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Los guardianes (Capítulo 8)

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Los guardianes (Capítulo 8)

Mensaje por Runalan el Lun Oct 22, 2018 8:47 pm

Capítulo 8
“No es suficiente”


El día había pasado sin ninguna dificultad, y lo que era la noche ya hacía su presencia. Como era de esperar, a ninguno de los tres, Seiyua, Kanon o Tsuika se les dejó salir, por lo que tenían que encontrar maneras de entretenerse dentro del templo, donde tenían que estar, ahora, aparentemente.
Kanon fue la primera en saltar con el hecho, sabiendo que ahora tendría que quedarse por un tiempo indefinido en el templo, sabía que tenía que traer algunas cosas de su casa, así que, amablemente, sabiendo eso, tenía que pedir ayuda. Consideró en pedírselo a Seiyua, pero no parecía tener cara de querer ayudar en algo, se veía frustrado. Pensó en pedírselo a Tsuika, sabiendo que él no se negaría, pero, estaba inusualmente entretenido con Enmei, hablando de algunas cosas con toda la tranquilidad del mundo. No se vio capaz de irlos a interrumpir.
Suspiró. Sus opciones se acababan. Caminó por los vacíos pasillos pensando en alternativas. ¿Debería pedir permiso e ir sola? ¿Quizá si propone eso, alguien la acompañe por voluntad propia? Eso pensó, hasta que en su mente llegó alguien: Armakan. Si se lo pedía, quizá, únicamente quizá, aceptaría. Con ese pensamiento, ella sonrió y caminó con más velocidad, ahora, con un destino en mente.
Así, ella se encontró con el panorama que muy dentro de sí esperaba. Un lugar donde Armakan estuviera solo, totalmente disponible. Al darse cuenta de su suerte, sonrió y caminó hacia él.

—¡Armakan! —ella exclamó, acaparando la atención del joven.

—¿Kanon? —volteó a verla—. ¿Qué sucede?

Y, aunque ella iba con toda la actitud, se perdió completamente. Sus piernas temblaron como si fueran hechas de gelatina, y su mente se nubló. Las palabras escasearon, es como si se hubieran esfumado sin dejar nada más. Su mente quedó en blanco. Ella incluso sintió el rubor en sus mejillas, como estas ardían candentemente, tanto, que llegó a molestarle. Sin embargo, Armakan no pareció comprender este comportamiento, y únicamente insistió su cuestión.

—Kanon, ¿sucede algo?

—Eh… bueno… —ella finalmente recobró la compostura. Inhaló y luego exhaló aire en un intento de apaciguar su propio corazón—. Ya que me quedaré aquí un tiempo… pensé en ir a mi casa por algunas cosas. Pero sé que no me dejarán ir sola, así que… me preguntaba… si… ehm….

Su voz nuevamente se comenzó a ir y ella se maldijo a sí misma. Siempre había tenido facilidad de palabra, sin embargo, ahora parecía ser una simple colegiala enamorada. ¡Pero ella era más que eso! ¡Era Kanon, una idol! ¡Una futura Idol reconocida que cantaría con todo su corazón! Si es capaz de cantar en un escenario frente a una gran multitud, seguramente que pueda hablar con Armakan.
Ella intentaba convencerse, pero, por más que realmente lo intentaba, las palabras se iban. Finalmente, para su sorpresa y cierto alivio, Armakan habló:

—¿Quieres que te acompañe a ir? —preguntó, a lo que Kanon asintió débilmente, tímida. Armakan emitió una débil risilla que fue apenas audible y prolongada—. Está bien. Soy consciente de la situación en la que estás, y es lo mínimo que puedo hacer. Cuenta con mi compañía entonces.

Kanon sonrió, se sintió sumamente dichosa, como si hubieran aceptado salir una cita con ella. Pero, desde luego que no era una cita, ¿verdad? Ella se bofeteó mentalmente ante el simple hecho de pensar en eso, Armakan solo se confundió por el actuar de la joven, tan errante y rara, pero de alguna manera, adorable.

