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Los guardianes (Capítulo 5)

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Los guardianes (Capítulo 5)

Mensaje por Runalan el Dom Oct 14, 2018 3:39 pm

Capítulo 4
—Planes y suposiciones—


“Dicen que a veces la oscuridad de un corazón atrae a otra oscuridad. E incluso, que aquella bondad excesiva o una luz imperturbable atrae la malicia, ¿será eso verdad? Sólo queda esperar y ver el espectáculo que se armará”.

La luz contra la oscuridad es una batalla cliché que se ve en todos los sitios, y que incluso está desde años, siglos, milenios atrás. Son contrapartes, opuestos, enemigos, nunca jamás serán amigos incluso si van tomados de la mano. Sin oscuridad no puede haber luz, igual que sin luz no puede haber oscuridad. ¿Será eso verdad? Este es el mejor momento para probar ese dicho. “Tienen que coexistir”.

—Sin embargo, no parece más que pura habladuría.

Una mujer estaba parada por encima de un edificio, con sus manos cruzadas y un semblante vacío en su mirar. Miraba lo que era la ciudad y, en el fondo, luminoso como si fuera una gran atracción, el templo que adornaba el mismo lugar. Era llamativo, incluso a su vista. En sus hermosos ojos se veían reflejados aquellas luces que adornaban todo el lugar. Y, sin embargo, ella chasqueó la lengua con desdén.

—¿Qué haremos ahora? —preguntó un hombre que estaba a su lado, sentado informalmente sobre la orilla del edificio—. La última vez solo logramos abatir a dos, y parece ser que volvieron a nacer. No sé tú, pero esto está siendo un dolor de culo.

—Logro concordar con él —dijo otro hombre, más alto y fornido que el otro—. Es como si los tuviéramos juntos nuevamente, como si no hubiéramos avanzado en lo absoluto. Al contrario, ahora mismo no tenemos al Señor Abbar con nosotros. Estamos en gran desventaja si ellos tienen a Enmei.

—Lo sé, ya lo sé —recalcó la mujer, claramente enfadada—. Ahora mismo, no podremos hacer nada si Abbar no está en su momento. Necesitamos sacarlo de su Diamante.

—¿Y cómo planeas hacerlo, señorita? —preguntó el hombre menor. La mujer cerró los ojos por unos momentos y luego los abrió, mirando el templo a lo lejos, detenidamente.

—Chuyen y Shiroka… en estos momentos, son hermanos, ¿no?

Ella sonrió. Tenía su plan formulado en menos de dos minutos. Ahora, solo tenía que repasarlo y asegurarse de que no tuviera fallas. Pero, ya tenía un punto al que golpear, ya tenía sus intenciones claras. Sería muchísimo más sencillo si uno de los guardianes faltara con ellos, o, mejor aún, si el guardián con mayor maestría en combate se volteara en contra de ellos. ¿Y podía ser mejor para ellos? ¡Claro! Ahora, ese guardián tenía un hermano… el guardián más querido de todos; Shiroka.

—¿Qué tienes planeado ahora, mujer? —preguntó de nuevo el hombre más pequeño.

La mujer solamente esbozó una débil sonrisa, sin recitar palabra alguna.

Dentro del templo, Enmei miró por uno de los grandes ventanales del lugar, exactamente hacia un punto en concreto. Entre cerró los ojos y se levantó de su asiento, pero fue rápidamente detenido por la voz de Hyouya.

—Está bien, Enmei —dijo él—. Perder energías ahora peleando será inútil. Ya conocemos a nuestro enemigo de todas maneras. Deben tratarse de ellos.

—Pues sí que estaban escondidos, como las ratas que son —reclamó Enmei. Volvió a tomar asiento, recargándose sobre la mesa.

Estaban en lo que parecía ser una pequeña biblioteca dentro del templo. Un lugar repleto de libreros y mesas, lámparas y sillas. Era claramente una biblioteca. Enmei en sí, no era gran fanático de la lectura. En su vida habría tocado solo uno o dos libros y era para golpear a alguien. Hyouya, por otro lado, le fascinaba leer, pero en este momento, ese no era el caso.
Había estado buscando entre los antiguos escritos, eventos que hayan podido involucrar humanos a lo largo del tiempo, en algún evento relacionado con Abbar. Sin embargo, no ha dado con ninguna posible prueba o pista de que algo así haya podido suceder en algún momento. Se estaba comenzando a fastidiar de leer tanto no por gusto, sino por necesidad, tanto, que incluso Enmei notaba la molestia creciente en el castaño.
Enmei resopló, como si se hubiera contagiado de la amargura de Hyouya, y simplemente apartó la mirada hacia la puerta.

