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Byodo no Monogatari (Capítulo 3)

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Byodo no Monogatari (Capítulo 3)

Mensaje por Runalan el Dom Ago 05, 2018 2:45 pm

Capítulo 3
—Bienvenida—


La noche llegó rápidamente, antes de que cualquiera pudiera darse cuenta. Kanon tuvo que regresar a su casa antes de que se hiciera lo suficientemente peligroso como para regresar sola. Ahí, en su habitación y en completa oscuridad y acompañada por la soledad, meditó sobre el día de mañana. Su fiesta de bienvenida organizada por todos en Sakurakyo, su trabajo ahí, y, sobre todo, los mercaderes que iban a ir entre estos días, precisamente, para quedarse por un tiempo indefinido.
Su mente vagó hasta sus recuerdos de la infancia en el que se quedaba en ese lugar, dolida por el abandono de su padre. Todos siempre la trataron amablemente, aun cuando ella no les respondía de la misma manera. Entre esos recuerdos, Jafar llegó. Él era un Yokai muy fuerte, que se dedicaba a ser comerciante junto con su compañero Sinbad. Jafar tuvo mucha paciencia con Kanon. Quizá porque era una niña que ya había sufrido mucho para su edad, quizá porque sabía que solo necesitaba un empujón para poder volver a ser una niña sonriente y alegre.
Ella entonces, en su calma nocturna, cerró los ojos sin que esos pensamientos se pudieran desvanecer. La sonrisa en su rostro era clara muestra de que quería que llegara el día de mañana, quería ver esa fiesta de bienvenida, quería ver a todos de nuevo, quería ver a Jafar de nuevo y agradecerle por haber tenido tanta paciencia con ella. Lentamente, cayó en los brazos del sueño.
Cuando el día llegó, se levantó antes que todos en su casa. Tsuika le pidió que fuera temprano, ¡por lo que no iba a fallar en su primer día de trabajo! Frente a un espejo de su habitación, se estaba arreglando sus ropas. En Kyoto era normal usar kimonos en estas épocas, por lo que Kanon no era una excepción. Sinceramente, no le molestaba, aunque le gustaría también llegar a vestir como esas cantantes jóvenes que están empezando a sobresalir.
Terminó de arreglarse y se marchó a Sakurakyo.
Mientras tanto en su lugar de destino, todos estaban preparando el lugar para la fiesta de bienvenida de Kanon. Si bien aún era muy temprano y la mayoría de inquilinos aún no se levantaban al ser fin de semana, aquellos que estaban entusiasmados por el asunto, ya habían puesto manos a la obra.
Tsuika acomodaba los adornos que iban en las paredes. Desde un gran cartel que decía “¡Bienvenida de vuelta, Kanon!”, hasta simples decoraciones hechas de papel por Zashiki, quien tenía un gran don para ello. Hisamaru se encargaba de acomodar los muebles para que hubiera más espacio, mientras que Saiko ya estaba preparando la comida para el gran banquete. Era una mañana movida, tan movida que incluso Sagiri se despertó, y, tallándose los ojos y arrastrando su peluche de león que siempre llevaba consigo, entró a la cocina, bostezando.

—¿Qué están haciendo? —preguntó el pequeño entre pequeños gemidos de sueño. Tsuika dejó de adornar de manera inmediata y fue a verlo.

—Ah, lo siento, ¿te despertamos? —lo cargó y le acarició una mejilla—. Lo siento cariño, estamos preparando una fiesta.

—¿Fiesta? —preguntó el niño—. ¿Alguien cumple años hoy?

—Uhm… no exactamente —Tsuika le sonrió—. ¿Recuerdas a la chica de ayer?

—¿La de ojos púrpuras? —preguntó—. Sí, ¿qué pasa?

—Ella es alguien que ya vivía aquí, y ahora trabajará con nosotros —explicó—. Por eso le estamos preparando una fiesta de bienvenida.

