Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Love story capítulo 4
Hoy a las 6:28 pm por Runalan

» With You (Capítulo final)
Lun Dic 10, 2018 7:35 pm por Kanon Oda

» Love Story capitulo 3
Lun Dic 10, 2018 12:06 am por Runalan

» Love Story capitulo 2
Vie Dic 07, 2018 10:07 pm por Runalan

» With You (Capítulo 15)
Vie Dic 07, 2018 7:28 pm por Kanon Oda

» With You (Capítulo 14)
Miér Dic 05, 2018 7:49 pm por Kanon Oda

» Love Story - Capitulo 1
Miér Dic 05, 2018 1:40 pm por Runalan

» Nueva idea de resiclaje -w-
Mar Dic 04, 2018 8:59 pm por Runalan

» With You (Capítulo 13)
Lun Dic 03, 2018 6:53 pm por Kanon Oda

¿Quién está en línea?
En total hay 3 usuarios en línea: 2 Registrados, 0 Ocultos y 1 Invitado

Kanon Oda, Runalan

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 44 el Dom Ago 30, 2015 5:44 pm.
¿Qué hora es?
Contador Visitas
contador de visitas
Contador de visitas
Banner del Foro
Buscar
 
 

Resultados por:
 


Rechercher Búsqueda avanzada

Diciembre 2018
LunMarMiérJueVieSábDom
     12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31      

Calendario Calendario


With You (Capítulo 4)

Ir abajo

With You (Capítulo 4)

Mensaje por Runalan el Vie Nov 09, 2018 3:31 pm

Capítulo 4
—Una noche de terror—


Terminaron de cenar un simple plato de Kitsune Udon, un plato que Hyouya aseguraba, le encantaba. Y lo había hecho con tanto esmero y amor hacia el plato que sabía de maravilla, se notaba solo con verlo. Entonces, en medio de la avivada cena, donde conversaban de temas triviales con los Hanatsuna, Kanon fue la que quiso comentar sobre la comida, así, con el entusiasmo que la caracterizaba, exclamó:

—¡Le quedó de maravilla la cena, Hyouya!

Hyouya se rio débilmente, y Tsuika solo sonrió. Algo no le convenció de esas reacciones padre-hijo.

—Oh, yo no la cocine. Fue Seiyua.

Todos quedaron en blanco y voltearon a ver al maestro de las espadas que, sin importarle mucho el halago o, más bien, intentando ignorar todo a su alrededor, seguía comiendo con tanta tranquilidad.
¡Sí que también tenía mano para la cocina!
La cena terminó y Tsuika les guio a sus habitaciones en el segundo piso. La casa era vieja, muy, muy vieja. Llamaba la atención y a la vez daba una sensación de abandono y terror, el hecho de que conforme pisaban, algunas veces la madera hacia un chirriante sonido, como en una película de terror donde están explorando una casa abandonada, esta casa, aunque tenía pinta de vieja, desde luego no estaba abandonada.
Estaba hermosamente decorada, con pinturas similares a las de la cafetería, con algunos pergaminos con caligrafía japonesa bien cuidada colgadas de las paredes, con algunos adornos sobre pequeños estantes en los mismos en el pasillo. Algunos adornos que eran desde viejos muñecos de porcelana, hasta algunas canastas de flores o jarrones. Incluso había una que otra espada japonesa colgada de las paredes.
Tsuika entonces le asignó las habitaciones a cada uno. Kanon estaba en la habitación del fondo a la izquierda, enfrente, la de Perry y Jafar. A un lado de la de ellos estaba la de Enmei, enfrente de la de él, estaba la de Tsuika, a su lado la de Seiyua que, estaba a su vez, enfrente de la de Hyouya, que era el vecino de Enmei.
La noche en un lugar como este era pesada, rara y a la vez, agobiante. Aunque era un lugar agradable en el que habían sido bienvenidos, sentían una extraña sensación en sus interiores. Todos, con excepción de Jafar, que ya había venido a pasar la noche en este sitio en más de una ocasión, pues era conocido de la familia Hanatsuna, él y su hermano menor.
Sin embargo, Kanon no era capaz de pegar el ojo.
Daba vueltas en el futón que se le prestó, miraba el cielo oscuro y lleno de estrellas, la luz de la luna se filtraba a través de la ventana de madera que estaba a un lado de ella. Las hojas de los árboles de arce se veían moverse lentamente, como si bailaran al son de la noche. Kanon, entonces, se levantó de su futón, quedando únicamente sentada sobre el mismo. Y soltó un grandísimo suspiro.

