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Los días del fin (Capítulo Final)

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Los días del fin (Capítulo Final)

Mensaje por Runalan el Mar Jul 31, 2018 3:38 pm

Capítulo IX
—El fin—

Sabrae fue el primero en responder agresivamente a Kluchel. Con numerosos cuchillos hechos de magia, atacó. Kluchel fue más rápido y se movió, así, los cuchillos impactaron en el suelo generando una explosión que hizo que todos se alarmaran e intentaran alejarse del lugar del impacto. Después, Akiza, sin previo aviso, sacó su arma y disparó a lo que parecía ser Kluchel. Se movía con tanta facilidad y rapidez que ni siquiera estaba apuntándole correctamente. ¡Era incluso más rápido que Hannya! Por lo que, con miedo a terminar lastimando a un compañero, bajó el arma y sacó su katana, por si ella sería el objetivo de aquel demonio. Se puso, entonces, espalda con espalda junto a Kurapika, mirando por donde quiera que Kluchel podría atacar.
Y lo hizo.
Kluchel salió desde todo el polvo generado por el impacto de los cuchillos de Sabrae. Preparó su mano, en forma de garra para atacar a Akiza. Pero cuando dio el golpe, una barrera se lo impidió. Obviamente, era Tsuika. Kurapika y Akiza, ambos, voltearon a ver sorprendido al albino. ¿No había gastado ya todas sus energías?
Incluso Kluchel se molestó.

—Ah, ¿por qué rayos es tan difícil acabar contigo, Tsuikasuigetsu? —tranquilamente, volteó a verlo—. Aun cuando parecía que ya no tenías energía alguna. Te empeñas en seguir protegiendo a gente que no es de este mundo, que no conoces, que no volverás a ver en ningún momento. ¡¿Por qué?!

—Mientras siga viviendo… salvaré a todas las personas que pueda —afirmó. Desvaneció la barrera al instante—. Los ayudaré a volver a su mundo, los ayudaré a salvar su mundo.

Kluchel sonrió maliciosamente, y volteó todo su cuerpo hacia Tsuika, extendiendo los brazos.

—¡Pero, dime, hermoso Tsuikasuigetsu! —exclamó abiertamente—. ¡¿Quién te salva a ti?!

Tsuika guardó silencio. Sabrae aprovechó el momento y atacó con sus cuchillos a Kluchel. Akiza también, aprovechó y disparó su arma. El polvo de la tierra se levantó, pero aseguraban que le habían dado finalmente. Cuando el polvo se desvaneció poco a poco, Kluchel no solo estaba agujerado, sino también apuñalado de numerosas partes por los cuchillos de Sabrae, los cuales, aunque se desvanecieron como siempre, provocaron el daño deseado.
Sin embargo, Kluchel aún sonreía, y lentamente, curó sus heridas.
Akiza le miró sorprendida y a la vez, molesta.

—¿S-Se está regenerando? —preguntó—. Incluso con heridas de esa magnitud… literalmente había un hueco en su pecho, ¡¿cómo puede seguir vivo?!

—Sonará ridículo que yo diga esto, pero… él lo dijo. Es un Aleph —Kurapika comentó—. Por ahora, retenerlo unos momentos…

Con su cadena, aprovechando el momento de regeneración del Aleph, Kurapika intentó retenerlo por unos momentos, así, Akiza y Sabrae tendrían de nuevo la oportunidad de volver a atacar. Pero tan pronto como dirigió su cadena hacia él lo más rápido que pudo, Kluchel se movió como si fuera solo un espejismo, incluso con su cuerpo destrozado. Rápidamente, Kurapika regresó su cadena.

—Tch… ese tipo…. —gruñó por debajo al mencionar esas pocas palabras.

Kluchel apareció por detrás de él, sin que se diera cuenta. Después de todo, él técnicamente no existía en este mundo, podía pasar desapercibido rápidamente. Pero, Akiza fue la que se dio cuenta de la estancia de Kluchel en las espaldas de Kurapika. Vio cómo iba a preparar un ataque, como su mano en forma de garra se levantaba, y, entonces, Akiza involuntariamente se movió para intentar detener el ataque, incluso si fuera con su propio cuerpo.
Cuando el impacto se dio acabo, Kurapika volteó de inmediato y solo vio a una herida Akiza caer al suelo. Sangrando del abdomen, aunque quiso levantarse de vuelta, no pudo y volvió a caer al suelo.

