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Los guardianes (Capítulo 4)

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Los guardianes (Capítulo 4)

Mensaje por Runalan el Jue Oct 11, 2018 3:33 pm

Capítulo 4:
"Conclusión"

Los momentos pasaron como si fueran segundos, tan rápidos que Kanon simplemente no tenía consciencia de lo que ocurría de verdad. Atacada sin más, sin ningún motivo por un desconocido, tuvo la grandísima suerte de que Seiyua le terminara salvando. De no ser por ese motivo… ella seguramente no estaría corriendo siendo tomada de la mano por Tsuika, en estos instantes. Lo agradece, agradece haber sido encontrada.

—Kanon, ¿realmente no te logró hacer nada? —preguntó Tsuika con un genuino tono de preocupación en su voz.

Kanon, sin embargo, negó con la cabeza. Simplemente no tenía expresión alguna, su cabeza estaba analizando todo aún y, por más que intentaba procesarlo, simplemente, no daba con una respuesta. Miró entonces a Seiyua, con su semblante serio que era de lo más normal en él, sin embargo, ahora tenía algo sombrío que le daba una apariencia simplemente tétrica. Por eso, simplemente bajó la mirada mientras aún era arrastrada por Tsuika. Posiblemente, hoy no iba a tener ese pequeño trabajo en el bar.
No tardaron mucho en llegar al templo, aún si para Tsuika los momentos parecieron eternos, para Kanon y Seiyua fueron extremadamente rápidos. Entraron y el primero en recibirlos fue Hyouya.
Kanon ya lo sabía, él era el padre de los dos hermanos, y ya sabía que trabajaba allí, como el que solía relatar la historia de cada cosa del lugar y, además, aquella leyenda que asediaba el pueblo entero, siempre que venía lo escuchaba con atención, ya que relataba todo como si él mismo lo hubiera vivido. En la mente de Kanon, en estos instantes, no cruzaba el pensamiento de que eso fuera… de hecho, cierto. Haberlo vivido en carne propia.

—Tsuika, Seiyua, ¿por qué tan deprisa? —preguntó, claramente preocupado, incluso si intentaba ocultar aquella expresión.

—Lo de ayer, ya sabemos dónde terminó —dijo Seiyua, serenamente como solía ser—. Poseyó a una persona, y atacó a nuestra compañera.

Él miró a Kanon y de manera inmediata, la mirada de Hyouya también se dirigió a ella, con un poco de sorpresa. Kanon, con un poco de timidez no solo por el hecho de haber sido traída de la nada, sino por el hecho de que casi había sido asesinada ahí mismo, simplemente sonrió torpemente, y antes de poder decir algo, fue interrumpida por una voz masculina.

—Tu eres…

Kanon volteó a ver rápidamente al hombre que había hablado, para llevarse la sorpresa de que era el mismo que la hizo sobresaltarse en cuanto vio al diamante negro y entró en una especie de trance. El mismo hombre de tez morena y cabellos grisáceos, tan alto y apuesto. En aquellos lejanos momentos, no había prestado atención a esos detalles, pero ahora, estos parecían resaltar como diciéndole “soy apuesto”. Mentalmente se dio una palmada.

—¿Yo soy? —ni siquiera sabe porque respondió estúpidamente unas palabras que claramente, ni siquiera debían ser respondidas. Tsuika fue el único que notó tal comportamiento errático de su amiga.

—Cómo olvidarte, la chica que estaba inmersa en el diamante ese día —analizó, entre pensamientos y recuerdos antiguos—. ¿Sucedió un problema con ella?

Ahora, Armakana volteó hacia Seiyua y Tsuika. Tsuika no dijo nada, como era de costumbre, así que Seiyua tomó las riendas del asunto y comenzó a explicar:

—Fue atacada por un títere —dijo fríamente—. O… quizá, un intento de títere.

—¿A qué te refieres con eso? —preguntó ahora Hyouya.

—Era un hombre, o lo fue. El punto, es que parecía estar siendo poseído por alguna fuerza sobrenatural —explicó serenamente, ni siquiera parecía importarle el tema—. Atacó a Kanon específicamente. Además, Tsuika dice que vio raro en él.

Todas las miradas se fueron al albino, incluyendo la de Kanon y la de su hermano. Dio un pequeño respingo al ver que todas las miradas se habían quedado encima de él y, ligeramente sonrojado debido a la vergüenza, simplemente bajó la mirada mientras jugaba con sus dedos torpemente.

—Y-Yo… uhm… bueno, había algo extraño en él que, me sorprendió ser el único capaz de verlo, pero había un aura negra rodeándole. O bueno, era como morada, yendo para negro… no lo sé, el color era muy extraño.

—Un… aura rodeándole, eh… —fue una voz distinta ahora la que interrumpió. Se dieron cuenta, todos, de que se trataba de Enmei, sin embargo, Kanon no lo conocía—. Debería ser aquella pequeña escapada que dio el aura de Abbar.