—Es una linda casa, pero, no puedo dormir bien…

De alguna manera llegaba a sentirse culpable. Le habían tratado con tanta hospitalidad y atención, pero, aun así, no era capaz de conciliar el sueño en un futón como este. ¡Ella solía dormir en cama! ¡En una cama cubierta de peluches a los cuales abrazar! Pero ahora… Al menos, era muchísimo mejor que arriesgarse a irse a altas horas de la noche por el barrio bajo en donde estaba ubicado este templo. Suspiró al pensar en eso.
Ella intentó ignorar el malestar que le causaba dormir en una colchoneta tan delgada como lo era este futón, así que se volvió a recostar y cubrir con las sábanas del mismo, haciéndose bolita entre las mismas. Cerró los ojos con la esperanza de caer finalmente en el sueño profundo, pero, al momento de hacerlo, escuchó unos pequeños golpeteos que venían desde el pasillo.
Abrió los ojos repentinamente, y se quedó observando la puerta corrediza de madera y papel que separaba su habitación del pasillo principal de las habitaciones del segundo piso. Intentó agudizar su oído para volver a escuchar esos pequeños golpeteos.
Ahí estaban de nuevo.
Se quitó las sábanas de encima y, a gatas, se dirigió hacia la puerta. Primero pegó la oreja a la puerta, como era de madera, fácilmente podía escucharse el otro lado sin poner mínimo esfuerzo. Al seguir escuchando esos golpeteos que sonaban más como si fueran pasos, ella abrió un poco la puerta, asomándose poco a poco hacia el pasillo. Al principio, la oscuridad no le dejaba ver nada, pero conforme su vista fue acostumbrándose a la penumbra, ella finalmente visualizó; una pequeña sombra en el fondo del pasillo, por donde estaba la habitación de Hyouya, la primera en la lista.
Una pequeña sombra de no más de 50 cm, que se movía en el mismo sitio donde estaba posada. Kanon sintió un vuelco en el corazón y cerró la puerta de golpe, intentando no hacer ruido para no llamar la atención de dicha cosa. Sea lo que fuere.
Su corazón palpitaba a mil, sentía que se le saldría del pecho, y su respiración era tan agitada como cuando acabó de recorrer los 200 escalones del templo.
Los golpeteos entonces se dejaron de escuchar, y Kanon, tomando todo el valor del mundo, se arrimó nuevamente a la puerta, abriéndola poco a poco, mientras por la pequeña abertura asomaba su ojo. Sin embargo, aunque no estaba la sombra, llamó la atención que la puerta de enfrente también estaba un poco abierta, y de ahí, una figura se asomaba de la misma manera que ella. Ambos chocaron miradas, y el de la puerta de enfrente abrió la puerta para dejarse ver. Era Perry, y detrás de él estaba Jafar, parado, mirando con la misma curiosidad.
Sintiéndose a salvo, Kanon abrió la puerta también.

—¿Lo escucharon? —preguntó Kanon. Intentó no alzar mucho la voz para evitar despertar a alguien más.

Perry asintió y Jafar solamente suspiró.

—Sí, ¿no pudiste ver nada? —preguntó Perry—. Porque juraría que alguien se estaba paseando por el pasillo.

—Insisto que tal vez fue tu imaginación, Perry —insistió Jafar, sin embargo, Perry negó rápidamente con la cabeza.

—Al comienzo lo habría creído, pero Kanon los escuchó también.