—¡Akiza! —Kurapika fue de inmediato a atenderla—. ¡¿Por qué rayos te pusiste en medio?!

Pero Akiza no contestó.
Kluchel se lamió la sangre de sus manos y miró a Tsuika nuevamente.

—Eh, los voy a terminar matando por accidente si sigue esto así —dijo burlonamente. Era claro que quería provocar—. Claro, aunque sanes esa herida, soy un Aleph. Se contaminará. Esta chica ya no tiene salvación.

—Tú… maldito bastardo….

Cuando Kurapika alzó la mirada, se dejaron entrever un par de orbes carmesíes brillantes que llamaron la atención del Aleph, quien ahora, parecía más emocionado que provocativo en cuanto a intentar hacer pelear a los demás enserio. Pues, ahora, parecía que este rubio se había puesto enserio.
Kurapika dejó suavemente a Akiza sobre el suelo.

—Eh… ¿Será que ya te vas a poner enserio, ojitos?

Kurapika no dijo nada en lo absoluto. Por unos momentos, que Kluchel había cerrado los ojos para parpadear, Kurapika ya no estaba en la zona. Por unos momentos se asombró y miró a todos sitios. Solo estaba Akiza, herida, a la cual Tsuika fue atender rápidamente. Pero, ¡¿Dónde estaba el rubio?! Miró a todos lados, hasta que sintió un golpe en la columna que lo mandó contra un árbol. Antes de siquiera dar contra el tronco del mismo, una cadena lo envolvió y lo inmovilizó completamente. Salió entonces, disparado hacia el suelo, donde varios cuchillos llegaron desde el cielo para apuñalarlo en varios sitios. Esta vez, aunque se contorsionara completamente, no podría liberarse. No solo por la cadena que lo apretaba más fuerte que antes, sino porque los cuchillos de aquel mago Sabrae habían caído en puntos estratégicos, pensando en la posibilidad de que cometiera el mismo acto.
Sin embargo, aun cuando ya estaba fuera de batalla, al menos, inmovilizado, Kurapika no pareció detenerse. Por su mente solo pasaba algo: “mátalo”. No solo hirió a Akiza, la contaminó. No sabe exactamente qué es lo que eso refiere, pero, le enfurece. Le enfurece que haya lastimado a Akiza, le enfurece… por eso, quiere matarlo. No se sentirá en paz hasta matarlo.

—¡Ey, Kurapika, detente! —Sabrae exclamó al ver que Kurapika se acercaba a Kluchel, pero, le ignoró completamente—. ¡No te acerques demasiado, idiota!

Pero no escuchó, estaba cegado, su mente solo repetía la misma palabra. Las cadenas eran suficientemente fuertes en esta ocasión para apresar a su enemigo, pero, no tenía un corazón al cual atacar. Podría entonces, ¿aplastarlo hasta la muerte? Que sus huesos se rompan uno a uno hasta que presionen sus órganos. ¿Eso le daría la muerte? … ¿O sería igual que antes y se regeneraría?

—K-Kurapika, detente…

Era la voz de Akiza la que lo hizo entrar en razón. Sus ojos volvieron a tomar la misma coloración de antes, y rápidamente, volteó a verla, ella estaba en los brazos de Tsuika, quien intentaba tratar la herida, sin éxito aparente. Kluchel aprovechó el momento de distracción y se liberó. Sacó su garra y se dispuso a atacar a Kurapika.

—¡Kurapika, cuidado! —esta vez fue Tsuika quien exclamó.

Kurapika volteó rápidamente hacia Kluchel, pero, Sabrae se había puesto en medio deteniendo el ataque del Aleph con una espada dorada hecha de magia.

—¡¿M-Magia dorada?! ¡Imposible…! ¡Esa magia se extinguió hace…!

