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Los guardianes (Capítulo 6)

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Los guardianes (Capítulo 6)

Mensaje por Runalan el Miér Oct 17, 2018 3:29 pm

Capítulo 6
—Confrontación—


—¡¿Qué?!

Seiyua y Kanon exclamaron al unísono, mientras Tsuika estaba por detrás de ellos sin expresión. Estaban frente a la puerta del templo, con su uniforme de la escuela y sus mochilas listas. Sin embargo, estaba un pequeño… gran problema, y es que Enmei se puso en la entrada del templo y simplemente, les dijo que no podían salir. Su sorpresa fue tanta, que únicamente gritaron al unísono, tan fuerte, que incluso Enmei se sacudió la cabeza tras escuchar tremendo vozarrón.
Ambos en vez de intentar dialogar, querían discutir, y estaban preparando sus grandes argumentos para atacar a Enmei, cuestionándole porque no podían salir, pero para la suerte de todos los presentes, Tsuika se adelantó. Con la calma que siempre tenía, simplemente preguntó:

—¿Por qué no podemos salir? —preguntó cómo era común en él, con amabilidad y serenidad.

Dicha serenidad pareció ser contagiada a los demás, quienes bajaron sus ganas de discutir con argumentos estúpidos.

—No pueden arriesgarse tanto a estar afuera sin protección —afirmó Enmei, serenamente, como si se hubiera recuperado inmediatamente del vozarrón que saturó sus oídos—. Especialmente hoy.

—¡Ya he perdido demasiadas cosas por este tema! —reclamó Kanon—. ¡No es justo! ¡Yo necesito ir a la escuela!

—Eso lo hubieras pensado antes de involucrarte en todo este asunto —dijo Enmei sin más.

—¡No es como si yo lo hubiera pedido! —rezongó Kanon en respuesta.

—Yo no estoy dispuesto a perder mi partido de futbol por esto —rezongó ahora Seiyua—. ¡Además yo me puedo proteger! ¡¿De qué rayos te preocupas?!

Aquellos pequeños conciertos y clases de canto de Kanon o los juegos de Seiyua, e incluso si Tsuika no decía, también estaban sus clases de jardinería, ninguno de los tres estaba de acuerdo en perder más clases de las que ya habían perdido, pero, aun así, Enmei no se apiadó en lo absoluto.

—Ustedes dos no necesitarán ya de esas cosas —afirmó seriamente—. Y tu… tu solo quédate aquí, que por ahora eres el principal foco del problema.

Claramente se refería a Kanon, quien hizo un puchero instantáneo.

—¡Que no puedo! ¡Necesito salir! ¡No me pueden dejar encerrada en este lugar todo el tiempo!

—¿Oh? ¿Quieres ver como lo hago?

—P-Por favor, no discutan —Tsuika de inmediato se puso en medio de Kanon y Enmei, antes de que comenzaran a discutir—. ¿No hay alguna condición o manera de que podamos salir, Enmei-san? … Lo necesitamos.

Enmei miró a Tsuika por unos breves instantes, como si intentara convencerse a sí mismo de buscar opciones. Pero, luego el pasado lo abofeteó recordándole la realidad. Él entonces apartó la mirada.

—No, lo siento.

—¡AH! ¡No es justo!

Al momento que Kanon gritó nuevamente, Armakan se acercaba a la escena. Miró a los chicos alterados por no poder salir, luego, su mirada se dirigió a Enmei.

—¿Enmei? ¿Qué sucede? —preguntó serenamente—. Todos parecen estar agobiados… más bien, desesperados.

—Hyouya me pidió que no los dejara salir —contestó Enmei—. Podría ser peligroso, tomando en cuenta que ahora mismo son un blanco fácil. Los tres.

Eso iba dirigido a Seiyua, y éste, al notarlo, soltó un gruñido mientras se cruzaba de brazos.
Armakan por otro lado, pasó una mano por su barbilla, meditando el asunto. Con un semblante sereno, era difícil darse una idea de hacia donde se estaba inclinando, si dejarlos salir o ponerse del lado de Enmei y oponerse a su libertad. No obstante, luego bajó la mano y aunque fue débil, casi imperceptible, únicamente esbozó una débil, muy débil sonrisa.