—La que salió anoche… claro —Hyouya repasó—. La cuestión es, ¿por qué atacó a esta chiquilla?

Y entonces, el silencio se hizo presente. Nadie dijo nada, ni siquiera Kanon dijo algo para poder defenderse, ya que ni siquiera ella entendía la cuestión. ¿Por qué había sido atacada? ¿Habría sido porque miró mucho tiempo ese diamante? ¿No debería haberlo visto? ¡¿Entonces porque estaba en exhibición?! ¡Se supone que era para verlo! Pero ahora, parece que tiene a un antiguo dios de la destrucción detrás de ella, solo por observarlo.
Que sensible que era ese Abbar.
Entonces, fue cuando de la nada, Tsuika habló, sorprendiendo a todos, pues con su timidez, era raro que tomara él mismo la iniciativa de algo.

—Quizá… ¿Kanon tiene algo que le atrae?

—Eso suena estúpido —dijo Enmei, a lo que recibió un chitón por parte de Hyouya.

—¡Nunca cuestiones nada, Enmei! —rezongó Hyouya—. Aunque ciertamente suena… tonto, realmente puede tener algún tipo de sentido si le pones cierta empatía. Si Kanon se vio entretenida aquella vez por el diamante, ¿no sería por algo específico?

—Eso… concuerdo con Hyouya en ese punto —comentó Armakan—. Nunca nadie se había interesado por el diamante de Abbar como lo hizo ella, quizá hubo algún tipo de conexión, o, quizá, simplemente le atrajo su aura inconscientemente.

—¡No, nada de eso! —Kanon rezongó de manera inmediata—. ¡No hablen como si yo no estuviera aquí, yo también tengo derecho a pensar y…!

Antes de que pudiera terminar de hablar, un estruendoso sonido se escuchó. Rápidamente Enmei, Armakan y Seiyua tomaron la defensiva poniéndose en guardia, pero Hyouya, quien parecía entender que sucedía, mantuvo la firmeza. Suspiró débilmente y caminó, desconcertando a los demás.

—¿Hyouya? —preguntó Armakan.

—El diamante quiere liberarse, definitivamente, Abbar está ahí dentro y está buscando la manera de salir —explicó Hyouya—. No sé si seremos capaz de mantenerlo allí dentro, cuando ni siquiera sabemos cómo terminó en aquella forma. Pero, de algo estoy seguro… si queremos prevenir que suceda algo similar a lo de hace siglos, entonces, necesitamos a Chuyen y a Shiroka.

Él volteó a ver a sus hijos, quienes no comprendieron bien el asunto, hasta que Seiyua reaccionó inmediatamente y únicamente bajó la mirada con desdén. ¿No sería más fácil buscar a gente más capacitada? … no lo dice por él, sino por Tsuika. Seiyua es capaz de defenderse perfectamente con la espada, y no tiene miedo de luchar arriesgando su vida, ¡de hecho, le da una emoción que no puede describir!, sin embargo, su hermano menor, Tsuika, no estaba hecho para eso. A parte de que detestaba la lucha, era alguien demasiado frágil tanto física como mentalmente, el simple hecho de que ahora se vea envuelto en un problema que ni siquiera él pidió, sino su vida anterior, solo hace que se preocupe más por su bienestar físico y mental. Eso, era lo único que preocupaba no solo a Seiyua, sino aquellos que conocían precisamente a Tsuika, como Enmei y Hyouya.

—No tenemos otra opción, ¿verdad? —dijo Tsuika, acaparando la atención de todos—. No es… como si pudiéramos elegir lo que podremos hacer a partir de ahora. Simplemente, tenemos que pelear por el simple hecho de ser nosotros. Está bien, lo acepto. Si eso es lo que debo hacer.

Incluso sus palabras sonaban mal viniendo de él. En vez de una determinación latente parecía más que reflejaba cierta derrota o, más bien, algún tipo de resignación. Y, es que él tenía razón: Realmente no tenían ningún tipo de opción, no podían elegir. El simple hecho de ser ellos los había traído a este problema. Sin embargo, la mirada de Hyouya se posó en Kanon.

—De ti ya hablaremos en unos momentos.

Ella solo parpadeó, sin saber a qué se refería.
Pasaron unos cuantos momentos, momentos que parecieron casi eternos. Mientras que Tsuika aún intentaba asimilar todo lo que ocurría, Enmei estaba simplemente recargado en una columna, con sus brazos cruzados y los ojos cerrados. Seiyua estaba en algo similar, no obstante, miraba el diamante negro con detenimiento, como si esperara algún movimiento del enemigo. Hyouya intentaba leer algunos archivos antiguos que tenía guardado para saber información relativa en algún momento dado. Y, mientras Kanon estaba mirando por los grandes ventanales, aquellas calles donde la gente caminaba sin saber el mal que se intentaba disparar hacia el más allá, Armakan se le acercó. Con su semblante sereno y quieto, a Kanon le costó darse cuenta que estaba junto a ella.