—Esa humana, quizá simplemente se involucró más de lo que debía —afirmó él—. Armakan dijo claramente, que ella se había quedado parada mucho tiempo frente al diamante.

—¿Dices que quizás el diamante pudo aprovechar para hacer algo? —preguntó Hyouya, volteando a verle.

—O quizás aprovechó para adherirle algo —afirmó nuevamente.

—Entonces, ¿por qué habría sido atacada esta mañana? —preguntó nuevamente Hyouya. Ese era el pequeño problema que no encajaba.

Si le adhirió algo, ¿para qué atacarla después?

—Quizá, solamente quizá… —Enmei llamó nuevamente la atención de Hyouya—. Asesinándola podrá conseguir algo.

—¿Conseguir… algo?

Entonces todo se conectó repentinamente en su mente.
“Luz y oscuridad”.
Abbar es un ser de oscuridad pura que necesita de luz para poder emerger en el mundo, como su contraparte, la necesita. Anteriormente, intentó hacer lo mismo con Shiroka, pero no pudo, puesto que Shiroka fue demasiado para él. Sin embargo, ahora, tener el corazón luminoso de una humana, sería sencillo. Quizá, solamente quizá, tal y como dijo Enmei, adhirió algo a ella, quizá algo que podría atraerse a sí mismo, y de esa manera, sería más fácil atacarla y asesinarla, para, solo, de esa manera, conseguir un luminoso corazón de un humano.

—Conseguir el corazón luminoso de un humano… es la única explicación que encuentro —Hyouya repasó. Al mencionar tal “tontería” como pensaría Enmei, volteó sus ojos hacia él, sin moverse en lo absoluto.

—¿Corazón luminoso de un humano, dices? —él se levantó de la mesa, únicamente quedando sentado en la silla—. No hay ningún humano cuyo corazón sea totalmente luminoso. Todos, en algún momento, tenemos algo de oscuridad en nuestros corazones. Nadie es la excepción. Incluso los niños con su inocente crueldad, o los adultos con sus arrepentimientos y malas intenciones que tienen en un momento de sus vidas.

—Ah, de nuevo con tus problemas existenciales —Hyouya sonrió débilmente con algo de cinismo, aunque después volvió a su semblante normal—. Entonces, si es tal y como dices, esa chica no tiene un corazón luminoso como tal. Entonces, ¿por qué?

—He ahí la cuestión —Enmei se recargó en el respaldo de la silla—. Quizá simplemente Abbar está haciendo las cosas a lo idiota y nosotros nos estamos quebrando la cabeza con esto.

Hyouya soltó una risa ahogada, llena de disgusto, pero simplemente, que no pudo ser contenida. No dijo nada más, Enmei simplemente cerró los ojos mientras se había recargado en la silla.

—¿Dónde está Armakan? —preguntó Hyouya.

—Estaba arriba, vigilando —afirmó Enmei—. ¿Lo necesitas?

—Es solo que es más ameno hablar con él que contigo.

—Que gracioso.

