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Los guardianes (Capítulo 7)

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Los guardianes (Capítulo 7)

Mensaje por Runalan el Vie Oct 19, 2018 2:48 pm

Capítulo 7
"Enemigos"

Seiyua llegó a la enfermería, acompañado por aquella mujer, Olivia, de cabellera rojiza y un aire de elegancia. Ella lo guió hasta allá, donde finalmente pudo descansar un poco. No entendía porque vino ese dolor de cabeza de la nada, nunca antes había sentido algo similar. Así que, más que agobiado por el dolor, estaba desconcertado. ¿Será que alguna enfermedad se avecinaba? ¿Algo que tenía que tratar rápidamente antes de que haya posibles complicaciones? ¿O será, acaso, algo relacionado con…?
Él rápidamente negó mentalmente. No es posible que ahora esté relacionado todo lo aparentemente inexplicable con la aparición de Abbar y todo ese estúpido tema. Simplemente, no. Incluso si daba la casualidad de que fuera ahora, el dolor, justo cuando esto está ocurriendo.
Tan pronto como Tsuika se enteró de que su hermano estaba en la enfermería, llegó corriendo a la misma. Entró sin pedir permiso, algo inusual en él, y, la primera persona que se encontró, sin ser enfermera o el médico del lugar, era Olivia, quien le recibió con una débil sonrisa. Tsuika solo le miró en sorpresa.

—A-Ah, Olivia —tartamudeó el albino—. Que… sorpresa verla aquí.

—Ah, Tsuika —ella le sonrió habitualmente—. ¿Eres el hermano de Seiyua-san? Que sorpresa.

—Sí, es… mi hermano mayor.

—Sin embargo, no se parecen mucho —comentó.

—Lo sé —afirmó Tsuika, sin intenciones de mantener una conversación clara—. Somos adoptados. ¿Dónde está mi hermano?

Era claro que evitaba mantener una conversación con la mujer, yendo directamente a lo que realmente le concernía. Olivia no pareció molestarse en lo absoluto aún si era de lo más obvio. Ella simplemente miró una de las camillas, tapada por una de las cortinas que separaba a las mismas. Entonces, Tsuika, sin decir nada más, se dirigió corriendo al lugar para ver a su hermano. Movió la cortina bruscamente, sin importarle la posibilidad de que podría haber alguien más ahí.
Para su suerte, estaba Seiyua sentado en la cama, mirando la nada. Cuando éste se dio cuenta de la presencia del albino, sonrió débilmente.

—No te lesionaste en el futbol, ¿verdad? —preguntó Tsuika—. ¿Qué te sucedió?

Suavemente, él se sentó a su lado, mirando fijamente a su hermano, que mantenía una sonrisa vacía.

—Únicamente un dolor agudo de cabeza —explicó—. Nada de preocupar. Ya me dieron algo para el dolor y parece que cesó.

—¿Dolor de cabeza? —preguntó nuevamente Tsuika, sin embargo, esta pregunta parecía ir más dirigida a él—. Eso… es extraño en ti.

—¿Verdad? Quizá debería ir a ver a un médico.

—¿O será que es relacionado a todo lo que sucede? —cuestionó nuevamente el albino—. Quizá estrés, ya sabes, de la nada nos vimos envueltos en este asunto.

Seiyua entonces suspiró, temía decirlo, pero era la verdad. Todo este tema, de Abbar, los guardianes, los problemas en los que Kanon se metía, ¿cómo no contraer estrés con tanto problema? Especialmente él, que tiene muy en mente proteger a su hermanito.

—Si ese es el caso…

—No les va a importar —dijo Tsuika, interrumpiendo a Seiyua, que le miró con sorpresa. Después, Tsuika prosiguió—: Ellos quieren que nosotros hagamos algo al respecto, sobre un mal que se avecina, pero nosotros desconocemos. Creen que solo porque somos las reencarnaciones de ciertas personas, sabremos cómo lidiar con el asunto. Pero, ¿tú sabes hacerlo?