—¿Mucho? —preguntó Sabrae burlonamente ante la sorpresa de Kluchel—. Soy el último usuario de la misma, a toda honra.

Y empujó con fuerza a Kluchel haciéndolo caer al suelo.
Esto no se terminaba aquí.
Tsuika y Akiza, por otro lado, estaban en lo suyo. La herida de Akiza, si bien no era grande, no era la herida y la sangre en sí lo que ponía en riesgo su herida. Era la contaminación infringida por un Aleph.
“Contaminación”
Es el término que se utiliza para cuando un cuerpo pierde todas sus energías y se va volviendo oscuro y oscuro, hasta finalmente, convertirse en alimento para los Aleph. Si no hacían algo para detener la contaminación, Akiza iba a terminar así. La magia de curación no funcionaría para hacerla desaparecer, por lo que Tsuika se sentía en aprietos. Akiza experimentaba un gran dolor, podía verse a través de sus expresiones, aun cuando ella parecía querer soportarlo, simplemente, no podía.

—¿Qué puedo hacer para salvarte? ¿Qué puedo hacer para evitar ese destino tan cruel para ti? —Tsuika repetía. Estaba tan afligido que incluso él mismo parecía experimentar el mismo sentimiento que Akiza—. Yo no sirvo para nada, ¿por qué tuve que terminar en esta situación? ¿Por qué terminé aquí? ¿Por qué? ¿Por qué?

Apretó los dientes, los ojos, los puños. Sus pensamientos volvían, la basura de persona que era. La escoria de la humanidad. Alguien que ya ni siquiera era recordado. Tan olvidado, que nadie podía recordar siquiera como se llamaba, y sin embargo…
Sin embargo…
¿Quién te salva a ti? Preguntó Kluchel.
Tsuika nunca había sido salvado por nadie. Por más que quería un héroe, por más que quería salvadores. Nadie llegaba. Por más que él salvó a todos los que podía, por más que él ayudó. Fue olvidado.
Abrió los ojos, mirando la herida de Akiza.
Nuevamente, salvará a alguien. No espera ser correspondido. No espera que alguien lo salve de la prisión que vive actualmente. Pero, está bien. Akiza tiene que volver a su mundo con Kurapika. Tiene que volver con sus amigos, tiene que volver…

—Volverás a tu mundo. Sana y salva, ¿de acuerdo?

Tsuika dijo gentilmente, sonriéndole a Akiza.
Puso su mano sobre la herida de la misma, y su mano lentamente, brilló. Una luz cálida y blanca, que emitía un aura pura y de paz. Que iluminaba incluso lo más oscuro. Era, eso, magia pura. La única capaz de contrarrestar a los Aleph, la corrupción de los Aleph.
En medio de la batalla, Kluchel se quedó inmerso en aquella pura luz. Sus ojos se abrieron como platos, sus pupilas se contrajeron a tal punto que ni siquiera parecía tenerlas. La luz, esa luz… la conocía. Era la luz de…

—¡Abysat-sama…! ¡¡ABYSAT-SAMAAA!!

Él, moviéndose a duras penas cargando con sus heridas, ignoró completamente a Kurapika y a Sabrae. Como si fuera un muñeco moviéndose por voluntad, como un venado recién nacido, caminó, tropezándose, dirigiéndose a la luz.

—Abysat-sama… c-cuánto tiempo… Ah… esa luz, esa luz, esa hermosa luz, su hermosa luz…. ¡Envuélvame con su luz!

Quiso correr, pero su cuerpo se movió hacia un árbol cercano, contorsionándose de nuevo. Pero, en esta ocasión, no fue él. Era casi como si una fuerza misteriosa e invisible lo hubiera dejado de tal manera. Sabrae incluso pareció temer un poco. Fue movido y aplastado como si fuera un muñeco de trapo. Kurapika no creía que sería tan fácil mover a un Aleph de esa manera.
Unos pasos se escucharon entonces desde los árboles. Era Shiken Dōji. Entonces comprendieron, que él había hecho eso con Kluchel. Lo único que el dios hizo antes de verlo, fue hablar:

—No te atrevas a mencionar su nombre… —y lo miró—. Pedazo de mierda.