La mirada del pequeño Sagiri se llenó de emoción, ignorando el sueño que sentía. Era la primera vez que escuchaba algo como “Fiesta de bienvenida”, pero, recuerda que en un cuento que su padre le leyó sobre Bunny Rot, el conejo pirata, habían preparado una fiesta de bienvenida para su mejor amigo. ¡Podría ser igual que Bunny y ayudar en lo posible!

—¿Puedo ayudar? —él preguntó conteniendo su emoción.

Tsuika no supo que decir por unos momentos. Eventualmente, soltó una risita y frotó su mejilla con la de su hijo.

—Sí, claro —afirmó—. ¿Qué tal si me ayudas a pasarme los adornos?

—¡Sí! —él asintió firmemente—. ¡Te ayudaré, tochan!

Bajó a su hijo y ambos continuaron haciendo lo que Tsuika estaba haciendo antes de que su hijo llegara. No paso mucho tiempo, hasta que un Tengu, llamado Hatsuharu llegó con ellos avisando que Kanon había llegado. Tsuika rápidamente se sorprendió.

—Llegó más temprano de lo que esperé. Ah… Hatsuharu, Sagiri, ¿pueden terminar de poner los adornos? Solo falta ese de ahí.

Apuntó a un listón que debía de ir por la parte baja del cartel de bienvenida. Ambos asintieron y se pusieron a la obra. Tsuika por otro lado, fue rápidamente al recibidor, donde Kanon estaba mirando los cuadros colgados y los adornos que llenaban de vida el lugar. Cuando vio a Tsuika, sonrió.

—¡Llegué!

—Ah, bienvenida —él le sonrió de vuelta—. Llegaste más temprano de lo que esperaba.

—Bueno, me dijiste que viniera temprano —ella replicó—. ¡Además, ni siquiera podía dormir de la emoción! ¡¿Sabes lo feliz que me siento de estar de vuelta?!

—Lo imagino —él sonrió débilmente y luego se movió un poco el cabello—. Ya que la bienvenida todavía no está lista, ¿qué te parece comenzar a trabajar?

—¡Claro! ¡Por mí no hay problema!

Entonces, ella se puso manos a la obra en lo que Tsuika le encargó.
Iría a donde están los niños pequeños y ayudaría a Ubume a despertarlos, bañarlos y arreglarlos para que estén listos el día de hoy. Nunca se sabe cuándo puede llegar alguien a adoptar a un niño, por lo que siempre tienen que estar presentables y lindos, para que alguien decida por adoptarlos.
Así, la mañana de Kanon se fue de inmediato. Ayudando a Ubume a cuidar de los más pequeños. Ubume tenía un don con los niños, los adoraba y cuidaba como si fueran sus propios hijos. Pero Kanon sabe que la historia de Ubume es un poco triste. Ella era una humana que murió durante el parto, por lo que nunca conoció a su hijo. Cuando renació como “Ubume”, se dedicó a cuidar a todos los niños que eran víctimas de la negligencia de sus padres. Pero los padres, horrorizados con la Yokai, la culpaban de las muertes de los niños, que no morían por culpa de Ubume, sino por la misma negligencia de ellos y de la que Ubume los quería salvar.
Cuando conoció Sakurakyo y tuvo la oportunidad de cuidar a los niños que tanto quería, se quedó definitivamente en este lugar. Así es como ella empezó a trabajar aquí.
Kanon entonces se perdió nuevamente en sus pensamientos. Ella también está trabajando aquí porque quiere ayudar a los demás a sonreír. Quiere esparcir su felicidad, quiere ayudar todo lo que pueda. Al final, no es muy diferente en cuanto motivos.

—Bueno, eso sería todo por hoy —Ubume sacó de sus pensamientos a Kanon. El último niño había sido vestido y peinado y ya se había ido a jugar con los demás—. Gracias por la ayuda, Kanon.

—¡No es nada! —ella exclamó con una gran sonrisa—. Estoy aquí para ayudar, después de todo.

—Ah-ah —Ubume miró el reloj en la pared—. Ya es la 1 de la tarde. Deberíamos ir a comer. Tu bienvenida ya debería estar lista.