Seiyua abrió los ojos con ligera sorpresa ante las palabras de su hermano, entonces, simplemente bajó la mirada y la cabeza, para luego vagamente, negar con la cabeza. Tsuika continuó:

—Exacto, ni yo lo sé —dijo—. Pero, ¿qué podemos hacer? Esperan tanto de nosotros y, nosotros, no sabemos ni siquiera que esperan.

—Proteger.

—¿Qué? —Tsuika miró a su hermano.

—Ellos quieren que protejamos a la ciudad —dijo Seiyua. Alzó su vacía mirada un poco, mirando la cortina blanca que separaba su cama de la otra—. Pero sinceramente, no es como si yo quisiera proteger un lugar como este. No es como si fuera algo que mereciera ser protegido.

—Seiyua…

—Solo quiero protegerte a ti, y de ser posible a papá, o incluso a Kanon, porque es tu amiga —dijo sin más—. Los demás no me importan. Nada me importa.

—No… no digas esas cosas —repitió Tsuika—. Todo tiene su lado bueno e incluso su lado malo, pero, no necesitas…

—Eso es todo para mí.

Tsuika miró con sorpresa a su hermano, pero luego, su mirada se inundó en cierta melancolía. Sin entender porque el yacimiento de aquel sentimiento, bajó la mirada, apartándola de Seiyua. Seiyua hizo lo mismo, como si ambos miraran el miso punto en común, entonces, simplemente, se quedaron en silencio, y nadie dijo nada más el resto de la estadía en la enfermería.
En clases, lejos de la enfermería, Kanon caminaba por los pasillos de la institución. Se fue a avisar al aula de clases que se necesitaba de la presencia de Tsuika, pues su hermano Seiyua había terminado en la enfermería por alguna razón. Entonces, Tsuika salió corriendo de allí, sin siquiera pedir permiso para salir. Estaba bien, nadie se enojó, comprendían el asunto y sabían que, para que Tsuika actuara de esa manera, es que era algo que realmente le agobiaba.
Así que, ahora, Kanon no sabía si ir a la enfermería también o pasar de largo. Ciertamente, no es como si conociera muy bien a Seiyua, pues no era alguien de muchas palabras, sin embargo, sí que conocía bien a Tsuika (¡Vamos, que era su mejor amigo!), y le preocupaba como él se podría sentir ante una situación como esta.
Ella se detuvo cerca de las ventanas, mirando por las mismas aquel extenso bosque. Tan desolado como profundo, era algo que llamaba la atención de todos los estudiantes de la institución, y Kanon no era la excepción. Miró detenidamente, buscando la presencia de algún animal silvestre, pero no dio con alguna presencia. Simplemente, suspiró y prosiguió su camino, hasta que se detuvo abruptamente al ver un arbusto moverse. Pensó, instintivamente, que se trataría de algún animal, como ella buscaba, pero, cuando vio a un chico pelirrojo que tenía un par de cuernos negros, se sobresaltó.
Era claro, ¿no? No era algo normal de ver, y las cosas no normales, a este punto, están relacionadas con Abbar. Ella apretó los puños y entonces, sin importarle nada más y sin tener mucho en cuenta la situación actual, corrió a la enfermería con la intención de decírselos a las únicas personas que podía hablarlo sin que la tacharan de loca.
Así, ella allegó a la enfermería.

—¡Seiyua, Tsuika!

El par de hermanos le miraron con algo de sorpresa, hasta que Kanon agarró el suficiente aire y exclamó:

—¡Hay un sospechoso afuera!

