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Byodo no Monogatari (Capítulo 19)

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Byodo no Monogatari (Capítulo 19)

Mensaje por Runalan el Mar Ago 28, 2018 3:09 pm

Capítulo 19
—Problemas en el distrito rojo—



Ella corría tan rápido como sus pies le permitían. Levantando la parte baja de su kimono como podía, torpemente se tropezaba mientras corría por las calles de Kioto completamente despavorida, incluso si era una intensa noche oscura, podía sentir como aquellas sombras la perseguían. Conforme corría, dejaba sus sandalias detrás, las cuales eran tomadas despiadadamente por aquellas sombras. Aquella mujer se detuvo justo enfrente de Sakurakyo, jadeando de tal manera que parecía que el aire no le alcanzaba. Desesperadamente, ella golpeó la puerta varias veces, aclamando por ayuda.

—¡¡Por favor, abran la puerta!! ¡Alguien…!

Como si no fuera escuchada, la puerta no se abría.
Horrorizada y temiendo por su destino, volteó hacia las sombras que la perseguían. Ella ya lo dio todo por terminado, ¡incluso si no quería aceptarlo! ¡¿Qué más podía hacer?! Con lágrimas en los ojos, solo cerró los ojos mientras se erizaba, temiendo por lo peor. No obstante, las sombras fueron rápidamente abatidas por varias estelas de luces provenientes de la nada. La mujer entonces abrió sus ojos, un poco más aliviada, pero aún con los brotes de lágrimas saliendo desesperadamente. En medio de la oscuridad, ella visualizó una silueta que estaba parada encima de la puerta de Sakurakyo, la cual era un gran arco de cimiento con una puerta de madera en medio. Ella, rápidamente volteó a verla.
Era Enmei, quien la miró con un poco de sorpresa.

—Tú eres…

—S-Shiken Dōji-sama…

La mujer fue invitada a pasar, cuando los demás abrieron la puerta para saber que había sido ese alboroto. Ella se veía completamente abatida, asustada, por lo que tuvo que ser tratada con cuidado. Hotarugusa se encargó de tratar las heridas que tenía, mientras que Hyouya estaba intrigado por lo que sucedía.
La llevaron a la sala de recuperación.
Mientras tanto, por los pasillos, un adormilado Tsuika caminaba, pues se había despertado por tanto ruido. Casualmente, a Jafar le había sucedido lo mismo, pero al menos éste si había tenido la oportunidad de terminar de despertarse y arreglarse un poco, ya que no sabía lo que pasara, contrario al humano albino, quien tal como se despertó, se levantó, incluso si su cabellera parecía un nido de pájaros.

—¿Tsuika? —llamó Jafar—. ¿Te despertaste tú también?

Tsuika asintió débilmente.

—¿Qué sucedió?

—Parece ser que una mujer llegó —explicó—. Pero la están tratando, así que no creo que tengamos información hasta mañana.

—¿Una mujer… qué llegó?

—Mañana hablaremos del tema —fue Enmei quien apareció, caminando por detrás de Tsuika—. Por ahora descansa.

Él intentó inútilmente calmar los pelos de Tsuika, peinándolo un poco con sus dedos, pero fue inútil y eventualmente se rindió, soltando un suspiro.

—Anda, ve a dormir, no dejes a Sagiri solo.

Tsuika torpemente asintió y caminó de regreso. Cuando Tsuika se fue, Jafar finalmente preguntó:

—¿Conoces a esa mujer?

—Es del distrito rojo.

—¿Dis…? —él miró raro a Enmei—. ¿Cómo es qué la conoces? ¿Acaso tú…?

—No me malinterpretes —respondió rápidamente—. La conocí cuando ocurrió la independencia del distrito.

—La independencia del distrito…

Jafar repasó entre sus conocimientos:
La Independencia del distrito rojo. Anteriormente, dicho lugar era gestionado por un tirano que maltrataba a las cortesanas que eran obligadas a trabajar, y a sus mayores tesoros (también cortesanas) las mantenía encerradas. Durante ese período de tiempo, era peligroso entrar por esas zonas. No fue hasta que Hyouya presuntamente mató a ese dueño del distrito rojo, que todo cesó. El distrito rojo se volvió independiente y fue más seguro ir, además de que las cortesanas podían trabajar si lo querían y no eran obligadas a hacerlo.
Algunos rumores dicen que Shiken Dōji también se vio involucrado en eso, pero, aunque fueron no más que rumores, ahora parecía que eran ciertos.

—Que ella haya aparecido así…

—Posiblemente algo malo haya sucedido —comentó Enmei—. Ella se desmayó, así que tendremos información para mañana.

—Comprendo… —Jafar suspiró y se dispuso a irse—. Bueno, buenas noches.

—Jafar… —llamó Enmei, llamando la atención del Yōkai; lo volteó a ver con curiosidad—. No le digas nada a Tsuika.

Jafar lo miró por unos momentos, hasta que finalmente suspiró.

—De acuerdo. Buenas noches.