Kurapika miró a Shiken Dōji por unos momentos, pero su mente cambió repentinamente de pensamientos y se dirigió a Akiza de inmediato. Se sentó en el suelo al lado de ella y Tsuika.

—¡¿Cómo está?! —preguntó rápidamente.

Tsuika parecía más cansado que antes, y solo le miró sonriendo de la misma manera que siempre lo había hecho hasta ahora.

—Está bien. Limpie toda la corrupción de ella —afirmó—. Sólo… necesitará descansar.

Kurapika suspiró con alivio. Ni siquiera comprendió porque se preocupó tanto por ella. Pero, ahora mismo, sentía un gran alivio.

Pasaron unos días.
Kluchel encontró su muerte al ser purificado por Tsuika después de que Kurapika y Sabrae volvieran a retenerlo. Sus últimas palabras eran enloquecidas, fuera de sí. Ni siquiera peleaba ya, solo se retorcía exclamando por la luz de Abysat. Kurapika no entendía a qué se refería, pero lo dejaba pasar.
Akiza necesitó unos días de reposo, no por la herida, esa sanó de manera inmediata en el altar. Sino que, para asegurarse que la corrupción se había ido para siempre y no habría problemas en el futuro para ella, ni una sola secuela. Pero, ella se sigue preguntando, ¿qué fue aquella inmensa tristeza que sintió cuando Tsuika eliminó esa corrupción? Quiere preguntar, pero como todo este asunto ha estado, prefiere simplemente, guardar silencio y dejarlo en un secreto. Para no molestar a Tsuikasuigetsu más de lo que ya lo han hecho.
Eventualmente, Shiken Dōji llegó con la noticia de que se había deshecho de la masa negra que se estaba comiendo al universo. También, salvó a cuantos mundos pudo, pero no todos tenían la misma suerte, por lo que muchos perecieron bajo aquella masa devora mundos.
Por lo tanto, este asunto ya estaba resuelto.
En cuanto Akiza estuviera mejor, se iban a ir. Kurapika lo había dicho.
Por eso, cuando mejoró, lo primero que hicieron fueron despedirse de todos. Todos les esperaban afuera en el patio, donde Shiken Dōji estaba preparado para abrir el portal que les llevaría de vuelta a su mundo. Así, se cumpliría lo que dijo Kurapika en primer lugar: No se volverían a ver nunca más.
Salieron al patio, donde fueron cálidamente recibidos.

—Fue un gusto haberlos conocido, me da pena que se vayan… pero lo prometido es deuda —Tsuika fue el primero en hablar—. Ya han ayudado suficiente, este tema terminó, estoy seguro que ya incluso extrañan su mundo.

—Está bien. Gracias por todo, Tsuika —Kurapika sonrió débilmente—. No olvidaremos la amabilidad con la que nos trataste todo este tiempo. Protegiéndonos ante lo que sea. Sin duda, esperaré que en un futuro nos podamos volver a ver.

Tsuika rió ligeramente.

—Lo dudo. Pero es un bonito pensamiento.

—A la próxima que vean un halo de luz, intenten evitarlo, mejor —Mikazuki rió al decir eso—. No vaya a ser que lleguen a un mundo peor.

—¿Peor? —Akiza preguntó—. Si este lugar es mucho más calmado que nuestro mundo.

Asahi, el gemelo de Mikazuki soltó una risa.

—¿Calmado? —se burló—. Worldend es matar o morir. Tuvieron suerte que nosotros los hayamos acogido. Por eso vivimos en el bosque.

Eso… cobraba más sentido. Siendo sinceros, nunca habían ido a otro lugar que no fuera la casa o Akushima. No habían conocido a otras personas además de ellos.

—Bueno… tiene razón, estuvieron en paz aquí por ese motivo, pero no le den muchas vueltas al asunto —Tsuika rió—. Mejor, lleguen a su mundo en paz y sigan con su vida tal y como ha sido hasta ahora. Estoy seguro que tienen sus propias metas. Sean las que sean.

Kurapika asintió con fervor, recordando su propósito. Akiza solo le miró de reojo.

—Bueno, entonces —Tsuika miró a Shiken Dōji—. ¿Podría…?