Al comienzo, nadie entendería que quería decir con esas palabras, pero claramente, tanto Tsuika como Seiyua lo hicieron y, sin importarles si Seiyua aún podía tener residuos del dolor, corrieron junto con Kanon al lugar donde ella lo vio, corriendo apresuradamente.
Seiyua únicamente se desvió un poco hacia su casillero para tomar su espada y, luego, retomarle el paso a Tsuika y a Kanon.
Desde la azotea de la escuela, Enmei y Armakan continuaban en el lugar, mirando hacia abajo. Ellos ya habían sido conscientes del regreso de Yasha, aquel hombre de cuernos negros, sin embargo, no habían hecho ningún movimiento nuevamente, pues ambos sabían perfectamente, que no podían llamar la atención de los estudiantes. Eso era lo único que les detenía de partirle la cara a Yasha.
Ellos también, serían testigos de cómo Kanon corría por el patio con dirección a Yasa, seguida de Seiyua y Tsuika.
Enmei les miró con sorpresa.

—Esos chicos…

Él gruñó internamente, y quiso hacer algo al respecto. Pero antes de moverse lo suficiente como para desaparecer y aparecer en el lugar para detenerlos, fue detenido por Armakan, quien mantuvo su expresión serena. Enmei le miró con una entremezcla de sorpresa y cierta molestia.

—¿Qué sucede contigo? —cuestionó—. No podemos dejar que se arriesguen de tal manera.

—Está bien. Esto puede considerarse como una prueba —explicó brevemente. Enmei no comprendió.

—¡¿Una prueba, dices?! —rezongó—. ¡Es Yasha, la persona menos indicada para ponerles una prueba! ¡Un sirviente de Abbar, el sirviente más problemático!

—Está bien, digo —insistió Armakan—. Yasha es también el menos peligroso de los tres sirvientes de Abbar, ¿recuerdas? Hawke y Sadaya le superan por mucho. Además, estamos nosotros aquí. Si se sale de control, nosotros apareceremos y acabaremos la batalla, ¿de acuerdo?

Enmei refunfuñó los dientes y se apartó bruscamente de Armakan. Simplemente, se apartó un poco más y caminó por la azotea, sin alejarse mucho de su punto inicial. Entonces, le dio la espalda a Armakan.

—No entiendo porque quieres hacer una estupidez como esta —habló Enmei. Ahora sonaba más serio que antes, pero no era más que producto de su molestia—. Se supone que tú eres el más coherente de nosotros.

—Precisamente por eso, Enmei —le contestó rápidamente—. Necesitamos conocer bien a nuestros nuevos guardianes, porque desde luego, tendrán sus diferencias de Chuyen y Shiroka, ¿no crees? Necesitamos conocer sus capacidades y saber que tanto podemos contar con ellos.

Enmei volteó y lo miró de reojo.

—Además, igual que tú, me preocupan —continuó Armakan—. No permitiré que los toquen. Tienes mi palabra.

—Más te vale.

Enmei no dijo nada más que eso, con aquel tono lleno de pesadez adjunto a la molestia parecida a la rabia retenida. Caminó débilmente, hacia la orilla de la azotea, donde estaba Armakan. Murmuró unas cuantas palabras y, así, no sería visto por los demás. Únicamente, fungirían ambos el papel de espectadores, en esta posible batalla que se desataría con aquel chico demonio.
Y tal como Enmei predecía, Seiyua fue el primero en desenfundar su arma al ver ya directamente a Yasha, quien le miró con burla. Kanon y Tsuika estaban por detrás del hermano mayor, quien se había puesto protectoramente frente a ambos. Era clara su intención; proteger. Tal y como le había dicho a Tsuika en la enfermería.
“No tiene intención de proteger a los humanos, pero si quiero protegerte a ti y a los que quieres”.

—Chuyen, ¿verdad? —preguntó Yasha. Caminaba horizontalmente, sin dejar de ver a Seiyua en ningún momento—. Desde luego que tienes el cabello más largo, y no vistes aquel molesto kimono. Siempre me molestó ver que te movías tan rápido aun cargando miles de prendas encima de ti.

—Prefiero mil veces vestir de más, a andar con poca ropa, como tú —Seiyua cerró los ojos unos instantes y luego le miró—. ¿Quién eres y que quieres? Ahora mismo no tengo el humor suficiente para tratar con un desconocido, extranjero, lo que sea que seas.