—Nosotros podremos cuidarlos si están afuera, pero no hay motivos reales para no dejarlos salir —explicó brevemente, los tres chicos sonrieron al escuchar finalmente su veredicto—. Ellos aún tienen sus deberes.

Enmei resopló, claramente en desventaja. Con su fuerza, fácilmente podría seguir en su posición de no dejarlos salir, pues ni siquiera alguien como Armakan era rival para él. Sin embargo, cedió. Únicamente, porque sentía que, de esa manera, Tsuika no lo odiaría o se disgustaría. Eventualmente, se hizo a un lado, dejando la puerta al descubierto.

—Gracias, Sr. Enmei —Seiyua dijo burlonamente—. Prometeré no meterme en problemas.

Y salió. Tsuika fue detrás de él, aunque se detuvo antes para hacer una ligera reverencia.

—Muchas gracias, Enmei-san.

Y sonrió dulcemente, para luego seguir a su hermano. Enmei miró como se fueron ambos, pero especialmente, Tsuika. Por su mente pasaron aquellos momentos del pasado, nuevamente, como si quisieran revivir; últimamente se han hecho frecuentes. Sin embargo, Armakan puso una mano en su hombro, devolviéndolo a la realidad.

—Ve a cuidarlos, si tanto te preocupa.

Enmei le miró por unos instantes, de manera inexpresiva, y luego, se apartó y desapareció, desvaneciéndose en la nada.
Armakan sonrió brevemente, hasta que se dio cuenta que Kanon seguía allí. Antes de volver a sus actividades comunes, simplemente, volteó a verla.

—¿No irás tú también? —preguntó.

Kanon se sonrojó de golpe. Claro, ella era la que había estado haciendo más escándalo por no poder salir, y, sin embargo, fue la que se quedó embobada mirándolo. Ella asintió con la cabeza y salió del templo, muy por detrás de Seiyua y Tsuika.
Armakan le siguió la vista, hasta que estuvieron demasiado lejos como para verse. Fueron breves momentos los que pasaron hasta que, suavemente, frunció el ceño de una manera poco perceptible pero que, aun así, expresaba bastante inconformidad. Se supone que Enmei les iba a vigilar, pero, ¿por qué se siente tan preocupado?
Sin decir nada más, él también se desvaneció, siguiendo entre las sombras a aquella chiquilla que tenía el don inusual de meterse en problemas constantemente.
El tiempo pasó y, aunque llegaron tarde, pudieron llegar a sus aulas de clases. Seiyua era un grado mayor que Tsuika y Kanon, quienes iban en la misma clase, por lo que Seiyua iba separado de ellos y tenía un diferente horario. Aun así, en ocasiones, aprovechaba el receso para acercarse al aula y conversar con Tsuika, a veces, con Kanon.
Ninguno se esperaba que en este día las cosas fueran distintas para todos. En vez de que entrara el maestro de siempre, entró una persona distinta, en la clases de Kanon y Tsuika. Ella era una mujer llena de elegancia, con un cabello rojizo y ligeramente ondulado que reposaba sobre sus hombros. Con un porte elegante y refinado, ella caminó hasta el escritorio, donde puso un gran libro negro del ancho de un diccionario. Con sus hermosos ojos azules, ella miró a toda la clase: los hombres (en su mayoría) la miraban embobados, y las mujeres con admiración. Pero Tsuika frunció ligeramente las cejas al verla. No con disgusto u odio, sino más bien, con sospecha. Mientras que Kanon admiraba la belleza de la mujer.

—Es un gusto conocerlos a todos —ella se presentó. Su voz era digna de su belleza, suave y melódica, como si fuera una mujer de alta clase hablándoles—. Mi nombre es Olivia Koldun, y seré su maestra de planta a partir de hoy. Lamentablemente, el señor Katsuya Kagehara no estará más en este plantel, pero, en su lugar estaré yo. ¡Espero que podamos llevarnos muy bien!