Shiken Dōji no dijo nada y suspiró. Entonces, frente a todos, se abrió un portal.

—Me aseguré de que los llevé a un lugar seguro de su mundo —habló Shiken Dōji--. Solo necesitan cruzarlo.

Ambos asintieron y miraron el portal. A través de él, podían ver un bosque con vista a la ciudad. Sin duda, Junius, su mundo.

—Gracias por todo —Akiza fue la que dijo ahora—. Gracias por haberme ayudado, Tsuika…

—No es nada —él sonrió como era de costumbre—. Esperaré poderlos ver en otra ocasión más amena.

Akiza asintió y, entonces, junto a Kurapika, cruzó el portal. Llegaron a Junius, su mundo. Los árboles, las ciudades, los edificios, sin duda, su mundo.

—Así que, acabó… —Kurapika dijo débilmente—. Ahora ya no estoy realmente seguro de…

—¿De qué…?

—Nada —interrumpió rápidamente—. Tenemos que encontrar a Gon y Killua. Hemos estado mucho tiempo afuera. No sé si el tiempo pase de la misma manera, pero tenemos que ponernos al día.

Akiza asintió. No importaba a donde, ella seguiría a Kurapika, por lo que tan pronto comenzó a caminar, le siguió con rumbo a la ciudad.

En Worldend, donde el portal se cerró. Tsuika suspiró, acaparando la atención de Shiken Dōji.

—¿Por qué la salvaste? —preguntó.

—Dejarla morir no iba a ser algo productivo, ¿verdad? —preguntó—. Además, sabes que me gusta ayudar.

—Ellos nunca te ayudaron realmente.

—Tu tampoco, sin embargo —sonrió—. Anda, mejor permítame invitarle algo de comer.

—Prefiero vivir, gracias —Shiken Dōji apartó la mirada.

—¡Qué cruel, Shiken Dōji-sama! —Tsuika rápidamente hizo un puchero. Estaba bien que cocinaba mal, pero no era para tanto.

Esto había concluido.
El mundo se había salvado, solo por detener a Kluchel. El antiguo universo, el universo de ahora, muchos mundos que están coexistiendo con ellos. A partir de ahora, Akiza y Kurapika tendrían eso en cuenta. A la hora de seguir sus aventuras, ellos seguirían pensando en que hay otros mundos donde todo es distinto, donde tienen diferentes costumbres, diferentes habilidades, y, sobre todo, diferentes personas. Iba a ser difícil olvidar la amabilidad de ese albino, así como para él iba a ser difícil olvidar a esas dos personas jóvenes que ni siquiera eran capaces de darse cuenta de sus sentimientos.
Ah… solo espera que en su vida todo vaya bien.

________________________________________________________

¡Y finalmente el final! Hoy fue capítulo doble por esto xD Quería acabarlo lo antes posible para no dejarlo inconcluso. Pero, en cambio, no siento que me convezca la historia de todas maneras. Siento que podría haber salido mejor u-u pero fue lo malo de hacerla sin tener la imaginación suficiente para la misma. Prometo que me esforzaré lo máximo para la proxima historia, y pondré la idea y los datos necesarios entre hoy en la noche o mañana :D Por ahora, esta está terminada, y espero que haya sido una historia de su agrado.
Sin más, ¡me despido!

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Re: Los días del fin (Capítulo Final)

Mensaje por Kanon Oda el Mar Jul 31, 2018 9:29 pm

Waaa estuvo increíble, me encanto!!! es decir kurapika explotando así y akiza sacrificandose así es todo un .. aaah un final típico de ambos saben que hay algo pero no dicen nada, mejor ignorar waaa me encanto fue una historia genial espero con ansias la siguiente !!!!

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Re: Los días del fin (Capítulo Final)

Mensaje por Runalan el Mar Jul 31, 2018 9:32 pm

Me alegra que te gustara :3 Intenté que quedara bien xD pero no me termina de convencer. La otra idea también, ya la tengo preparada en su mayor parte, solo quedan unos cuantos detallitos y hoy mismo o mañana temprano subiré los datos para poderla comenzar :3

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