Yasha clavó su lanza en el suelo, sobresaltando a Tsuika y a Kanon, entonces, aun sosteniéndola en su mano, pero sin sacarla de la tierra, miró a Seiyua detenidamente con una sonrisa llena de superioridad y burla en sus labios.

—Mi nombre es Yasha —afirmó—. Uno de los sirvientes de Abbar, el más rápido, a decir verdad. Manejo la lanza de la cascada, y, ahora que lo pienso, tendría ventaja contigo. Las lanzas les ganan a las espadas, ¿no?

—El triángulo de armas nunca fue problema para mí —insistió Seiyua.

—Sí, suena a algo que Chuyen diría.

Seiyua chasqueó la lengua.

“Tu también…”

Pensó.
Kanon se sorprendió al escuchar ese nombre y miró a Seiyua. Claro… ya había escuchado sobre el tema, pero, ahora, ver a un enemigo hablarlo como si no hubiera problema con ello, como si fuera de lo más sencillo. Obviamente, un enemigo no va a saber cómo tratar suavemente estos temas, y, tampoco es como si lo esperaran hacer. No van a tratar amablemente los temas delicados de sus enemigos.
Sin embargo, también vio que Tsuika se tensó.

—¿Tsuika? —llamó Kanon—. ¿Estás… bien?

Tsuika dio un sobresalto y miró a Kanon, sorprendido. Por unos momentos había olvidado que ella estaba allí. De hecho, había olvidado completamente la razón por la que estaba allí o en qué situación estaba, se había sumergido tanto en sus pensamientos que todo a su alrededor había dejado de importar.

—E-Estoy bien, Kanon, no te preocupes.

—Bien, bien… se supone que esto no debería estar pasando —dijo Yasha, ahora, más que lleno de egocentrismo, parecía molesto—. ¡Pero si le digo a Sadaya que los dejé fuera de batalla, todo irá mejor para mí!

Él sacó la lanza del suelo y corrió rápidamente hacia Seiyua. Éste, reaccionó inmediatamente, para sorpresa de Yasha. Ambos chocaron las armas provocando un estruendo que, para suerte de todos, no llegó a oídos de la gente de la institución, pues se habían apartado lo suficiente como para no ser vistos por los mismos.
Ambos chocaron las armas continuas veces. La espada de Seiyua no era gran rival para la lanza llamativa y grande de Yasha, la cual parecía emitir cierto resplandor blanco y azul desde una aparente esfera que tenía en el centro de la hoja. Las armas chocaron, una, dos, tres veces. Y entonces, la espada de Seiyua salió volando, y se clavó entre la tierra no muy lejos de él. Estando desarmado, Yasha vio su oportunidad.
El corazón de Kanon dio un vuelco al ver el aprieto en el que Seiyua se metía, sin un arma frente a un enemigo de verdad, quería gritar y decirle que tuviera cuidado, ¿pero eso de que serviría? Además, sentía que se vería ridícula. Aunque se preocupaba, en el fondo sentía que no había de que temer y, la expresión serena de Tsuika le indicaba lo mismo.
Cuando Yasha se dispuso a atacar a Seiyua, su golpe de la lanza fue detenido por el acero de la hoja de una espada. Yasha entonces retrocedió de golpe.

—¡¿Qué…?! ¡¿Cómo hiciste eso?! —cuestionó sorprendido—. ¡Te quité tu espada, no es posible que…!

Sus ojos se desviaron a la ubicación donde la espada cayó y se clavó en el suelo. ¡Seguía ahí! Entonces, la espada que tenía. Sus ojos se voltearon hacia Seiyua nuevamente. Este tenía una espada diferente que, juraba, no tenía con él. Entonces, Seiyua extendió su otra mano libre, y una nueva espada apareció, la tomó de la empuñadura y se puso en posición, sosteniendo en ambas manos, una espada distinta.

—Esa habilidad…

Yasha gruñó débilmente.

—Si no atacas… ¡Atacaré yo!