Kanon asintió con una gran emoción.
Ambas caminaron entonces hacia el gran comedor donde fueron abiertamente recibida por aplausos y gritos de bienvenida. Kanon se sorprendió ante tal escándalo, pero eventualmente sonrió de oreja a oreja, y gritó un muy feliz “¡Gracias!”.
De entre todos los presentes, el primero en acercarse a ella y al que todos le abrieron paso, fue Hyouya, el zorro dueño del lugar. Él, con su máscara puesta, solo sonrió.

—Bienvenida, Kanon —él dijo tranquilamente, pero de tal manera que expresaba ternura—. Es un gusto tenerte de vuelta en este lugar.

Kanon asintió de inmediato:

—Los extrañaba —ella dijo—. De verdad… Gracias por la bienvenida.

Hyouya guardó silencio por unos instantes, pero sin borrar su sonrisa. Entonces, miró a todos y exclamó:

—¡Bueno! ¡Todos siéntanse libres de comer lo que Saiko ha preparado para nosotros! —exclamó con esa sonrisa que parecía inspirar la paz y confianza a todos los presentes—. ¡Este banquete va dedicado a nuestra nueva trabajadora y vieja amiga, Kanon!

Todos exclamaron en un unísono y se dedicaron a festejar. Era, como cualquier otra fiesta. Todos comiendo, bebiendo, hablando, jugando. Los Yokai y humanos por igual. Desde pequeñas bolitas de pelusa negra que tenían vida, hasta seres tan grandes y antiguos como Hyouya. Desde humanos tan pequeños como Sagiri, hasta humanos ya adultos como Tsuika. Kanon, entonces, tomó asiento junto con Tsuika y los demás, quienes estaban hablando tranquilamente y degustando la comida mágica de Saiko.

—Ah, ¡qué bien sabe! —Kanon exclamó entre felicidad al probar un bocado de su platillo. Un onigiri de Sekihan—. ¡Saiko-chan de verdad hace manjares!

—¿Verdad? —Ubume preguntó con una sonrisa—. Nos sentimos afortunados de tener a alguien como Saiko cocinando para nosotros. Además, ella también parece feliz de hacerlo. Siempre quiso ser una cocinera reconocida, y lo está logrando.

Kanon asintió y siguió comiendo. Miró a su alrededor, a todos los inquilinos del lugar que cálidamente, le habían dado la bienvenida. Todos parecían ser muy unidos entre sí, amistosos y, sobre todo, alegres. Tsuika le daba de comer a su hijo, quien comía a grandes bocados. Zashiki comía al lado de Ubume. Hatsuharu, el tengu, estaba hablando con Hisamaru sobre el entrenamiento, demostrando una gran emoción incluso ante sus derrotas. Incluso Hyouya, alguien que inspira autoridad, estaba pasándosela bien.
Ella sonrió entonces y miró su comida.
Este lugar no es tan malo, nunca lo ha sido. ¿Entonces por qué en ese entonces ella no…?
Suspiró débilmente.
Todos aquí parecen ser una gran familia, y ahora, ella de alguna manera, es parte de la misma. ¡Eso le alegra!
De repente, el sonido del comedor disminuyó. Las pelusas negras con vida se escondieron entre los ropajes de los más grandes. Algunos yokai bajaron la mirada y siguieron comiendo en silencio. Muchos parecieron más tímidos, otros se veían claramente asustados. Hyouya simplemente sonrió, y Kanon, que no entendía porque los ánimos bajaron tan de repente, miró a todos, sorprendida.

—¿Qué sucedió? —preguntó—. ¿Por qué todos se callaron de golpe?

—Es el aura… —Ubume le explicó rápidamente—. Un aura muy fuerte que hace que todos teman. Siempre sucede cuando él llega. Pero no te preocupes, ya pasará cuando se aseguren que es él.

—¿Él? —Kanon volvió a preguntar. Sin embargo, esta vez, no fue Ubume quien respondió su pregunta.