—Abrí la puerta y vi… una pequeña sombra por allá… en el inicio del pasillo, enfrente de la habitación de Hyouya —explicó rápidamente Kanon—. E-Era demasiado pequeña como para que fuera una persona, así que… yo… no me explico que haya sido.

—¿Quizá tienen una mascota? —preguntó Perry.

—Que yo lo sepa, no tienen mascotas —aseguró Jafar, sin darse cuenta que eso solo heló a Kanon—. Pero vamos, seguramente tiene una explicación razonable.

—No lo creo.

Una voz diferente a la de los tres les hizo sobresaltar, más a Kanon que a los otros dos. Sin embargo, era una voz conocida, era Enmei, quien había salido de su habitación. Al escuchar los golpeteos y después tanto murmullo, se frustró y, sin importarle si era un fantasma o algo similar, simplemente salió para encontrarse con sus compañeros de trabajo. Perry le sonrió tímidamente mientras que Kanon estaba que se le escapaba el alma.

—¿Fueron ustedes los causantes de todo el ruido? —preguntó Enmei, aun si en el fondo sabía que no lo eran. Pues había escuchado algo de la conversación.

—Eh… sí y no —contestó Perry—. Si hablas de los murmullos, quizá si fuimos nosotros, pero si hablas de los golpeteos… no.

—No eran golpeteos, estoy segura de que fueron pasos —Kanon aclaró, aun que tenía ganas de alzar la voz, mantuvo un volumen bajo—. ¡Te digo que vi una figura allá!

Ella apuntó el comienzo del pasillo, por donde estaban las escaleras y el baño. Allá todo estaba oscuro, solo una pequeña vela en la pared que iluminaba el inicio de las escaleras. Más allá, todo parecía ser tragado por la oscuridad absoluta. Sin embargo, no había absolutamente nada.
Kanon estaba segura que algo había ahí, esa sombra pequeña y activa no fue obra de su imaginación. Estaba segura de ello.

—Quizá simplemente cenaste demasiado —comentó Enmei, cruzándose de brazos—. El sonido del golpeteo pudo haber sido cualquier otra cosa. Es una casa vieja, tendría sentido, ¿no?

—Eh… sí, pero…

—Solo pisar la madera hace que cruja —Enmei interrumpió a Kanon—. La madera y el papel de las paredes es tan fino que incluso se escuchan los sonidos de afuera. Estamos en medio de un bosque, en la cima de una colina, ¿no es común escuchar cosas extrañas?

Kanon bajó un poco la mirada y luego miró a Perry y Jafar. ¿Será que esa es una posible explicación? Ciertamente tenía sentido, pero, entonces, ¿qué era esa sombra?

—Entonces, de ser así… ¿no nos deberíamos preocupar? —preguntó Perry, mirando a Enmei—. ¿Y qué tal si alguien se metió a la casa? ¿Qué tal si es un intruso o un animal? Si Kanon dice que vio algo…

—Si tantas dudas tienes, ¿por qué no vas a ver? —cuestionó Enmei. Perry realmente se lo planteó.

—P-Perry, no lo estarás considerando, ¿verdad? —Kanon preguntó con timidez.

Perry no dijo nada y se levantó del suelo. Acomodándose un poco su ropa, simplemente salió de la habitación, quedando en el pasillo, igual que Enmei.

—Oye, Perry —Jafar llamó la atención de su compañero—. Es una casa ajena, no es como si pudiéramos estar de un lado a otro en medio de la noche. Cualquiera pensaría mal.

—Vamos, no es como si fuéramos a robar nada o a sabotear, no tenemos la necesidad de hacer eso —aclaró Perry con una débil sonrisa—. Además, es solo para asegurarnos que nadie haya entrado.

Jafar suspiró con cierta resignación y salió de la habitación también, sorprendiendo a su compañero.

—Ey… no es necesario que vengas, puedo hacerme cargo por mí mismo.

—Quizá sí, pero si uno de los Hanatsuna te descubre pensará mal de ti —aclaró Jafar, Perry no dijo nada al saber que tenía la razón—. Así que déjame ese tema a mí.

—Yo también quiero ir —Kanon llamó, levantándose—. No me quiero quedar aquí sola.