Hyouya sonrió débilmente y volvió a lo suyo, volviendo a aquella lectura.
El templo tenía varias habitaciones. Aquellas que pertenecían a Enmei, Hyouya y Armakan, aparte de las que anteriormente pertenecían a Chuyen y a Shiroka. También tenía unas cuantas, de sobra, por si se llegaban a necesitar. Y, aunque nunca creyeron que fuera a darse el caso, finalmente llegó el momento en el que las necesitarían. Kanon tomó una, Seiyua y Tsuika tomaron otra. A ninguno se le permitió regresar a sus casas o salir a un sitio. Kanon pues estaría sola, y sería atacada posiblemente, nuevamente. Seiyua y Tsuika, aun cuando tenían su propia casa junto con Hyouya (que no vivía en el templo al igual que Enmei o Armakan, pero su habitación era de antes de que adoptara a sus hijos), decían que era más seguro quedarse en el lugar junto con ellos, de esa manera, podrían ser vigilados ante cualquier anomalía. Los tres.
Kanon estaba sentada frente al espejo del tocador, de adornos de oro y bien cuidado, aún si se veía viejo. Cepillaba su cabello débilmente, sin ánimos. Se había perdido de muchas cosas el día de hoy; de la escuela y, peor aún, de ese trabajo que le había salido finalmente, ese trabajo que había estado buscando por mucho tiempo.
Soltó un suspiro de derrota, entremezclado con tristeza y decepción. Cuando pensaba de tener una gran aventura, no se imaginaba tener que estar encerrada para su propia protección. En su mente no pasaba eso, pero, ¿qué podía hacer ahora? Ellos eran los que sabían, mientras que ella es solo una ignorante del tema que, por algún azar del destino, se vio involucrada.

—Que molestia… —se dijo a sí misma—. Pero supongo que esto me pasa por ser curiosa.

Si hubiera ignorado el diamante… quizá la historia sería otra. Pero, ¿realmente se arrepiente o de alguna manera, se siente especial? Esa era la cuestión ahora. Más que sentirse especial, sentía como si algo de esto le gustara. Dejó el cepillo sobre el tocador y se recargó en la silla, mirando el techo.
¿Algo que le gustara de todo esto?
Cerró los ojos, repasando todo por lo que había vivido. Y entonces, en su mente, la imagen de Armakan llegó. Tanto en el momento que se conocieron cuando ella estuvo fascinada por aquel diamante negro, como cuando él le dijo que le protegerían de los males que podrían acecharla. Su corazón palpitó tan fuerte, que incluso le llegó a doler el pecho. Abrió los ojos al son de sus propios latidos y entonces, sus mejillas se sonrojaron inmediatamente.
¿Se había visto atraída por aquel hombre?
Era apuesto, era verdad. Pero, ¡¿realmente se había visto atraída por él?!
Kanon siempre se fijaba en los chicos, ¡el amor era algo fundamental en su vida! Sin embargo, casi nunca llegaba a nada y terminaba deprimiéndose aún si sabía de antemano que iba a terminar mal. Pero ahora, con Armakan, aunque solo lo conoce de vista, básicamente, siente algo distinto.
Ella negó con la cabeza y se golpeó las mejillas en dos ocasiones. Se levantó y caminó hacia la puerta.

—Un paseo por el templo me ayudará a dejar de pensar en tantas tonterías —se dijo a sí misma mientras salía de la habitación que se le dio.

Los pasillos del templo eran extensos y curvos. Era fácil perderse si no lo conocías bien, y Kanon tenía miedo de terminar perdida. Por eso decidió simplemente caminar cerca de su habitación, para evitarles problemas a los demás.
Seiyua, por otro lado, conocía el templo casi a la perfección, pues desde niño visita este lugar constantemente para ver a su padre.
Él y Tsuika fueron adoptados por Hyouya cuando eran niños. Primero él, luego Tsuika. Por eso es que ellos se llevan tan bien, pues solo eran un par de huérfanos que tuvieron que lidiar por muchas dificultades. En su caso, era maltratado por su familia anterior, hasta que finalmente lo separaron de ellos y terminó en manos de Hyouya. Y Tsuika… … era un caso muy diferente.
Seiyua se paró enfrente de uno de los grandes ventanales, mirando la luminosa ciudad silente. Era muy tarde ya, y la mayoría de personas deberían de estar dormidas. Tsuika, por ejemplo, ya estaba dormido, y él se aseguró de no hacer ruido para no despertarlo.
Entre cerró un poco los ojos, mientras seguía observando la ciudad a lo lejos. Las personas… ¿realmente merecían ser salvadas? Repasando todo lo que su padre les contó; como Abbar buscó tener al mundo entero bajo su mando, esclavizando a la humanidad porque, según él, solo eran una especie débil que no merecía ser la especie dominante del planeta. Como Shiroka fue el primero en oponerse a él, con el fin de proteger a la humanidad. Como detrás de él, Enmei le siguió, luego Hyouya, luego Armakan y, finalmente, él mismo, como Chuyen, en el pasado.
No sabe que pensamiento tendría en ese entonces como para buscar proteger a los humanos. Pero, ahora, se pregunta, ¿los humanos merecen ser protegidos?

