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Los guardianes (Capítulo 1)

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Los guardianes (Capítulo 1)

Mensaje por Runalan el Lun Oct 01, 2018 4:08 pm

Capítulo 1
—Los eventos pasados—


El templo que yace al fondo de la ciudad, tan grande como luminoso, tiene una historia que parece fantasiosa, pero algunos ancianos de las familias más antiguas, dicen que, sus ancestros vivieron por esos eventos, y su leyenda se fue contando de generación en generación. Aquel templo tiene una historia que cuenta por sí mismo, como si fuera un museo; cualquiera puede ir y cerciorarse de ello. Allí, se exponen algunos objetos que supuestamente, se utilizaron en aquellos eventos, ropa y, sobre todo, un gran diamante negro que flota en el centro, como si fuera impulsado por magia, flotando, en la nada. Un simple diamante, tan negro como el ónix y del tamaño de una pequeña televisión, era lo que llamaba la atención de todos.
La historia relata, que hace mucho, mucho tiempo, antes de que la ciudad se fundara como tal, cuando todavía no se asomaba ni por poco lo que sería la vida moderna, donde todavía se basaban en los antiguos pensamientos, unos guerreros lucharon contra un poderoso y temible Dios del Mal conocido como Abbar. Una batalla tan feroz, donde fue derrotado, pero dejando bajas por el lado de los guerreros. La muerte de aquel dios, dejó detrás aquel diamante negro, como si fuera algún tipo de huevo que le resguardaría, como si fuera algo de lo que renacería.
Sin embargo, ese diamante nunca hizo nada raro.
Para evitar que ese diamante cayera en manos “mortales” y evitar todo signo de aparición de Abbar, aquellos guerreros sobrevivientes levantaron un templo donde lo custodiarían día y noche.
Los guerreros caídos en batallas, no se librarían de su deber de proteger el diamante y de volver a acabar con Abbar si volvía a nacer. Por ello, sus almas se vieron atrapadas en el mundo, DEBÍAN de cumplir su deber.
Así fue pasando el tiempo, año tras año, siglos, milenios. Y el diamante, nunca mostró signo de vida.

Eso era lo que recitaba el que se encargaba de hacer los tours en el templo. Un joven de cabellera castaña y ojos dorados. De un porte elegante que deleitaba a cualquiera que lo viera a simple vista. Él relató la historia, sabiéndola ya de memoria. Sin embargo, ponía tanta emoción y sentimiento en sus palabras, que la hacía entretenida para cualquiera, incluso aquellos que iban por cuenta propia, sin un tour, se acercaban para escuchar aquel relato, como si fuera contada por alguien que vivió los hechos en carne propia. Pero claro, eso no era posible, ¿verdad?
Kanon, una chica de cabellera rubia estaba en la multitud. Escuchando con gran atención y emoción en su mirar, tenía hasta ganas de tomar nota de todo lo que escuchaba relatar. Al mirar a su alrededor, veía todo lo que supuestamente, había sido participe de aquellos eventos. ¡Las armas utilizadas contra Abbar! La vestimenta que usaron los guardianes, algunos recuerdos de los mismos y, sobre todo, aquel diamante que flotaba en el centro del lugar, en su propio sitio especial, un lugar que no tenía ni suelo ni techo, y, de alguna manera, el diamante yacía ahí, sin moverse en lo absoluto, casi casi, parecía que fuera una parte más de la infraestructura.
Pero Kanon sabía que no era así. Ella creía que realmente algo había sucedido en el pasado.
Dejó de escuchar la historia relatada de los eventos pasados y se acercó al cristal, mirándolo fijamente. Era realmente negro, tan negro que no parecía absorber ningún tipo de luz, ni siquiera parecía reflejar nada. Parecía absorberlo todo. Sin embargo, algo llamó la atención de la chica, un pequeño reflejo de luz que se notó desde arriba. Ella dio un ligero sobresalto y miró a su alrededor.

—¿Sólo yo lo vi? —se preguntó a sí misma.

Nuevamente, dirigió su mirada a aquel diamante. Tan perdida, tan atrayente. Tenía un aura indescriptible que le atraía, que acaparaba su atención. Dentro de este diamante, ¿yacía aquel dios del mal… llamado Abbar?