—Yo ya estoy afuera… —Enmei suspiró.

—Bien, solo nos aseguraremos que no haya nadie, siendo lo más discretos que podamos —aclaró Perry—. Si hay alguien o se metió algún animal, entonces ya llamaremos a Hyouya o a Seiyua.

Los demás asintieron al escuchar el plan de Perry. Entonces, caminaron por el pasillo. Perry iba por la delantera, y tomó la vela que iluminaba el paso a las escaleras. Sus pasos tenían que ser cuidadosos, por la madera que crujía sencillamente. Y para asegurarse de no tropezar y poder ver en la profunda oscuridad, se llevó consigo la veladora mientras bajaba las escaleras, seguido de Enmei, Jafar y Kanon.
El corazón de Kanon sentía que palpitaba al mil. Su respiración se hacía entrecortada mientras algunas gotas de sudor recorrían su frente. Estaba tan inmersa en su temor entremezclado con curiosidad, que no se percató de que estaba sosteniendo a Jafar del brazo, fuertemente. Jafar no dijo nada, no quería molestarla, aún si su corazón palpitaba más por ese hecho que por la situación en la que se encontraban.
El recorrido por las escaleras se acabó y Perry miró a su alrededor. Todo estaba sumido en oscuridad y no se podía ver nada más allá que la pequeña área que iluminaba la vela. Esto lo hacía sumamente complejo.
Él suspiró y caminó, aun siendo seguido por los demás.
Enmei miraba a todos lados en busca de algo extraño; si era una persona, desde luego también usaría algo para guiarse entre la oscuridad, por lo que, si veía alguna luz o un destello, podía ser señal de que alguien andaba por allí. Sin embargo, si era un animal, sería muchísimo más complejo. Los animales pueden guiarse en la oscuridad sin problema, por lo que podría moverse sin ser visto, es por eso, que también tenía que estar atento con los sonidos. Sin embargo, no podía escuchar nada más que las respiraciones del grupo.
Perry entonces les guio hasta la cocina, la cual parecía estar en orden. El pequeño grupo se dispersó después de que Perry pusiera la vela en la mesa que estaba en el centro de la cocina, donde habían cenado apenas unas horas antes. En dicho lugar, daba la suficiente luz para ver al menos, parte de la cocina. Más allá de la puerta que daba al pasillo que conectaba con las escaleras, la sala, la puerta principal y el baño, estaba completamente oscuro y no podía verse absolutamente nada.

—No parece haber nada malo —comentó Perry—. ¿De verdad estás segura que viste algo, Kanon?

—Completamente segura —insistió ella.

Perry llevó una mano a su barbilla, pensativo.
Los golpeteos sonaron como pasos, como si alguien diminuto se estuviera paseando por el pasillo. Así fue como los escuchó él, Jafar, Enmei y Kanon. Su hermana entonces, asegura que vio una diminuta sombra en la entrada de las escaleras.
Sin embargo, no hay nada raro. Todo parece estar en orden.

—Quizá el ruido proviene de afuera —insistió Jafar, intentando buscar lógica—. No lo sé, algún animal que se estuviera paseando por el techo.

—Es un techo muy alto, ¿no crees? —dijo Enmei—. Además, es un templo, el techo no es plano, está curveado en un pico hacia arriba.

—Además, ¿cómo explicas la sombra? —cuestionó Kanon—. Esto no tiene sentido. ¡Es una casa vieja! ¿Qué tal si se trata de algún fantasma?

—Los fantasmas no existen —Jafar regañó brevemente—. Y si lo hicieran, no veo porque estarían en tierra sagrada, como suelen llamar a los templos.

—¡Quizá pudo cruzar la barrera mágica!

—¿De qué barrera mágica estás hablando, Kanon? —regañó nuevamente Jafar para luego suspirar—. Ya dejemos el tema. Si tanto les molesta, mañana por la mañana le diremos a alguno de los Hanatsuna que sucedió. Quizá ellos ya saben sobre este tema y nosotros nos estamos preocupando demasiado. Además de que no creo que sea correcto estar paseando como si nada por su casa a media noche.

