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Los guardianes (Capítulo 3)

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Los guardianes (Capítulo 3)

Mensaje por Runalan el Mar Oct 09, 2018 6:51 pm

Capítulo 3
—El día de la verdad—

El mismo día era, y sin embargo, parecía uno completamente distinto. El día soleado que había ocurrido hace apenas unas horas se había tornado en una noche lluviosa y fría, de la nada, como si el cielo llorara algún evento ocurrido o por ocurrir, como si avisara que algo malo sucedería. Por más descabellado que sonara, en realidad, estaba muy cerca de ser la verdad.
En el templo las cosas no eran muy amenas. La que se creía una fantasía poco a poco se iba convirtiendo en una realidad poco grata. Los guardianes que murieron en batalla contra el dios Abbar, como dieron sus últimos suspiros haciendo lo que más les caracterizaba: Pelear y proteger. Cómo vagos recuerdos allanaron su mente para finalmente quedarse impregnados, vagos, pero a la vez, convincentes. No había duda: la realidad era esa, por más difícil que fuera.
El diamante negro, como si supiera lo que ocurría, volvió a emitir su llamativa aura púrpura y negruzca, Enmei intentaba todo lo posible para evitar que esa aura llegara más allá del templo y, sin embargo, no podía lograrlo. No porque no pudiera contenerla, sino porque en realidad, era demasiado escurridiza. Así, un poco se marchó, por el techo de vidrio, encontrando un orificio y, eventualmente, disolviéndose presuntamente en el viento.
Los ojos de los presentes subieron al notar tal barbaridad, y sin embargo, no hubo expresión. El albino fue el primero en bajar la cabeza, pensando en lo que depararía el futuro a partir de ahora, preguntándose porque tenía que ocurrir esto, preguntándose si era lo correcto, preguntándose, ¿por qué él tenía que ser ese guardián que dio su vida por el pueblo en aquel entonces? El cálido tacto de su hermano le reconfortó, y su sonrisa solo le tranquilizó. Le sonrió de vuelta, pesadamente, mientras Enmei observaba en silencio.

—Tsuika, Seiyua… —llamó Hyouya, tranquilamente, pero, aun así, cierta preocupación podía reflejarse en su mirada. Mirando atentamente a sus hijos, ésta preocupación entremezclada con tristeza se hizo notar—. Es difícil, pero… los necesitamos.

Tsuika simplemente bajó un poco la mirada, nuevamente, mientras que su hermano mayor, Seiyua, simplemente observó a Hyouya, como si fuera alguien desconocido, alguien completamente nuevo. Y no ese padre que les cuidó con atención y cariño desde que tan solo eran unos niños.
La niebla expulsada por el diamante vagó por el viento sin que pudiera ser detenido por nadie. Nadie la vio, nadie la sintió, y de esa manera, tuvo la oportunidad perfecta para, esta noche, poder hacer de las suyas.

El día llegó rápidamente, aún estaba nublado pero la lluvia había cesado. Los charcos estaban en las calles y la gente aún llevaba paraguas “por si las dudas”, al igual que aún usaban botas y gabardinas. Kanon no era la excepción y mientras caminaba con dirección a su escuela, iba guardando su paraguas en su mochila.

—Ah… estos días lluviosos son problemáticos —se dijo a sí misma—. Ojalá pronto se seque todo. Sería un problema si termino ensuciándome.

Y era verdad. Después de la escuela tenía que ir a sus cursos de canto para seguir practicando su voz, y, por no decir, que tenía un pequeño trabajillo esta noche en un local, para poder cantar. ¡Y tenía que llegar completamente presentable! No iba a dejar que una noche de lluvia y un par de charcos de quien sabe cuánto de profundidad le arruinaran esa oportunidad de brillar como cantante profesional.
Ella entonces, se detuvo de golpe. Sin entender el por qué se su propio comportamiento involuntario, simplemente miró a todos lados. ¿Sintió… que la observaban? Ella negó con la cabeza y siguió caminando con la multitud. Caminando, caminando, evadiendo charcos, teniendo cuidado con aquellos chorros de agua que caían desde los árboles o los edificios, e incluso aquella agua que se acumulaba en las lonas de los locales, ¡tenía que evitar todo contacto con ella!
Apresuró su caminata, pero sin dejar de ser cuidadosa. También tenía que tener cuidado con los autos que derrochaban agua cuando pasaban por los charcos de la calle. ¡Y lo peor es que parecía que lo hacían a propósito!

—Esto es… ¡Ah!