—Señorita, ¿sucede algo?

Una voz hizo sobresaltar a Kanon, quien casi deja caer sus cosas de la impresión. Ella se reincorporó y volteó a ver a la persona que le asustó. Un hombre de cabellera blanca grisácea y piel oscura. Tenía los ojos cerrados y, aunque eso desconcertó a Kanon, no dijo nada al respecto, solamente sonrió nerviosamente.

—N-Nada, todo está en orden.

Y se retiró, dejando al hombre detrás. Éste solo se mantuvo hacia la dirección donde ella se fue, sin decir nada y luego volteó hacia el diamante, en completo silencio.

La noche llegó como siempre suele hacerlo, día tras día. El mando de la noche cubría la ciudad entera y más allá. Los turistas se habían ido del templo que ahora ejercía como un museo, y, justo hoy, en este momento, en este instante, en estos tiempos, donde las probabilidades de poder derrotar a Abbar habían disminuido considerablemente, y justo cuando los pocos guardianes que murieron volvieron a nacer, sin llegar a una edad adecuada, el diamante, dio señal de vida. Era, como si palpitara, emitiendo señales que no podían ser vistas a simples ojos mortales.
Al instante, una pequeña barrera rodeó al diamante y poco a poco se fue pegando a él junto con sus señales, un aura tan negra y oscura como el mismísimo diamante, pero a la vez de un morado nauseabundo. Cerca del diamante, una persona caminó. Alguien considerablemente alto, de cabellera negra atada en una trenza. Una de sus manos estaba dirigida hacia el diamante, en forma de puño. Mientras caminaba y lo observaba, entre cerró los ojos.

—Finalmente, ¿te dignas a mostrar señal de vida? —él comentó, como si hablara al diamante—. Justo ahora, maldito…

—Enmei —llamó otra persona. Era el mismo hombre de cabellera negra que Kanon se había encontrado o, más bien, que había sorprendido a Kanon—. Si esto está pasando ahora, significa que…

Enmei gruñó al escuchar lo que su compañero Armakan le dijo.
Era obvio, y él lo sabía.
Durante mucho tiempo creyó que todo era una mentira y que este Diamante no era en realidad la “cárcel” de Abbar, sino un simple objeto que dejó detrás de su supuesta muerte.
Pero resulta que él está encerrado ahí.

—Por ahora solo podrás contener eso, pero eventualmente, tendrá que salir —dijo Armakan, con serenidad pese a la gravedad—. Ni siquiera tu podrás contener lo que yace dentro del diamante.

Enmei volvió a gruñir.

—Lo sé perfectamente —dijo—. Sin embargo….

—Necesitaremos reunirlos.

Una voz ajena llamó la atención de los dos hombres. Era el mismo hombre de cabellera castaña y ojos dorados, que se acercaba con los brazos cruzados, aún con ese porte elegante. Hyouya… el dueño de este templo.

—Mis hijos aún son jóvenes como para entrar en esto… —dijo él, bajando un poco la mirada—. Pero no hay otra opción, ¿verdad?

—No es como si me gustara la idea —rezongó Enmei—. Pero…

—Los sucesos volverán a repetirse —comentó Armakan—. Igual que en ese entonces.
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Eso sería todo por hoy. Lamento haber tardado y lamento que sea tan corto, pero es que sinceramente, no he tenido tiempo :c de hecho todavía tengo tareas pendientes que ahora mismo tengo que hacer. Pero no quería dejar más tiempo pasar. Espero que no les parezca taaaaan aburrido, y esperaré que el siguiente capítulo sea un poco más largo. Por ahora, me despido.

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Re: Los guardianes (Capítulo 1)

Mensaje por Kanon Oda el Lun Oct 01, 2018 6:30 pm

Esta genial el inicio es increible! Armakan y kanon ya se conocieron solo de vista pero igual es genial, no puedo creer que los que pelearan contra ese terrible mal seran lps hijos de hyouya o.oU enmei no se ve feliz por eso!.
No te preocupes por lo corto o lo tardado te entiendo a veces es asi, pero no te agobies por eso tu tomalo con calma, yo aguardo pasiente la conti.

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