, él tampoco gustaba de ella! Pero ahora, todos sus fans creen que es su novio.
Emitió un pesado quejido y se rodó en la cama. Quedando boca arriba y mirando el techo con desgano. Posando una mano en su frente, ella siguió meditando con los ojos cansados. Lo primero que vio en la mañana es que ya estaba en una relación y no lo sabía.
De repente, su teléfono vibró. Primero, lo fulminó con su desganada mirada, como si quisiera hacerlo parar. Ella no tenía poderes psíquicos o algo similar, por lo que suspiró con resignación y lo tomó, contestando.

—¿Hola?

—¡Ey, Kanon! —Era Sinbad quien hablaba. Kanon se sorprendió.

—¿Sinbad? ¿Qué sucede? —ella se sentó en la cama, más relajada—. Es raro que me hables así.

—Esas veces, esas veces —comentó burlonamente—. Ey, no te vayas a molestar, solo quería asegurarme si es verdad lo que dicen en las redes.

—¡No, no es verdad! —la gota colmó el vaso y ella alzó la voz abruptamente—. ¡Él no es mi novio, a veces incluso se me olvida su nombre! ¡Tenía años sin verlo y seguramente volverán a pasar años antes de que vuelva a verlo de nuevo!

—Oh… así que era invenciones de tus fans.

—Invenciones de los medios, más bien.

Entonces, hubo un silencio que desconcertó a Kanon:

—¿Sinbad?

—Ah, lo siento —se disculpó apresuradamente, pareció realmente diferente a antes—. Solamente recordé que tenía que hacer algo.

Y colgó inmediatamente. Kanon se desconcertó y miró su teléfono. La llamada no había durado ni 20 segundos y fue… demasiado rara.
Sinbad, por otro lado, miraba su teléfono con una débil sonrisa. Si lo que Kanon decía era verdad, es que era algo que Jafar debía de saber primordialmente. Así que bloqueó su teléfono y caminó hacia la cafetería.

Las horas pasaron como si fueran momentos. En el restaurante en el que Seiyua y Perry habían acordado llegar, las horas se convirtieron en simples segundos. Las conversaciones que ambos tuvieron, sorprendentemente, eran entretenidas. Perry no esperaba encontrar en Seiyua alguien interesante, conocedor de tantas cosas. Aún si no compartían gustos por lo que eran las carreras como Perry adoraba, Seiyua resultó ser competitivo. Además, sus habilidades con la espada y fascinación por las luchas contagiaron a Perry, quien vio ese mundo como un nuevo lugar de competencias.

—Entonces, manejas la espada desde que eras pequeño, no lo esperaba —dijo Perry, sonriente—. Quiero decir, no esperaba que un niño supiera manejar una espada más grande que él.

—Sucede a menudo, en mi pueblo —expresó Seiyua—. Es un pueblo tradicional, así que te enseñan las costumbres del país desde temprana edad.

—Vaya… es un mundo completamente diferente y mira que es el mismo país —Perry se recargó en su silla—. Este país es interesante, de hecho. Me gusta su cultura y su gente, sin lugar a duda.

—No eres de por aquí, ¿verdad?

—No realmente, aun si mi padre adoptivo vive aquí —explicó—. Pero da igual, realmente no me molesta.

—Es… un lugar agradable —Seiyua expresó nuevamente. Ligeramente, de una manera poco perceptible, sonrió, y Perry no pudo evitar sorprenderse al ver esa emoción en él, mientras recordaba su pueblo natal—. En primavera los árboles de cerezo florecen de una manera… espontánea. Duran poco, pero son realmente hermosos. Cuando era pequeño, solía ir con mi familia a los Hanami… y nos la pasábamos toda la tarde debajo de los cerezos, viendo los pétalos caer…

—Un Hanami… —Perry repitió—. Nunca he estado en un Hanami.

Seiyua le miró con ligera sorpresa.

—¿Vives aquí y nunca has ido a uno?

—Bueno… realmente nunca me había dado a la tarea de intentar… descubrir ese tipo de festividades.

—¿Y un Tanabata?

Perry volvió a negar.

—¿Un Matsuri? ¿Tsukimi? ¿Bonenkai?

Perry negó con la cabeza en cada una de las festividades nombradas, y entró en nervios cuando Seiyua le miró como si fuera un bicho raro, un bicho peor que una cucaracha. No de una mala manera, como si estuviera enojado, sino, porque para él parecía ser algo totalmente irreal que, una persona que vive en un país lleno de tales festividades, nunca haya presenciado alguna. Y lo peor, es que en parte tenía razón.

—Lo siento, siento que de alguna manera te decepcioné… —Perry murmuró suavemente, pero Seiyua negó con la cabeza.

—No, para nada —contestó—. Solo pienso… …

—¿Piensas en…?

—Quizá… este año deberíamos ir a recorrer todas esas festividades, para que puedas conocerlas…

Perry crispó los ojos, con sorpresa ante las palabras del espadachín. Sin embargo, eventualmente sonrió, y asintió débilmente. No sabía porque, pero le emocionaba ir con Seiyua a tales festividades. Por lo tanto, sonrió con su emoción acumulada.
La noche llegó y la hora de cerrar en la cafetería había llegado. Tsuika preparaba sus cosas para marcharse como era habitual, mientras que Jafar estaba con Sinbad, hablando de unos temas que no parecían tener importancia. Daba igual, Tsuika no quería meterse en temas que no le incumbían.
Se despidió de Jafar y Sinbad y entonces, salió de la cafetería.

—Tsuika.

Al escuchar su nombre dio un sobresaltó y volteó a ver al causante. Enmei sonrió débilmente con algo de nervios al ver que lo había asustado. Pero el malestar y sorpresa de Tsuika ocasionado por ello, rápidamente se convirtió en emoción y felicidad de ver a Enmei.

—Enmei…

Ninguno dijo nada más, y comenzaron a caminar uno a un lado de otro, sin cruzar palabras. Sus acciones fueron más que suficientes, sus expresiones, sus gestos. Incluso el tono en el que sus nombres fueron pronunciados, fue suficiente para saber, que ambos disfrutaban de su mutua presencia.
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Y bueno, eso es todo por hoy :3 primero que nada, quiero disculparme por la tardanza u.u Pasaron cosas que no estaban en mis planes y no tenía tiempo de escribir nada, absolutamente nada. Sin embargo, ya me di un tiempito y pude escribir algo :P Bueno, sin más, me despido.

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Re: With You (Capítulo 9)

Mensaje por Kanon Oda el Jue Nov 22, 2018 8:49 pm

Wáaaaaaaaa perry y seiyua tuvieron una cita 7w7.... pobre jafar y bien por tsuika al tratar de hacer entender a jafar.. por otro lado que tierno el final .. *-* es como si no necesitaran palabras para saber que se aman y que ya hasta podria considerarse parejita feliz.. enmei y tsuika sin duda son una tierna pareja por otro lado espero jafar se confiese pronto asi kanon deja de ser tan babas .. y perry tendra mas citas con seiyua sin dudas puedo imaginar su emocion 7w7 adoro tu fic

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