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Byodo no Monogatari (Capítulo 23)

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Byodo no Monogatari (Capítulo 23)

Mensaje por Runalan el Lun Sep 03, 2018 3:00 pm

Capítulo 23
—Recuerdos—


—¡Necesitamos proteger Sakurakyo! —exclamó de inmediato. Hisamaru le miró con sorpresa—. ¡Algo se está acercando!

Tsuika había exclamado, alterado, al momento de salir de la habitación donde tomaba el té con Kiyogiku, la cual, aterrada, se había quedado completamente paralizada. Hisamaru, quien pasaba por ahí por mera casualidad, mantenía la expresión de sorpresa, pero, tenía muy en cuenta la capacidad de Tsuika de sentir presencias lejanas demoníacas o de otro tipo, por lo que, sin dudar, asintió y salió corriendo por el pasillo. Rápidamente, él fue avisando a personas como Ubume y otros Yōkai que se unían a la defensa rápida. Entre los pasillos, Amanojaku estaba recargado en la pared, con una sonrisa burlona. Tsuika no pudo evitar mirarle.

—¿Amanojaku? —preguntó, sorprendido al verlo—. ¿Ya… te enteraste?

—Demasiado rápido, a decir verdad —él abrió los ojos y miró a Tsuika—. Ante la ausencia de tu padre, te toca cuidar de este sitio. Que desdicha la tuya, ¿verdad?

Tsuika hizo un gesto de disgusto, le pasó de largo y se fue por el mismo camino que Hisamaru, viendo en que podría ayudar ahora que todo parecía estar en un inminente peligro. Amanojaku le siguió con la pura mirada, sin borrar aquella sonrisa burlona de su rostro. Incluso cuando cerró los ojos, él, internamente, se burlaba.

Todo era nubloso, borroso, distante. Por unos instantes había creído que había dejado de existir en este mundo, pero, conforme abrió los ojos y su vista se fue acoplando al grisáceo techo, se dio cuenta, que estaba vivo. Aun sintiendo el punzante dolor en su espalda, gimió débilmente al sentir la punzada de dolor. Entonces, espontáneamente, revivió aquellos lejanos recuerdos generados antes de que cayera en la inmensa oscuridad de la inconsciencia, y se levantó rápidamente.

—¡Kanon! —Jafar exclamó al levantarse, pero el punzante dolor en su espalda lo hizo volverse a tirar en aquella cama improvisada, quejándose—. Gh… maldita… sea…

—No te muevas demasiado —la voz de Kosodenote llamó su atención—. He cocido tus heridas, pero aún no terminan de cicatrizar.

—Tú… ¿dónde está Kanon? —preguntó secamente.

Kosodenote agachó un poco la cabeza.

—Seiua se la ha llevado —afirmó ella—. Parece que era su plan desde el comienzo.

Jafar gruñó en sus adentros, disgustado por el desenlace. Ahora mismo, incluso herido, tenía la gran necesidad de ir a buscar a Kanon. Pero, ¿por qué no sanaba? Era un Yōkai, sana rápido, ¿por qué entonces la espada de Seiua le dañó de esta manera? ¿Por qué tarda tanto en regenerarse? Como si le leyera la mente, de manera involuntaria, Kosodenote respondió su duda:

—La espada de Seiua, es conocida como una de las mil espadas divinas —explicó—. Era más que claro al ver esa aura morada que las rodeaba. Ese tipo de espada hace un daño letal a un Yōkai. Tuviste suerte de que no dañara ningún órgano vital, sino, te habría matado con la misma facilidad a la que se mata un humano.

Al escuchar tal explicación, en sus adentros, Jafar volvió a gruñir. Lentamente, él se levantó, tomando su ropa, ignorando la herida cocida pero no sana en su espalda. Kosodenote no reaccionó.

—¿Irás por esa chica? —preguntó.

—Necesito salvarla —él repitió—. Prometí que la protegería… y, sin embargo, no estoy cumpliendo esa promesa.

—Incluso si estás herido…

—Incluso si estoy herido —Jafar la interrumpió—. La salvaré. Iré por ella, arriesgaré mi vida de ser necesario. Porque ella es una persona importante para mí, ella es…

—Tu luz, ¿verdad?