Ninguno de los tres restantes dijo nada, pues Jafar tenía toda la absoluta razón. Movidos por la curiosidad, no pensaron bien en que consecuencias podría conllevar, aun cuando Jafar lo mencionó cuando salieron de sus habitaciones.
Perry suspiró y estuvo a punto de tomar la veladora, con resignación. Pero unos pasos más pesados se escucharon por las escaleras. Un ligero quejido, y varios golpeteos en la pared.
Kanon se congeló al instante y Jafar no tuvo de otra más que tomarla de los brazos para alejarla de la puerta. Enmei se puso por detrás de una silla tomando el jarrón mientras que Perry también tomó un accesorio de la cocina para defenderse de lo que sea que estuviera llegando con ellos.
Estaba completamente oscuro, completamente. Y, entre la oscuridad, una silueta blanca se asomó por entre la penumbra. Tan blanca y pálida, que parecía un auténtico fantasma.
Kanon gritó del miedo y, como si fuera una activación, Perry saltó hacia la figura, tirándola al suelo.
Todos se desconcertaron cuando el ‘fantasma’ también soltó un chillido.
Jafar tuvo la genial idea de encender la luz de la cocina.

—¡¿Tsuika?! —exclamó Perry al ver a quien tenía por debajo sosteniéndole de los brazos para evitar que forcejeara.

Tsuika estaba a nada de llorar del puro susto. Miró a Perry con su ojo inyectado en una serie de lagrimillas que intentaban asomarse por la comisura. No dijo nada, y Perry, sintiendo una punzada de culpa, solamente se levantó y le ayudó a levantarse.

—¿T-Tsuika? ¿Qué haces aquí? —preguntó Enmei.

—Y-Yo solo venía a tomar algo de agua… y… y… vi que no estaba la veladora de las escaleras… a-así que tuve que bajar a oscuras…

Su voz entrecortada por el miedo que acababa de pasar era latente. Sin embargo, nadie pudo decir nada porque otra sombra apareció desde un costado del pasillo, por entre la oscuridad. Perry fue capaz de vislumbrar un destello de la luz de la cocina siendo reflejada en algo.

—¿Estás bien, Tsuika?

Era la voz de Seiyua, quien tenía su espada a medio desenfundar. Perry le miró impactado. Seiyua venía con toda la intención de atacar a la persona que tuviera las manos por encima de su hermano, sin embargo, parece que la luz de la cocina iluminó lo suficiente a Perry como para que pudiera reconocerlo incluso estando en el pasillo. Se alegró por eso.

—Y-Yo… sí… s-sólo… me llevé tremendo susto —Tsuika intentó tranquilizarse, pero aún temblaba un poco. Él seguramente resultó más asustado que Kanon, quien seguía aferrada al brazo de Jafar.

Seiyua fulminó con la mirada a los demás.

—¿Qué están haciendo aquí a estas horas de la noche? —cuestionó con un tono amenazante.

Jafar estuvo a punto de hablar para excusarse, pero para su desgracia Perry se le adelantó.

—Escuchamos unos pasos en el pasillo, pasos pequeños, y Kanon afirma haber visto una sombra diminuta en las escaleras —explicó. Aún si no sonaba convincente, no era más que la verdad—. No quisimos molestarles, así que nos dimos a la tarea de investigar por nuestra cuenta. Lo de tu hermano… no era esperado, así que, mis más sinceras disculpas si llegamos a molestar con estos sucesos.

Seiyua únicamente le miró por unos instantes. Aún si no le agradaba del todo lo que acababa de suceder, puesto que involucraba a su hermano como una víctima de lo que parecía ser más como una desagradable broma, al menos, tomó la responsabilidad de sus actos, aún si no le terminaba de convencer el argumento.

—¿Unos pasos, dices? —cuestionó Seiyua—. Eso es imposible. No estábamos ninguno de nosotros despiertos, y mi padre tiene el sueño muy pesado.