Y se terminó por ir.
Enmei se quedó ahí parado por unos momentos, con la mirada baja.
La noche pasó fugazmente, y durante la mañana, todo pareció ir normal. Casi nadie se había enterado de la llegada de aquella mujer, ni siquiera Kanon se percató cuando llegó, de no ser porque Jafar se veía distraído y terminó soltándole la sopa a Kanon, pues no dejaba de insistir en lo absoluto.
Ambos estaban sentados en el pasillo exterior, mirando el estanque del jardín.

—Entonces… vino una mujer, proveniente del distrito rojo… —Kanon repasó, Jafar solo asintió—. Que era perseguida por varias sombras.

—Eso dijo Enmei.

—¿Pero por qué vino directamente a este sitio? —preguntó Kanon.

—Parece ser que ya conocía a Hyouya y a Enmei —afirmó Jafar—. Por eso debió haber venido a este sitio directamente. Ahora, la pregunta es, ¿por qué?

—¿Será que tendrá que ver con las personas que quieren revivir a Orochi? —preguntó Kanon—. ¿Pero por qué el distrito rojo? ¿Acaso habrá algo ahí?

—¡Quien sabe! —Jafar exclamó—. Sería raro ir al distrito rojo a investigar.

Entonces hubo un silencio. Tanto de Kanon como Jafar, ambos simplemente se callaron y se miraron mutuamente, hasta que Kanon habló:

—Investigar.

—Claro…

—Podemos ir a investigar —propuso Kanon.

—S-Sabes que lo decía en broma, ¿verdad? —reprochó Jafar, ligeramente nervioso—. N-No es como si yo quisiera ir a ese lugar…

—Sólo iríamos a saber qué es lo que ha ocurrido, porque esa mujer llegó herida y perseguida —afirmó Kanon—-. Quizá podamos encontrar algo de vital importancia en ese sitio. Quiero ayudar en algo.

Jafar la miró por unos momentos. Sabía que, si Kanon decidía algo, era un hecho que lo iba a terminar haciendo. Siempre lo hacía cuando era niña, y siempre admiró esa determinación.
Él sonrió ligeramente al recordar esos lejanos momentos, así que, simplemente, asintió.

—Está bien, supongo que podemos ir a investigar —finalmente cedió.

—¡Gracias, Jafar!

Por pura inercia, Kanon saltó encima de Jafar, tirándolo por el pasillo y abrazándolo. Ella tenía una gran sonrisa, y no se percató en lo absoluto que Jafar estalló en rojo al sentir tal contacto directo. Por detrás de ellos, en pasillo, pasó Sinbad, quien se detuvo a mirarlos con una sonrisa pícara.

—Eh, ustedes sí que van con todo —comentó entre risas.

—¡CÁLLATE! —reclamó Jafar.

Kanon no entendió, pero tampoco es como si le hubiera importado, ella siguió abrazando a Jafar, recargando su cabeza en él, sintiéndose tan cómoda, que deseaba no soltarlo nunca, simplemente, disfrutaba el momento.
En la sala de recuperación, la mujer había despertado y aún asustada por sus últimos momentos de consciencia anteriores, miró a todos lados. Estaba en una habitación, en un futón. A su lado, estaba la pequeña Yōkai Hotarugusa, quien se asustó por la reacción de la mujer.

—a-ah, no… no te muevas mucho —ella intentó poner orden, pero su voz flaqueaba constantemente—. L-Las heridas que tienes podrían abrirse.

—Tú… ¿trabajas aquí? —preguntó la mujer.

—Y-Yo, sí… entré apenas hace unos días.

—Ya veo —la mujer pareció calmarse un poco más—. Es por eso que no reconocí tu cara.

Hotarugusa se extrañó un poco, sosteniendo fuertemente el tallo de su algodón y mirando fijamente a la mujer. La puerta de la habitación se abrió de repente, haciendo sobresaltar a Hotarugusa, y la mujer, indiferente, solo miró. Era Hyouya, con una ligera sonrisa en su rostro, pero claramente, la máscara aún le cubría la mitad de su cara. Detrás de él estaba Enmei, con los brazos cruzados y mirando a otro sitio, como si estuviera más obligado a estar en ese lugar. Su rostro lo indicaba.
Ambos entraron. Enmei se quedó parado junto a la puerta, mientras que Hyouya fue a sentarse a un lado del futón de la mujer, justo del lado contrario que Hotarugusa.

—Tiempo sin verte, Kiyogiku —saludó Hyouya—. Aunque estoy seguro que no son los mejores momentos, desde luego, me alegra volverte a ver.

Kiyogiku:

—Ciertamente no son buenos momentos, Hyouya-sama —ella dijo serenamente—. El distrito ha sido tomado nuevamente.

El silencio que se hizo después de eso fue demasiado tenso. La sonrisa de Hyouya se borró de inmediato, y Enmei, quien quería mantenerse indiferente, volteó a verla casi de manera inmediata. Entonces, ella prosiguió:

—Parece ser que ahí emana el aura de Orochi, o al menos eso dijeron aquellas personas —explicó—. Parecían ser capaces de cometer la gran estupidez de quererlo revivir.