Jafar no dijo nada en cuanto Kosodenote preguntó eso, solamente agachó la mirada.
“Su luz”.
Es una manera cursi de llamar a la persona que te hace seguir adelante. Que, incluso tras pasar tanto tiempo, la mantuvo en mente. No solo como “una persona a la cual amar”, sino, una persona a la cual sentía el deseo de proteger, la necesidad de hacerlo. Nunca prestó tanta atención a ese sentimiento, hasta que la volvió a ver. Fue entonces cuando cayó en cuenta que sentimiento era…

—Amor… —dijo Kosodenote—. Uno de los sentimientos más puros que pueden existir.

—Parece que lo comprendes…

—Yo soy un Yōkai nacido del kimono de una cortesana —explicó Kosodenote—. La persona que solía vestirme, soñaba con el amor sincero, y no un simple deseo carnal.

—¿La… persona que te vestía?

Kosodenote sonrió.

—Ustedes vienen de Sakurakyo, ¿verdad? —preguntó—. Tsuikasuigetsu Hanatsuna… es la persona que solía vestir.

Jafar le miró con cierta sorpresa por unos instantes, pero eventualmente, su mirada se suavizó.

—Comprendo, por eso es que conocías a Seiua…

—Así es —ella se levantó del suelo—. Son mil espadas, las que él tiene. Tienes que mantenerte centrado incluso en lo que no eres capaz de ver. Para proteger a la mujer que amas… tendrás que enfrentarte a ellos.

Jafar no dijo nada, y miró a la nada. Estaba dispuesto a hacerlo, y esto resaltó en cuanto apretó su puño. Definitivamente, irá a salvarla.

En un lugar, no muy lejano de ahí, Seiua había tirado a Kanon en lo que parecía ser una habitación sin ventanas y sin ninguna otra puerta más que la que él iba a vigilar para evitar que escapara. Despectivamente, pareció mirarla, hasta que Kanon, enojada no solo por la mirada, sino por el trato general, rezongó:

—¿Qué? ¿Por qué me miras así? —parecía claramente enojada—. ¿Estás molesto porque te he recordado a tu familia? ¿A la familia a la que estás traicionando?

—No estoy traicionando a nadie.

—¡Estás en contra de ellos! —exclamó.

—Yo NO estoy traicionando a nadie —Seiua insistió, más parecía enojado.

—¡Estás a punto de revivir a un dios que podría matarlos!

—¡¡ES POR EL BIEN DE TSUIKA!!

Había gritado tan fuerte, que su voz retumbó en todos lados. Kanon le miró con sorpresa, mientras Seiua parecía reincorporarse.
¿Por el bien de… Tsuika? ¿Qué tiene este bien? ¿Qué tiene que ver eso con estar haciendo lo que hace ahora? Kanon no comprendió.

—No… no entiendo, ¿cómo puede ser el bien de tu hermano, hacer todo esto?

—No lo entenderías.

Y sin decir nada más, Seiua salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de sí.
Todo era completamente oscuro, Kanon había tardado en darse cuenta en donde estaba. Se levantó inmediatamente y recorrió toda la habitación en busca de una posible vía de escape, pero, no había nada más. Solo era la pared, y la puerta donde Seiua había salido. No había fuentes de luz, no había nada, más que adornos viejos. Se veía, que esta habitación había sido abandonada durante un tiempo.
Serenamente, miró entre la oscuridad. Este lugar, parece más como algún tipo de prisión, quizá cómoda, pero, al final, una prisión.
Kanon entonces se recargó en la pared, y lentamente, se dejó caer, abrazando sus rodillas mientras hundía su rostro entre las mismas. Si bien, quería salir de este sitio, por su mente no dejaba de llegar la pregunta de cómo estaría Jafar. ¿Estará bien? Esa herida se veía grave, demasiado grave… y sin embargo, ella no pudo hacer nada para ayudarlo.

—Jafar… por favor… solo pido… que estés bien —ella dijo para sí misma. Sabía que no sería escuchada, y estas suplicas quedarían en aquella vacía y oscura habitación, pero, de todas maneras, las palabras salieron, como si pudieran hacer algún cambio.

Su voz entrecortada, solamente quedó olvidada en aquella oscura habitación.
Del otro lado de la única puerta que la privaba de su libertad, Seiua se había recargado en la misma, mirando el techo derruido, quedándose inmerso en la nada. Él, lentamente, cerró los ojos, mientras se hundía en aquellos lejanos recuerdos, de cuando su corazón aún latía como el de cualquier ser vivo.