Olivia:

Ella sonrió suavemente, y por consecuencia, todos los demás le sonrieron y asintieron de vuelta. Incluso hubo algunos atrevidos que osaron lanzarle piropos y palabras llenas de afecto. Ella solo sonrió recibiéndolos, con amabilidad. Sin embargo, para la vista de Tsuika, algo andaba mal. No sabía decir que, pero, algo le incomodaba. Al ser el único que no parecía conforme de lo que ocurría, recibió una mirada de Olivia, que le hizo sobresaltarse. La mujer le sonrió suavemente, más que, como si esperara recibir elogios a cambio, parecía más bien, darle algún mensaje que Tsuika, aunque notó la intención, no fue capaz de captar. Kanon notó esto y volteó a ver a su compañero, notando inmediatamente su incomodidad. Su mirada entonces se fue a Olivia Koldun, quien ya estaba abriendo aquel libro gigantesco para impartir la clase.
En el techo de la escuela, aquella área prohibida, estaba Enmei en la orilla. Tan peligrosamente en la orilla, mirando a los estudiantes entrar aún al plantel. Si bien, era demasiado tarde, algunos aún caminaban con mucha calma.

—No tienes ni el más mínimo miedo de caerte, ¿verdad?

Enmei cerró los ojos al escuchar la voz de Armakan. Era verdad, no le daba miedo este tipo de cosas. ¿Para qué preocuparse si puede flotar o crear portales para prevenir caídas? Hace milenios que había dejado de preocuparse de cosas tan simples. Incluso había olvidado lo que era el paso del tiempo, pero ahora, por alguna razón, le había tomado importancia de nuevo. Esa razón… era que alguien había vuelto a nacer.

—¿También viniste tú, Armakan? —preguntó Enmei aún sin abrir los ojos—. ¿No confías en que yo podría cuidarlos?

—No es eso —afirmó él, llamando la atención de su compañero, quien abrió los ojos y lo miró de reojo—. Hay algo que me está incomodando…

—¿Oh? ¿El qué?

—Esa chica…

—No tiene nada de especial —afirmó Enmei—. Únicamente es una humana desafortunada. Así como ella ha habido varios. ¿De qué te preocupas?

—Precisamente, de eso.

Una respuesta muy ambigua, de hecho, sin embargo, Enmei abrió los ojos con ligera sorpresa y lo miró con la misma, como si se mostrara escéptico de algo.

—No… me digas que tú…

Él no terminó de hablar cuando escucharon un fuerte estruendo proveniente del cielo. Una lanza cayó desde el mismo lugar, como si fuera algún tipo de bomba, pero, solamente se clavó en el techo de la escuela. Enmei y Armakan se pusieron rápidamente en guardia y, de manera imprevista, de aquella lanza comenzó a emerger agua.
Enmei fue el primero en reaccionar y se alejó flotando del lugar, mientras que Armakan se subió al techo de la puerta de la azotea. Una persona, entonces, bajó desde donde provino la lanza, tomándola.
Un hombre con cabello rojizo y un par de cuernos negros. Con unos llamativos ojos verdes, miró a Enmei y Armakan.

—¡Aquí están, ustedes dos!

Enmei chasqueó la lengua al verlo. Conocía bien a esta persona, oh, claro que lo hacía. El demonio que manipulaba el agua: Yasha.

Yasha:
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—¿De nuevo, tú? —preguntó Armakan con ligera sorpresa.

—Juraría que los había convertido en piedra —Enmei murmuró para sí mismo.

El hombre de la lanza la tomó y simplemente, con una sonrisa llena de orgullo, los miró, desafiantemente.

—Tiempo sin verlos, a ambos —dijo con un semblante orgulloso e incluso algo creído, lleno de superioridad—. Ya creía que nunca más los volvería a ver. Que grata sorpresa, ¿no? Supongo que, ¡ahora podremos divertirnos mejor!

Él rápidamente se lanzó contra Armakan, en un movimiento tan rápido que fue casi imperceptible. Para suerte de este, Armakan pudo evadirlo, dificultosamente, pero con éxito. Yasha arrastró por el suelo su lanza para poderse detener, entonces, con la misma, tomó impulso y se lanzó hacia el hombre, dándole una patada y lanzándolo contra el suelo de la azotea. Sin embargo, se abrió del cielo un gran portal, que mostraba un cielo nocturno inusual. Al mirarlo, Yasha supo lo que venía en camino y corrió intentando alejarse del lugar. Pero, simplemente, era imposible.
Varias estrellas fugaces salieron del portal y siguieron a Yasha incansablemente. Éste era rápido, pero las estrellas también lo eran. Corrió y corrió, hasta que hizo que cada una de estas diera en blancos distintos. El portal, sin embargo, seguía escupiendo estrellas. Fue cuando Yasha se dio cuenta de lo estúpido que había sido. Enmei era demasiado fuerte, ¡lo había olvidado!
En uno de sus intentos de evitar las estrellas, sintió un ardiente golpe en su abdomen que lo lanzó hacia los árboles cercanos al plantel. Armakan había dado en el blanco. El portal de donde salían las estrellas se cerró, al momento que Enmei descendía desde los aires, suavemente, hasta la azotea. Ambos con dirección hacia donde había caído Yasha.