Seiyua corrió rápidamente hacia Yasha. Con sus movimientos veloces, únicamente lo hacía retroceder, y Yasha lo único que podía hacer, era bloquear aquellos ataques que venían como si fueran ráfagas enteras. Tan fuertes como rápidos.
Kanon miró con sorpresa la escena.

—¿Seiyua…?

—Seiyua posee mil espadas —explicó brevemente Tsuika, llamando la atención de su compañera—. Por ello, es capaz de invocar espadas, constantemente, sin importar donde esté. Incluso si pierde una, desaparecerá, aparecerá más, traerá más, incluso si él no puede tomarlas todas, atacará con ellas.

Kanon comprendió y entonces, miró con ligera sorpresa a Seiyua. Una habilidad para invocar mil espadas, sin importar cuando ni donde, ni siquiera un límite más que las mil. Era, sin duda, una habilidad extremadamente útil, y le sorprendía el hecho de que alguien como Seiyua poseía tal habilidad. Tan normal que se veía…
Bueno, “normal” ya que siempre llevaba una espada con él, no importaba a donde. De hecho, varias veces se había metido en problemas por eso. Entonces, ¿para qué rayos cargaba una espada si podía aparecerlas de la nada?
Kanon no se explicó eso.
Los golpes de las espadas de Seiyua y la lanza de Yasha continuaron escuchándose. A Yasha le costaba seguir el paso de Seiyua, quien tenía toda la ventaja. Tal y como dijo, el triángulo de armas no era problema para él.
Le molestaba, ¡le molestaba no tener la ventaja en algo como esto! Se supone que es más experimentado en la lucha que aquel chico de preparatoria, ¡se supone que él venció a Chuyen en el pasado! Entonces, ¿por qué? ¡¿Por qué se siente tan agobiado ahora?! ¿Por qué al ver esa sonrisa llena de emoción por la batalla en Seiyua le pone de nervios?! Esa sonrisa, como si fuera alguien que le gustara sentir el peligro de muerte, como si fuera alguien que disfruta de esta pelea, como si fuera una bestia sanguinaria encerrada dentro de él que busca salir. Yasha tenía ahora mismo, esa impresión de Seiyua.
Incluso, Seiyua rió.

—¡¿Qué sucede ahora?! —preguntó Seiyua, claramente emocionado tras la pelea—. ¡¿No estabas muy confiado?!

Las dos espadas de Seiyua chocaron contra la lanza de Yasha, nuevamente, las dos al mismo tiempo. Fue tan fuerte el impacto y tan poca la movilidad, que incluso algunas chispas salieron del choque entre los dos aceros. Yasha entonces retrocedió y Seiyua se vio obligado a hacer lo mismo.

—¡Muy bien, tu, maldito sádico! —Yasha reclamó—. ¡Hasta aquí llegaste!

Y, como si fuera su última alternativa, clavó con fuerza la lanza en la tierra. Al momento en el que lo hizo, el agua comenzó a emerger nuevamente. Como si fuera una cascada saliendo a la inversa, el agua salió de la nada.
Seiyua abrió los ojos con sorpresa y se vio obligado a retroceder del agua, pero, era demasiada.

—¡Seiyua! —gritó Tsuika y luego chasqueó la lengua—. ¡Ven, Kanon!

Kanon no tuvo ni una mínima oportunidad de responder cuando fue tomada de la mano por el albino, quien corrió con toda la velocidad hacia su hermano. Seiyua se dio cuenta de esto, y estuvo a punto de decirle que retrocediera y se pusiera en un lugar seguro, antes de que el agua les alcanzara. Sin embargo, lo único que hizo fue como ver como Tsuika le tomaba del brazo y, entonces, una gran esfera de hielo les rodeó, como si fuera una cúpula.
El agua chocó contra las paredes de la cúpula de hielo, los tres fueron testigos de cómo furiosamente, el agua intentaba entrar, pero aquella barrera de hielo, simplemente, era impenetrable.
Desde la azotea, tanto Enmei como Armakan habían visto la lucha, y creyeron que ya era momento para intervenir y alejar a Yasha. Pero, detrás de toda aquella agua, no había rastro de aquel demonio, y solo brotaba agua más y más. Armakan sugirió:

—Hay que bajar.