”El hijo de Hyouya, ¿dices?” murmuró uno de los jefes. “¿Qué te tienes con él, Sekaichi? Todos sabemos que ese muchacho, por más tierno que parezca, es un Yōkai como su padre, un sucio zorro”.

“Quizá, pero… su belleza, ah, su belleza es abrumadora, ¿no lo has notado?”

“¿Cómo puedes considerar a alguien de tu mismo sexo como un ser de inmensa belleza?” Cuestionó el jefe, al hijo del gobernador, Sekaichi. “Los zorros son así, parecen hermosos, hasta que te les acercan y se comen tu carne”.

“Estoy seguro que esta vez es diferente” afirmó el hijo del gobernador. “Por eso lo quiero, así sea a la fuerza”.

Seiua había escuchado las palabras del hijo del gobernador. Él trabajaba para el mismo como defensa, un guerrero más al cargo. Y precisamente había sido encargado de llevar un informe al jefe, que ahora mismo hablaba con Sekaichi. Sin embargo, aquella pila de papeles se cayó de su mano, dispersándose completamente. Su mano tembló en ira, y sin pensarlo más, únicamente sacó su espada, y entró a la habitación.
Esa misma noche, él llegaría a Sakurakyo, por la puerta trasera, ahí no solía haber nadie, pero, para su mala suerte, Tsuika estaba limpiando el lugar. Al verlo llegar, gimió en horror al ver a su hermano completamente ensangrentado, de la ropa, de la cara, de sus manos.

“Seiua… ¿qué…?”

“Está bien” afirmó él, aún si era mentira. “No te involucres, yo me encargaré de todo”.

“¿A… qué te refieres?”

Seiua mantuvo su mirada perdida.

“Maté a Sekaichi”

Tsuika abrió sus ojos con horror.

“¡¿Qué hiciste qué?! ¡¡Seiua, eso, eso es malo…!!”

“Está bien” volvió a repetir “Fue… por tu bien. Así que, pase lo que pase, Tsuika… yo me encargaré de todo”.

Él mintió aquella vez.
Incluso cuando fue atrapado y ejecutado… aún recuerda ese dolor en la garganta, en su cuello, a todas las personas mirando, como si fuera un demonio. Entonces cerró los ojos, cayendo en la inmensa oscuridad de la que se supone, jamás debería de volver.
Nunca creyó que un demonio se volvería.
Cuando abrió los ojos, estaba bajo la tierra, su cuello estaba cerrado, pero cubierto de sangre seca. Alguien le ayudó a salir, tendiéndole la mano. Matsumoto no Sanyū.

“Tenemos que revivir a Orochi, para acabar con este inmundo Kyoto”.

Las palabras le convencieron.
Si acababa con todas aquellas personas, ahogadas en deseos tan mundanos… si acababa con todo… Todas las personas que le hicieron daño a él en el pasado, en aquella casa, por mera diversión. Todas las personas que ignoraron a Hyouya, en el pasado, y lo convirtieron en un Yōkai peligroso. Todas las personas que abusaron de Tsuika, en el pasado, y pensaban seguir haciéndolo…


—Todos ellos… deben desaparecer —dijo secamente, al momento de abrir sus ojos.

Antes de que algo más ocurriera, un fuerte estruendo se escuchó de uno de los pisos superiores. Rápidamente, miró hacia arriba, aún si no veía nada, solo el polvo de las paredes ya casi caídas, se vio esparcirse.
Fue entonces cuando lo supo… habían venido a acabar aquel deseo de desaparecer a todas esas personas.
Suspiró.
No esperaba ser comprendido de todas maneras.
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Bueno, eso sería todo por hoy :P el fic ya se acerca a su final, le calculo unos tres o cuatro capítulos más xD así que me seguiré esforzando owó Espero que les guste, sin más, me despido.

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Re: Byodo no Monogatari (Capítulo 23)

Mensaje por Kanon Oda el Lun Sep 03, 2018 11:00 pm

waaaa !!! esta genial, el hermano de tsuika no es tan malo. el solo protegia a tsuika TnT a un que si eso de revivir a orochi para acabar con kyoto eso ya es desviarse del camino del bien, y jafar admitió que ama a kanon! están tierno, tsuika tendrá una pelea épica protegiendo su hogar y Enmei seguro tendrá que pelear contra su cuñado y ... waaaaa ojala jafar logre salvar a kanon!!!! se pone cada vez mucho mejor espero conti

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