—De alguna manera, lograste atraer a Abbar hacia ti, ¿no? —preguntó Armakan. Kanon asintió débilmente—. Debe ser difícil dejar tu vida normal de lado, y verte envuelta en problemas que no te correspondían.

—Debería haberlo aceptado ya —Kanon suspiró—. Desde el momento que fui atacada, algo andaba mal, y, sin embargo, quería creer que era un sueño, o siquiera, una de esas fantasías que tengo en la escuela mientras estoy en clase, cuando se supone debería estar prestando atención.

—Fantasías, eh…

—Sí. Pero desde luego, esta no es una fantasía, ¿verdad?

—Temo decirte que no.

Kanon bajó nuevamente la mirada, centrándose en las personas pasar sin ningún temor por enfrente del templo, sin saber que, dentro del diamante en dicho lugar, hay un dios enfadado y sed de sangre que quiere salir y hacer de todo el mundo el caos perfecto para él. Realmente, Kanon tampoco lo habría sabido, y posiblemente hubiera sido mejor así. Ya lo dicen, ¿no? La ignorancia trae felicidad.
Ahora, solo puede preguntarse, ¿Por qué ella fue la que se vio envuelta en este desastre? ¿Hizo algo para terminar así? ¿Por el simple hecho de ser ella? Entonces, entrecerró los ojos. Desde luego que no. Ella no es una reencarnación de un guardián del antiguo mundo como lo son Tsuika y Seiyua, ella… es una simple humana. Simplemente se vio involucrada en un problema que ni siquiera le incumbía, que ni siquiera debería tener consciencia.

—Está bien.

La voz de Armakan la sacó de sus pensamientos. Ella abrió los ojos con ligera sorpresa y volteó a verlo.

—Encontraremos la razón de porque fuiste atacada, y te cuidaremos lo que sea que esté sucediendo —dijo, en un claro intento de que la chica no se agobiara—. Tienes mi palabra.

Kanon sonrió débilmente, más, sin embargo, estaba cansada o, más bien, agobiada aún, incluso con aquellas palabras y promesas de protección.

—Está bien, soy consciente de lo que sucede —ella dijo—. Y que no soy más que una humana tonta que se vio involucrada en esto. Suena como una historia cliché de anime, ¿no?

Armakan no supo cómo responder a eso, así que simplemente respondió con el silencio, y su cabeza se volteó hacia los ventanales, donde la gente por debajo pasaba despreocupadamente.

Hyouya terminó de leer algunas cosas y fue a hablar con Armakan, separándolo de Kanon. Seiyua los observó en silencio y, después con ese mismo, miró el diamante. Tan negro como un ónix, parecía absorber toda la luz que parecía darle, puesto que realmente, no reflejaba absolutamente nada. Él dejó de lado a Tsuika, quien estaba sentado junto a él, y caminó hacia el diamante, mirándolo más de cerca.
Realmente era todo un deleite observarlo. Tan negro, tan llamativo. Era como un agujero negro que se tragaba toda luz, algo… inusual e irreal. Tenía ganas de tocarlo, era, como si el diamante mismo lo incitara a hacerlo. Extendió un poco su mano, agarrándose de los barandales que rodeaban el diamante, se estiró un poco, intentando tocarlo. Abruptamente, otra mano tomó la suya, apartándolo del diamante. Era Enmei.
Seiyua, al darse cuenta, bruscamente se apartó de él, soltándose.

—¿Qué rayos estás haciendo? —preguntó Enmei, aunque era más que claro que era una acusación.

—Nada que te interese.

Seiyua se dio la vuelta y se marchó de nuevo hacia donde estaba Tsuika. Aún con la mirada de Enmei encima, él simplemente se recargó en la pared mientras se cruzaba de brazos.

—¿Seicchan? ¿Estás haciendo enojar a Enmei-san? —preguntó Tsuika. Seiyua suavizó un poco su mirada al escuchar la voz de su hermano.

—Algo así, da igual.

Pero su mirada se dirigió nuevamente al diamante, como si no hubiera entendido la advertencia de Enmei al separarlo. Su mirada involuntariamente, iba hacia ese cristal negro.
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Y eso sería todo por hoy :P Me disculpo si está aburrido, realmente están pasando apenas por el momento de la aceptación, pero poco a poco irán apareciendo los problemas. Sin más, me despido.

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Re: Los guardianes (Capítulo 4)

Mensaje por Kanon Oda el Jue Oct 11, 2018 6:23 pm

Waaa que cosa!!! Seiyua esta igual que kanon el diamante les atrae de manera inexplicable sera ¿obra de abbar? ...solo espero que seiyua y enmei no terminen peliando.. por otro lado se nota el interes de Armakan ppr kanon 7u7r .. vaya que emocion que sucedera con ese diamante abbar se liberara o solo causara problemas? Aaah tengo tantas dudas!!! Me facina ti fic!!! Realmente me encanta!!! Espero la conti ansiosa *-*

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