—Gracias, Armakan —ella dijo—. Por suerte mi casa no está muy lejos.

—Está bien —él contestó de inmediato, sorprendiendo a Kanon con su rapidez—. Tenemos suficiente tiempo.

Armakan le sonrió, cálidamente. Tanto que su corazón dio un vuelco y luego se recuperó, imitando aquella sonrisa cálida. Luego, como si fuera por inercia propia, ella caminó hacia la puerta, seguida de Armakan. Irían a su casa, que, tal como ella dijo, no estaba tan lejos del templo.
Por otro lado, Hyouya fue a ver a su hijo mayor, Seiyua. Su dolor de cabeza no había cesado en lo absoluto, algo de lo que Enmei le había advertido. Aún tenía en mente aquel “reporte” que le dio esta tarde, poco antes de que todos llegaran de las clases habituales.

“Ellos volvieron a aparecer”.

El cuerpo de Hyouya se tensó de solo imaginar de nuevo aquel panorama. Esas tres personas, los tres leales sirvientes de Abbar nuevamente estaban en juego.
Se supone, que ellos deberían de haber sido asesinados, pero, si eso ocurría, terminaría en algo similar como lo fueron Tsuika y Seiyua; volverían a nacer para volver a servir a su señor y, de esa manera, seguir continuando ese interminable ciclo, nuevamente, luchando. Es por ello que Enmei tuvo la idea de convertirlos en piedra, para, que, de esa manera, no hayan muerto, pero tampoco estuvieran vivos. Estaban, supuestamente, como en una especie de limbo. Ahora se pregunta, ¿la misma energía que el diamante emana fue suficiente como para sacar a esos tres de su castigo? ¿Fue suficiente? ¿Tanta energía está derrochando Abbar?
Y lo que más le preocupa a Hyouya, ¿es esto lo que hace que Seiyua esté teniendo ese dolor de cabeza?
Él se detuvo, frente a la habitación de su hijo. Tenía una taza de té en sus manos, la cual miró por unos instantes mientras se sumergía en sus pensamientos e inseguridades, un remolino de teorías que se formulaban una tras otra con cada hecho que sucedía. Eventualmente, entró a la realidad nuevamente y suspiró. Levantó su mano y tocó la puerta.
No hubo respuesta.
Frunció el ceño y volvió a insistir con un poco más de fuera. Se escuchó un quejido dentro de la habitación, y después un vago murmureo que Hyouya comprendió, era la voz adormilada de Seiyua. Por unos breves momentos, tan efímeros como raros, se sintió culpable por despertar a su hijo, ¡pero luego reafirmó su autoridad como padre entrando de todos modos, como todo buen padre amoroso haría! Encendió la luz y escuchó un bufeo de su hijo. Hyouya se rió.

—Ey, que pareces gato soltando esos bufidos —se rió de la desgracia de su hijo, que intentaba cubrirse de la luz con las sábanas de la cama donde yacía. Hyouya se acercó y dejó la taza de té sobre la mesita de noche, para luego mover a Seiyua—. Ey, que todavía no es tan tarde como para que te duermas. ¿Ya terminaste tu tarea? ¿Hiciste tus deberes habituales? No creas que por estar en el templo te salvarás. Necesito que limpien la sala de reliquias.

—Puedes pedírselo a Tsuika —rezongó Seiyua. Se descubrió, quitándose la sábana. Solo dejando ver su cabellera negra hecha un lío, parecía una escoba vieja—. Seguro que acepta sin rechistar.

—Tampoco te aproveches de la amabilidad de tu hermano —Hyouya le dio un zape, Seiyua solo se sobó haciendo un débil puchero—. ¿Cómo te sientes ya?

—Mejor… —contestó inmediatamente—. El dolor cesó…

—¿De verdad? ¿Así de la nada?

—Sí, así de la nada.

Hyouya suspiró débilmente.

—Bien, entonces supongo que no es nada de qué preocuparse —él le sonrió débilmente—. Entonces toma ese té y prepárate para que limpies la sala de reliquias.