—Los humanos son demasiado crueles… ¿Por qué mejor no simplemente dejarlos morir como los bichos que son? —se dijo a sí mismo, entrecerrando los ojos a la vez que fruncía sus cejas en disgusto.

Solo pensar en salvarlos…

—Exactamente, ese pensamiento tenía yo.

Seiyua dio un sobresalto al escuchar la voz de Enmei. Estaba caminando hacia él, viniendo desde la oscuridad más allá del pasillo. Cuando se reincorporó, Seiyua le miró con disgusto. No solo porque le asustó y le escuchó, sino porque, simplemente, a Seiyua nunca le agradó Enmei.

—¿Y? ¿Entonces por qué proteges tanto a los humanos? —preguntó Seiyua, en un tono desafiante.

Enmei supo de inmediato el desdén con el que Seiyua le trataba, pero mantuvo su perfil sereno como era de costumbre, casi inexpresivo que simplemente, parecía carecer de emociones. Eso, se alguna manera, le hacía ver imponente, tan imponente como las leyendas contaban. Él entonces, miró por el ventanal la gran ciudad iluminada, nocturna. Y luego de suavizar un poco su mirada, habló:

—No los protejo porque yo quiera —dijo él, suavemente, tanto que desconcertó a Seiyua, pues parecía hablar con sentimiento—. Sino porque, eran importantes para él. Shiroka siempre protegió a los más débiles, pero no había nadie que lo protegiera a él.

Entonces, Enmei cerró los ojos, recordando el pasado.

—Cuando él murió, murió protegiendo a los humanos. Fue entonces, cuando decidí que, si algo les pasara a ellos, la muerte de Shiroka habría sido en vano.

Seiyua abrió los ojos con algo de sorpresa, mirando a Enmei. Nunca lo había visto expresarse así de alguien, proteger algo que alguien más protegía…

—¿Tú… estabas…?

—Shiroka era una gran persona —finalmente, Enmei abrió los ojos—. Y estoy seguro que lo sigue siendo.

Seiyua entonces miró nuevamente el ventanal, la ciudad nocturna.
Tsuika era la nueva encarnación de Shiroka, como él es la nueva encarnación de Chuyen. El hecho de que Enmei se expresara así de Shiroka y de Tsuika…

—Ya entiendo… —Seiyua dijo—. Siempre ha sido una gran persona… Tsuika… siempre lo ha sido…

Enmei no dijo nada más y se mantuvo mirando por el ventanal, igual que Seiyua.

—Pero… —interrumpió Seiyua la paz—. No te lo dejaré tan fácil. No sé qué relación hayamos tenido él y yo en el pasado, pero, ahora es mi hermano. Ni creas que te dejaré tocarlo.

Enmei sonrió débilmente con algo de orgullo.

—Ni creas que te estoy pidiendo permiso.

Seiyua gruñó y quiso golpear a Enmei, pero este desapareció y reapareció más lejos de él, riendo débilmente, mientras que Seiyua maldecía todas las malas palabras que conoció a lo largo de su vida.
En el doblez de una esquina, en uno de los pasillos, Kanon estaba recargada. Había escuchado todo, y de alguna manera, esto le hacía comprender un poco mejor todo lo sucedido. Que no era la única que se había visto en vuelta en un problema que, posiblemente, no le concernía.
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Bueno, y eso es todo por hoy. Me disculpo si está aburrido, pero ya irá comenzando lo mejor 7u7 Sin más, me despido.

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Re: Los guardianes (Capítulo 5)

Mensaje por Kanon Oda el Dom Oct 14, 2018 9:57 pm

Quienes son esos personajes???? Son aloados de abbar .. son enemigos *-* se pondra bueno.. y me dio risa la pelea de enmei y seiyua!! Ese enmei no sabe pedir permiso y seiyua tan sobre protector ... son un encanto, y kanon soñando despierta con Armakan 7u7 esta increible y nada aburrido!! Espero conti ansiosa!!

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