La puerta del comedor se abrió, y Sagiri rápidamente exclamó, saltando desde los brazos de Tsuika:

—¡Papá! —y fue rápidamente a abrazar al recién llegado. Su pequeño tamaño le hacía llegar apenas a las rodillas del hombre, pero, éste entonces le cargó y le acarició la mejilla.

—Bienvenido, Enmei —Tsuika le dijo con una sonrisa.

—Estoy de regreso —dijo él tranquilamente, sin prestar atención a lo que sucedía.

Todos entonces, al mirar a Enmei, el recién llegado, volvieron al mismo ruido de antes, como si se hubieran asegurado de que no hubiera peligro. Todos, absolutamente todos, pero Kanon solo se quedó con los ojos muy abiertos, sin entender nada. Ese hombre, recién llegado… era considerablemente alto, de un cabello negro y largo que estaba, de hecho, igualmente alborotado que el de Sagiri. También tenía unas cejas un poco gruesas como las del niño. Sus ojos eran azules, con dos aros celestes en su iris. Él emitía una gran autoridad e imponencia incluso mayor que Hyouya. Y entonces, tranquilamente, se sentó junto a Tsuika, con Sagiri sentado en sus piernas.

—¿Quién… es él? —Kanon preguntó.

—Es Shiken Dōji —Ubume le explicó—. Es el padre de Sagiri, o al menos eso creemos. Para un dios no es nada difícil crear otra vida, por lo que estamos seguros que entre él y Tsuika crearon a Sagiri. Quiero decir, Sagiri tiene rasgos de ambos.

—¿Entonces él es… la pareja de Tsuika-chan?

Ubume volvió a asentir.

—Así es. Aunque en este sitio todos lo llamamos como Enmei Senjū, se dice que era su nombre cuando era un humano —explicó nuevamente—. Viene todos los fines de semana para ver a su familia, ya que es el objetivo de muchos otros Yokai poderosos y no quiere que ésta se vea involucrada. Pero bueno, él es alguien fuerte y realmente nunca nos ha preocupado.

—Ya veo… la pareja de Tsuika-chan… y el padre de Sagiri —Kanon repitió para sí misma.

Una familia.
Si bien, Sagiri no era un ser natural como ella, no había nacido de un hombre y una mujer, simplemente, nació de la magia de un dios y un humano. Pero, a final de cuentas, ellos se veían como una familia.
Una familia…
Suspiró en sus adentros.
Sí, a ella también le gustaría tener una familia. Pensando en un escenario, con ella como madre, con sus hijos, con Jafar como padre… ¡¡Espera!! ¡¿Por qué Jafar?!

—¿Kanon? —Ubume llamó—. ¿Estás bien? ¡Pareces un tomate!
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Y eso sería todo por hoy -w- esta trama si va avanzando un poco lento xD Pero ya en el siguiente capítulo aparecerá ese Yokai que tanto llena de emoción a Kanon 7u7... Y pronto empezaré con el trama en sí :D Sin más, me despido por ahora. Espero que les guste y no les aburra!

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Re: Byodo no Monogatari (Capítulo 3)

Mensaje por Kanon Oda el Dom Ago 05, 2018 11:51 pm

waaaoooh esta ge... // kanon: *interrumpe* WAAAA AL FIN APARECERA! que emoción!, ya quiero verlo, ya quiero romance... ya quiero .. // aaah es cierto lo olvide , olvide mencionar que kanon habla y actúa de manera torpe frente a quien le gusta // kanon: eso no! es .. cierto ... ò////ò // claro que si , hablas tonterías, confundes las cosas y hasta te tropiezas xD aaah esta increíble tu fic me encanta y al fin conocemos al papa de Sagiri, la feliz familia reunida al fin!! que kawai!!!

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Re: Byodo no Monogatari (Capítulo 3)

Mensaje por Runalan el Dom Ago 05, 2018 11:53 pm

Me alegra que te gustara <3 ¡Me esforzaré para el próximo capítulo!

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Re: Byodo no Monogatari (Capítulo 3)

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