—Ese hombre siempre ha sido imprudente a la hora de pelear —Armakan dijo—. Capaz de incitar a la lucha a dos personas más fuertes que él.

—Ese no es el problema —dijo Enmei—. Si sabemos que es estúpido… está vivo.

Armakan no dijo nada y frunció el ceño, aun manteniendo su perfil hacia la dirección de Yasha.
En el pasado, ellos hicieron un hechizo, o, más bien, Enmei hizo un hechizo. Convirtió en piedra a aquellos sirvientes de Abbar, ya que se le pidió que no los matara, puesto que si eso ocurría, podrían revivir igual que como lo hicieron Shiroka y Chuyen. En cambio, si se convertían en piedra, supuestamente, no deberían volver a aparecer en ningún momento. Sin embargo…

—¿Por qué? —se preguntó Enmei.

Sin embargo, en la mente de Armakan, ocurría otra cosa. Él se preguntaba más que el hecho de que volvieron, el hecho de ¿por qué los atacó? En clara desventaja, sin una estrategia planeada. Ya sabían que Yasha era idiota, ¡pero no que lo era tanto!
Además, no ha regresado. Si quisiera una pelea de verdad, Yasha habría vuelto. Pero no lo hizo.
En cambio, Yasha, que había caído entre los árboles del bosque que estaba cerca de las instalaciones de la escuela, se movió entre los arbustos, con ayuda de su lanza. Él se sacudió las hojas mientras se limpiaba unas pequeñas heridas superficiales que se hicieron en su cuerpo por la caída, lamiéndose la sangre con sus dedos.
Él, entonces, sonrió.

—Ya hice mi parte, Sadaya.

El timbre de cambio de clase había sonado ya, mientras que se llevaba a cabo aquel enfrentamiento en la azotea que nadie fue capaz de percibir. Los maestros salieron de sus aulas en silencio, y el partido de futbol de los grados superiores estaba por comenzar. Seiyua participaba en ellos, únicamente, porque su padre le dijo que no debía estar de flojo, y que lo expulsaron de las clases de Kendo por ser muy agresivo con sus rivales. Por lo tanto, se dirigía hacia el campo, caminando por los pasillos.
De improviso, sintió una fuerte punzada en su cabeza que lo hizo tirar su mochila y llevar su mano hacia la cabeza. Fuerte, fuerte, cerró sus ojos, tanto, que sentía que simplemente, no alcanzaba para más. Él gimió débilmente en queja, hasta que una mano le tocó el hombro.

—E-Ey, ¿estás bien?

Seiyua abrió un poco uno de sus ojos, únicamente, para poder ver a una hermosa mujer de cabellera rojiza, que parecía entre preocupada… y entre divertida.

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Eso sería todo por hoy :3 lamento haber tardado u.u pero no había tenido tiempo de escribir, mucha tarea y deberes. ¡Pero ya me pude hacer un tiempito! Así que aquí está :3 espero que no les aburra. Sin más, me despido.

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Re: Los guardianes (Capítulo 6)

Mensaje por Kanon Oda el Miér Oct 17, 2018 11:46 pm

que pelea!! pero que pretendia la retar a los dos asi?... algo trama el y esa nueva maestra!! quiere seducir a seiuya!! ._.Uu ... por otro lado Enmei debe tener conflicto.. quiere a tsuika pero no sabe como llamar su atencion de manera romantica 7u7 si le pide ayuda a kanon seguro ella le ayudaria por otro lado armakan esta sientiendo algo por kanon .. y ella por el wooooo me encanta tu fic!!!!! no hayo como expresar lo mucho que me gusta espero la conti ansiosa!

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