—Lo notamos —dijo Kanon—. No se ha levantado ni con tremendos gritos…

—Pero puedo asegurarte que todos escuchamos esos pasos —insistió Perry.

Seiyua pareció dudar por un momento, pensativo mirando el suelo. Estaba entre si intentar creerles o no.

—Ahora que lo dicen… —Tsuika llamó, ya se había reincorporado para que su voz no sonara quebrada como antes—. Yo también escuché unos golpeteos. Sin embargo, creía que era el sonido de las ramas del arce chocando con la madera.

—¿Es algo normal? —preguntó Enmei.

—Sí… pero no es normal que se escuche en el pasillo. No preste atención porque creí que era eso, sin embargo, es verdad que no se escuchaba igual que siempre.

—¿Entonces estás diciendo que tú también los escuchaste? —preguntó Seiyua a su hermano, quien solo asintió.

Ahora estaban en un punto muerto. Ni siquiera los hermanos Hanatsuna sabía de qué se trataba, pero algo estaba ocurriendo, algo a lo que ya ni siquiera Jafar le pudo dar explicación.
¿Se trataría de algún fantasma? ¿Algún animal que se metió? ¿Un intruso? Algo ocurría, era obvio, sin embargo…
Antes de que siguieran intentando dar con una explicación, Enmei llamó:

—Allá. Algo se movió.

Todos voltearon a ver la oscuridad. Más allá, podía verse la entrada a la sala, la cual estaba silenciosa.
Ya nada podía tomarse a la ligera, y menos proviniendo de Enmei que, de todos, era el segundo más serio del grupo (pues el primero era Seiyua y su inexpresividad total).
Perry fue y tomó la veladora que dejó sobre la mesa. Caminando por delante de todos nuevamente, solamente seguido de lado por Seiyua, quien tenía su espada preparada por si llegaba a ser algún intruso.
Al llegar, Perry vio a Jafar y le asintió. Rápidamente, Jafar encendió la luz y…
No había nada.
La sala estaba en perfecto estado igual que siempre. Todos miraron a su alrededor, pero, de todos, Seiyua se percató de algo. Caminó hacia la mesita en medio de los sillones, y tomó una vieja muñeca de porcelana. Sin embargo, como toda casa japonesa, la muñeca también lo era. Vistiendo un kimono rojo con hermosos decorados blancos, un obi rosa con amarillo. Su cabello negro y largo, y su cara tan blanca que parecía ser hecha de la más fina porcelana.
Kanon sintió un escalofrío al verla. Era una muñeca, sí, pero daba cierto aire tenebroso.

—Es solo una muñeca, pero… —Seiyua dijo mirándola fijamente—. No recuerdo que estuviera aquí.
Tsuika se acercó a su hermano para verla:

—¡Ah! ¡Seicchan! —llamó la atención de todos—. Yo… yo tiré esa muñeca ayer.
_________________________________________________________

¡Y eso sería todo por hoy! :P Espero que les guste, aunque esto en sí no es más que relleno que se me ocurrió xD Sin más, ¡me despido!

_________________________
avatar
Runalan
Admin
Admin

Mensajes : 1752
Fecha de inscripción : 06/12/2013
Edad : 20
Localización : En algún lugar del mundo :D

Ver perfil de usuario http://animefans.foroargentina.net

Volver arriba Ir abajo

Re: With You (Capítulo 4)

Mensaje por Kanon Oda el Vie Nov 09, 2018 5:16 pm

Waaaa!!! No se si reir o asustarme xD pobre kanon se llevo el susto de su vida, pero bien que se reconforto estando pegada a jafar 7u7.. a un que tambien seguro se llevo el susto perry al sentir la ira de seiyua.. o deberia decir que el pobre de tsuika fue el que mas se asusto despues de todo a el lo tomaron mas que desprevenido .. me encanto realmente me hizo reir mucho xD

_________________________


avatar
Kanon Oda
UserActivo
UserActivo

Mensajes : 1151
Fecha de inscripción : 12/12/2013
Localización : Trabajando en la proxima continuacion de mi fianfic

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.