Ella se desesperó sola, y entonces, con miedo de pasar por aquella cera con un alto riesgo de ser mojada por los vehículos, tuvo una repentina idea. Si se desviaba un poco, podría evitar los vehículos o el agua de los edificios, así, los charcos serían su menos problema. Se sonrió a sí misma al pensar en ello, sus problemas estarían acabados.
Por eso, Kanon decidió tomar una ruta alterna. Tardaría más, pero llegaría presentable al colegio. Se separó de las multitudes para entrar por los callejones que, sin bien, eran transitados, había muchísima menos gente que en las ceras de las calles principales. De hecho, había muy poca gente cruzando por ahí, y muy pocos charcos. Era perfecto, pensó Kanon.
Pero, entonces, volvió a sentir la misma sensación. Por unos momentos, involuntariamente, volvió a detenerse, la incomodidad le abrumaba completamente, y se quedó paralizada sin poder mirar a ningún lado. Fue, entonces, cuando supo que algo andaba mal. Con sus ojos miró a todos lados, sin moverse en lo absoluto; no había nadie más en el callejón. ¿No estaban pasando unas colegialas hace unos momentos? ¿Se fueron ya? ¿Tan rápido? ¿Es que ella camina tan lento como para ser dejada atrás tan fácil? ¿O… es que simplemente se quedó petrificada desde tiempo atrás?
Entonces, su cuerpo se movió abruptamente, sin saber cómo ni porque, se movió y cayó al suelo de sentón (para su suerte, no en un charco), aunque eso no le importaba. No tuvo tiempo para pensar, y agradeció aquella reacción rápida de su cuerpo, ¡porque estaba siendo atacada!
Una persona con un machete había intentado cortarla desde la espalda, y ella, abruptamente, lo esquivó por reflejo propio al escuchar los pasos gracias a los charcos de agua (nunca creyó que agradecería esto). Ella gimió débilmente al ver a su atacante y sin saber qué hacer.
El hombre no dijo nada, no parecía estar ni siquiera en su propia cabeza. Sus ojos estaban completamente en blanco y se movía como si fuera movido por hilos, como si fuera un títere, con movimientos poco ortodoxos y cómodos, de hecho, incluso parecía que no tenía algún tipo de huesos, sus brazos colgaban como si fueran un par de trapos y su piel se parecía volver cada vez más y más pálida. Entonces, el hombre se reincorporó y miró a Kanon, aquellos orbes tirados en blanco, la asustaron.
Y, nuevamente, se lanzó hacia ella. Kanon emitió un chillido y lo esquivó, rodándose en el suelo. De esa manera, el machete terminó por chocar contra el suelo. Ella entonces se levantó como pudo, tomando sus cosas, y corrió. El hombre se reincorporó más rápido que la vez pasada y la siguió.
Kanon tenía la ventaja, se movía mejor que el hombre y, a la vez, había tomado tiempo para escapar. No obstante, el hombre que parecía tener una cierta aura púrpura a su alrededor no vista por la chica, emitió un débil gruñido y, del suelo, varios tentáculos oscuros salieron. Entre dos, tomaron a Kanon de los pies, provocando que cayera de nuevo al suelo y entonces, fuera arrastrada hacia el hombre, que preparaba su machete.

—Gh… ¡Esto, no…!

Ella intentó liberarse de los tentáculos que sostenían sus tobillos, intentaba pelear y forcejear y evitar ser atrapada o, en el peor de los casos, asesinada por un hombre que no parecía más que una marioneta vacía que no articulaba ni siquiera una expresión de vida.

—¡Alguien, por favor, ayúdeme!

Ella gritó tan fuerte como pudo, cerrando los ojos y acogiéndose a sí misma en temor, como último recurso y, antes de darse cuenta, los tentáculos la habían dejado en paz. Escuchó un par de golpes y entonces, abrió los ojos para ver. Frente a ella, estaba aquel chico de ojos negros que conocía desde hace tiempo; Seiyua Hanatsuna. Con una espada en mano, había cortado al hombre sin el más mínimo remordimiento. Y, sin embargo, el hombre no sangró en lo absoluto. Seiyua entonces volteó a ver a Kanon, sin expresión alguna, algo típico de él.

—¡Kanon! —era Tsuika. Cuando Kanon reaccionó a su voz, volteó a verlo. Éste se acercó a ella y la atendió de inmediato—. ¡¿Estás bien?! ¡¿No te hizo daño?!

—E-Estoy bien…

Ella observó como Seiyua guardó su espada en la funda y se la colgó de su cinturón.

—Desde luego, tal como dijeron los compañeros de papá… —Seiyua mencionó—. Algo no anda bien últimamente.

Tsuika no dijo nada y solamente ayudó a Kanon a levantarse.

—¿Qué… fue eso? ¿Por qué ese hombre me atacó? —preguntó, aún aturdida. No obstante, poco a poco se fue reincorporando—. ¡¿Por qué actuaba de esa manera?! ¡¿Y por qué lo mataste, Seiyua?!

—Era tu vida o la de él —reprimió rápidamente—. ¡De todas maneras, ya está muerto!

Kanon reaccionó y miró al hombre. Tenía la cortada en su cuello, ocasionada por la espada de Seiyua, pero, no había sangre, ningún rastro. Era como si hubiera sido, literalmente una marioneta.

—Parece ser que alguien lo poseyó… y ya había drenado toda su vida al momento —comentó Tsuika—. ¿Habrá sido lo de ayer, Seicchan?

—¿Quién sabe? —él simplemente miró a los dos—. Olviden la escuela, Kanon, Tsuicchan… nos vamos al templo.
____________________________________________________________________

Y eso sería todo por hoy. Lamento mucho, mucho la tardanza, pero no había tenido tiempo, apenas y me acabo de dar un momento para escribir, ¡pero ya intentaré escribir todo lo posible! También me disculpo si está corto o aburrido, como dije, me acabo de dar un tiempito XP esperaré poderlos hacer más largos. Además de que quiero seguir escribiendo, al fin puedo usar a uno de mis personajes preferidos: Seiyua xD
Sin más, me despido.


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Re: Los guardianes (Capítulo 3)

Mensaje por Kanon Oda el Mar Oct 09, 2018 9:55 pm

Waaaaaa que increible! Kanon casi muere a manos de un desconocido! Sera que abbar al no tener cuerpo se dedica a poseer gente???? Waaa que emocion seiyua logro salvar a kanon en el ultimo momento como siempre ella llamando a los problemas xD tsika como guardian se ve que sera un exito y no podemos olvidar que deberia estar con Enmei 7u7r grrrr ... tu fic es increiblemente emocionante espero la conti ansiosa!

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