—Ese es un tema que se está haciendo cada vez más frecuente en este sitio —Hyouya dijo—. Realmente quería creer que no eran más que unos chiflados, pero ahora me doy cuenta que están representando una amenaza.

—Hyouya-sama, entre ellos… estaba Seiua —comentó ella, a lo que Hyouya guardó silencio.

Lo supo de inmediato, dijo algo que no debió, pero, necesitaba saberlo. Nadie le había dicho a Hyouya sobre lo ocurrido con Kanon en el mundo de los sueños, ni el sueño que había tenido. Habían intentado no revelar nada para que no fuera actuar imprudentemente, pero era obvio que tarde o temprano se enteraría.
Hyouya se levantó y caminó hacia la ventana. Fue perseguido por la mirada de Enmei, quien observaba silenciosamente todo. Entonces, Hyouya llevó la mano a su máscara, y, lentamente, se la quitó, finalmente, descubriendo su rostro. Hotarugusa, aún presente, se sorprendió inmensamente al verlo sin su característica máscara:

Spoiler:

—Así que… Seiua…

—Él estaba siguiendo a otra persona, que era quien parecía liderar todo —explicó nuevamente Kiyogiku—. Un tal… Matsumoto no Sanyū.

—Ya veo —Hyouya cerró los ojos—. Supongo que ahora que, no solo han atacado el distrito rojo, sino que Seiua se encuentra involucrado, esto se ha vuelto personal.

—¿Planea hacer algo?

—Primero, recuperar el distrito rojo —afirmó Hyouya, volteándola a ver—. Después me haré cargo de Matsumoto no Sanyū y Seiua.

—Comprendo.

Hyouya no dijo nada más y se retiró. Era obvio que todo este asunto le había afectado. Todo este tiempo se intentó mantener al margen del tema, pero ahora que sabía que Seiua estaba involucrado, se había tornado personal. Ahora que el distrito rojo había sido tomado, se había puesto personal.
Después de todo, él liberó al distrito rojo en alguna ocasión.
Kiyogiku suspiró disgustada, pero eventualmente, su mirada se posó en Enmei.

—Sakurakyo creció mucho, ahora tienen nuevos trabajadores, por lo que veo —comentó. Enmei simplemente miró el suelo—. ¿Cómo está Tsuika?

—Está bien —afirmó inmediatamente.

—Ya veo, ustedes se llevaron bien apenas se conocieron.

—Tenemos una relación formal… tuvimos un hijo.

—¿Se…? —Kiyogiku miró con sorpresa a Enmei, luego se rio—. Ya veo. Debió haber sido extremadamente fácil para ti crear una persona de la nada, después de todo, eres una deidad.

Enmei no dijo nada y simplemente apartó la mirada.

—Pero no esperaba que alguien como tú… sería el tipo de persona que tiene hijos antes del matrimonio.

Cuando Kiyogiku dijo eso, Enmei dio un sobresalto de manera inmediata y, ligeramente sonrojado, volteó a verla. Apretó los dientes, queriendo decir algo, pero simplemente, no dijo nada y volvió a apartar la mirada.

—Vamos, vamos, sabes que es broma —finalmente Kiyogiku aclamó—. Seguramente ya piensas en eso, ¿verdad? … Pero te da miedo lo que Tsuika pueda pensar. Lo sé, Tsuika es complicado en esos temas.

Enmei suspiró y simplemente no dijo nada y cerró sus ojos. Su mente se quedó en Hyouya y su reacción, ignorando el tema de antes, simplemente pensó en que tenía ahora ese zorro en mente.
La última vez que fueron al distrito rojo, fue una completa masacre. ¿Ahora sería igual? ¿Podía darse el mismo escenario que aquella vez que entraron a ese lugar? Lo único bueno que salió aquella vez fue Tsuika. Pero ahora, ¿qué cosa buena podría salir?
Las personas le dan igual, lo que pase con Kyoto o Japón le da igual. No obstante, es el lugar donde vive su familia, en donde conoció a Tsuika y donde planea casarse con él. Es el lugar donde Jafar vende sus cosas, el lugar donde Sagiri corretea, el lugar donde personas como Kanon tienen sus sueños.
Entonces, Enmei abrió los ojos.
¿Él… se está preocupando por… Kyoto?

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Bueno, eso sería todo por hoy, espero pronto poder traer más. Espero que no les aburra, ya que quise centrarme en la historia principal :P yo creo que ya casi se acaba este fic xD pero bueno, me seguiré esforzando hasta el final. Por ahora, me despido!

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Re: Byodo no Monogatari (Capítulo 19)

Mensaje por Kanon Oda el Mar Ago 28, 2018 3:46 pm

Aaah Enmei le pedira matrimonio a tsuika! No habia sido tan feliz desde que onodera y takano se casaron... ademas Enmei es tan buena persona tanto que se preocupa por kyoto y ppr sus amigos *-* aaww y kanon y jafar tambien son tiernos y como siempre simbad de metiche! Pero a una si que lindos!!! Espero conti

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