Pero Enmei no respondió. Con cierta molestia, miraba el agua correr. Armakan le miró y entonces, únicamente suspiró. Miró la cúpula de hielo creada por Tsuika, esperando que, solo eso, sea suficiente para mantenerlos a salvo.
El agua cesó poco a poco, hasta que solo quedaron pequeños charcos en la tierra mojada. La cúpula de hielo poco a poco se desvaneció como si fuera derritiéndose de la nada, pero sin dejar algún rastro de agua, contrariamente a la cascada inversa provocada por Yasha. Seiyua fue el primero en ver hacia todos lados, buscando señales de su enemigo, pero no hubo ninguna. Resopló con cierta decepción al momento que sus espadas desaparecieron en el aire, como si nunca hubieran existido.
Antes de reincorporarse lo suficiente, sintió un fuerte golpe en la cara que le hizo retroceder.
Tsuika le había dado un puñetazo.

—¡Idiota! —regañó—. ¡Te emocionaste demasiado, dejaste de pensar coherentemente! ¡¿Sabes lo que pasa cuando te pones así?!

Seiyua no respondió y se mantuvo igual que cuando recibió el puñetazo. Tsuika aprovechó para seguir hablando.

—¡Exacto! ¡No pones tus propios límites y pierdes mucha de tu propia fuerza! ¡Era un enemigo real, Seiyua, alguien que de verdad te podía matar! ¡No un pequeño demonio que solo causa estragos, o un maleante de la calle!

—Tsuika, no… no tienes por qué regañarlo tanto… —Kanon dijo suavemente, haciendo que Tsuika se callara y suspirara con enojo—. Comprendo cómo te sientes, pero piensa también en cómo se sintió Seiyua. Él solo quería protegernos.

Seiyua miró a Kanon sin expresión alguna, y luego miró a su hermano.

—¿Es… verdad? —preguntó Tsuika.

—Cuando Kanon dijo que vio a alguien extraño… —dijo Seiyua, explicando—, y con todo lo que acaba de ocurrir, sabiendo nuestros papeles, sabiendo todo, teniendo mi objetivo claro. Supe de inmediato que tenía que hacer.

—Seiyua…

—eso es todo —continuó él—. Sólo me basta con saber que, al menos le ahuyenté.

—Lo siento, no debí golpearte…

—Está bien.

—Ustedes…

Los tres se tensaron de inmediato al escuchar la voz de Armakan. Voltearon de inmediato, hacia la dirección donde se escuchó. Allí estaba, siendo seguido por Enmei, quien aún miraba los charcos de agua como si fueran su enemigo mortal.

—Armakan —Kanon fue la primera en hablar—. ¿Qué… hacen aquí?

—Ya que les dejamos salir, necesitábamos asegurarnos que estuvieran a salvo —explicó.

—Entonces… —Kanon entonces cayó en cuenta—. ¡¿Por qué no hicieron nada, entonces?!

—Armakan creía que podía ser una buena prueba para Seiyua y Tsuika —explicó rápidamente—. Ya que contamos con ellos para lo que se avecina.

—Eso imaginaba —Seiyua murmuró, no fue escuchado por nadie más que por Kanon.

—el punto es que parece que estás totalmente en forma, Seiyua —dijo Armakan—. Supongo que nos tendremos que preocupar menos por ti. Eres capaz de defenderte completamente solo.

—Claramente.

—Por otro lado, la defensa de Tsuika fue implacable —continuó Armakan. Claramente, estaba evaluando—. Ni siquiera la feroz cascada de Yasha provocó una solitaria grieta en tu barrera de hielo.

—Y-Yo… sí…

Tsuika murmuró tímidamente. No estaba acostumbrado a ser elogiado.

—Y Kanon…

Kanon se sobresaltó y miró al hombre con timidez. Éste sonrió.