—A-Ah… creo que aún me duele un poco…

—¡No te hagas!

Sabiendo que claramente era una provocación, Hyouya rezongó y Seiyua se rió como niño pequeño que acaba de hacer una travesura. Él solía ser serio con todos, sí. Alguien que daba la apariencia de que solo quería pelearse, que solo estaba sumergido en lo suyo, que sólo era él y su familia… quizá, para cualquier persona él era así, pero desde luego, Seiyua era alguien amable en el fondo, alguien que solo podía abrirse con sus más allegadas personas de confianza, quienes eran, precisamente, su familia. Pero no era por el hecho de ser su familia, sino por el simple hecho de que ellos también eran personas amables que le trataban como un igual, con cariño y respeto. Eso, era sin duda, lo que Seiyua admiraba de sus parientes, pues, ni siquiera eran sanguíneos.
Él hizo caso a su padre, bebió su té y sintió el calor en su cuerpo que le regocijo. Se levantó de la cama y se peinó lo suficiente como para no parecer un vagabundo allanando el templo. Salió de su habitación y vio a Kanon y Armakan caminar por un pasillo de los costados, hablando sobre ir a casa de Kanon por algunas pertenencias.
Esos dos se habían estado llevando bien en tan poco tiempo. No comprendió porque, pero tampoco es como si le interesara.
Caminó entre los pasillos y miró a Tsuika y a Enmei conversar tranquilamente y con tanta naturalidad. Sus instintos de hermano mayor le hicieron ocultarse detrás de una columna de la sala y prestar atención a lo que hablaban:

—Entonces, ¿la constelación de draco es tu favorita? —preguntó Tsuika—. Dijiste que está en el hemisferio norte… en pocas palabras no la podemos ver…

—A menos que estemos en el polo norte…

—Vaya… ¿Es tu favorita porque te gusten los dragones?

—Sinceramente, sí —Enmei se recargó en su asiento—. Porque realmente no es una constelación llamativa…

—Vaya, realmente sabes mucho sobre el tema, Enmei —Tsuika sonrió con cierta emoción—. ¡Sería lindo poderlas ver una noche!

Enmei le miró de reojo, como si se hubiera interesado en su comentario. Luego miró el techo, como si intentara procesar una respuesta. En sus labios pudo verse una débil, muy débil sonrisa.

—Sería… agradable —contestó—. Tenemos que hacerlo, definitivamente.

Seiyua frunció el ceño y gruñó débilmente, luego se marchó. Le molestaba, sí, pero también adoraba ver a su hermanito sonreír con tanta emoción. Si Enmei le hacía sonreír así, ¿quién era él para prohibírselo?
Resopló en sus adentros mientras caminaba por los pasillos, con dirección a la sala de reliquias para poderla limpiar como se lo pidió (u ordenó) su padre. Pero, antes de poder siquiera acercarse lo suficiente a dicha sala, se detuvo abruptamente. Fue algo involuntario, ni siquiera él supo porque lo hizo. Entonces, su mirada, lentamente, como si tuviera cierto temor de voltear, de ver la razón por la que se detuvo, sabiendo en el fondo el porqué, pero temiendo aceptarlo, volteó. Allí, en el centro de la sala principal… ese diamante negro le atraía poderosamente.
Tan oscuro, como poderoso.
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Bueno, eso sería todo por hoy. Me disculpo si está aburrido u.u o corto. Sin más, me despido.

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Re: Los guardianes (Capítulo 8)

Mensaje por Kanon Oda el Jue Oct 25, 2018 12:46 am

Seiyua es tan adorable me dio mucha risa el hecho de que no queria levantarse y como siempre todos se aprovechan de la gentileza de tsuika.. pero esta vez esta muy ocupado con Enmei como para encargarse de otras cosas o sus deberes 7u7 y que tal kanon pensando en que ella y Armakan tendran una cita como siempre pensando mas haya de la logica cuando de amor se trata uwu esta increible tu fic para nada aburrido!!! y no tepreocupes por lo corto ... eso no importa! solo importa que esta genial !!

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