—Como siempre, atrajiste los problemas —dijo, aunque podía tomarse como un regaño, en realidad, parecía más ser un comentario divertido—. Bien hecho.

—Ughm…—Kanon gimió débilmente—. Me gustaría poder hacer algo más…

—Supongo que si de verdad quieres defenderte por ti misma, podrías practicar un poco, la defensa, quiero decir —dijo Armakan.

—Yo… sí, parece una buena idea.

Ella le sonrió a Armakan y éste pareció sonreírle de vuelta. Tsuika miró primero la sonrisa de Armakan y luego la de Kanon. Parecían un par de idiotas enamorados sonriéndose estúpidamente. Los miró uno tras otro, hasta que finalmente suspiró.
¿Por qué él no tiene a alguien así a quien sonreírle tontamente?

—Tsuika, ¿todos están bien? —Enmei le preguntó, acercándose a él. Tsuika dio un sobresalto y luego le miró.

—A-Ah… sí —afirmó—. Seiyua no parece estar dañado, y nadie resultó siquiera mojado. Estamos completos y secos.

—Comprendo —Enmei cerró los ojos—. Parece que las cosas se complicarán de ahora en adelante. Por ahora, es mejor que se mantengan al margen del asunto, mientras aprenden a manejar mejor sus habilidades para poder defenderse mejor. De esa manera, eventualmente, dejarán de necesitar de nuestra vigilancia.

—Suena… lógico —Tsuika dijo—. Por ahora… deberíamos volver al colegio.

—¡Ah, es verdad! —Kanon exclamó sorprendiendo a todos—. ¡Ya debió haber pasado la hora del receso, necesitamos volver!

—Anda, anda, que luego el señor Murasaki se enojará con nosotros.

—Rayos, es verdad…

Kanon y Tsuika se adelantaron en el camino y Seiyua quiso hacer lo mismo, caminando silentemente detrás de ellas. Pero, antes de poder tomar camino, volvió a sentir esa punzada de dolor en la cabeza que le hizo doblegarse. Enmei y Armakan lo notaron, pues fue demasiado claro.

—¿Seiyua? —preguntó Enmei—. ¿Estás bien?

—Yo… sí…

Él mentía, pero su mentira fue convincente. Intentando ignorar el dolor, él caminó siguiendo por lo lejos a Tsuika y a Kanon, quienes ya se habían adelantado demasiado.
No comprendía porque estos dolores de cabeza en tan solo un par de horas, sin embargo, quería creer en lo que Tsuika le había dicho y, que quizá, solamente era estrés lo que sentía. Si acababa de tener una batalla contra un enemigo que parecía ser fuerte, una verdadera batalla, mientras intentaba proteger a Tsuika y a Kanon, es normal que le doliera la cabeza, ¿no? Después de todo, es algo que puede llegar a estresar. Eso era lo que él quería pensar, lo que intentaba convencerse aún si en el fondo quería dar con otra explicación.
Mientras se fue alejando, Armakan y Enmei le miraron. Armakan con cierta preocupación expresada en sus cejas, mientras que Enmei más sereno e inexpresivo, como solía serlo.

—Necesito notificar a Hyouya —dijo Enmei—. Armakan, encárgate de vigilar.

Y entonces, desapareció sin más, dejando a Armakan atrás, quien solamente, emitió un débil y silente suspiro.
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Y bueno, esto es todo por ahora :P Espero que les guste. Sin más, me despido.

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Re: Los guardianes (Capítulo 7)

Mensaje por Kanon Oda el Vie Oct 19, 2018 10:11 pm

seiyua es increible, pelea tan genial es simplemente imprecionante esa pelea y pobre Enmei casi muere de miedo cuando armakan le pidio que se movieran mientras el agua inundaba todo!! aaah el amor entre kanon y armakan crece poco a poco 7u7 y claro que tsuika tiene a alguien que le sonria de manera idiota solo que no lo ve .. por otro lado que preocupante lo de esos dolores de cabeza de seiyua algo le sucedera? algo malo? waaa me dejas con tantas dudas!!!!!!!!

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