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Los días del fin (Capítulo 8)

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Los días del fin (Capítulo 8)

Mensaje por Runalan el Mar Jul 31, 2018 2:20 pm

Capítulo VIII
—Akushima—

Akushima.
Es la montaña que se encuentra a las espaldas de Koyota. Una montaña grande, con mucho bosque en las faldas de la misma. Antigua, con numerosas leyendas. Se cuenta que, ahí, yacen demonios esperando comerse a aquellos incautos que osen pisar las sagradas tierras de Akushima. Otros dicen que hay una maldición que corrompe a la persona que entre hasta volverla nada. Finalmente, se cuenta la leyenda de que ahí, hace tiempo, fue encerrada una deidad maliciosa y que espera el día en que pueda liberarse.
Sea como sea, lo que les trae aquí ahora, es la estancia de Kluchel aquí. Aquella persona que quiere traer el antiguo universo de vuelta, el cual se está comiendo todos los mundos de éste mismo. Tienen que subir a donde sea que esté, en esta montaña tan temida, para entonces, darle fin. De lo demás, Shiken Dōji aseguró que se encargaría. Si bien, no saben muy bien si confiar en él, desde luego, Tsuika lo hace.
Caminaron por el bosque en los pies de la montaña, hasta que llegaron a unas escaleras de piedra. Era para subir hacia el altar que se encontraba casi en la cima de la montaña. Iba a ser un largo camino. Así, fue Sabrae el primero en pisar los escalones.

—Vamos a tener todo un largo camino por delante —comentó al seguir subiendo.

Tranquilamente, los demás le siguieron.

—¿Entonces dicen que aquí hay demonios y maldiciones? —preguntó Kurapika—. Parece una montaña cualquiera.

—Es que técnicamente es una montaña cualquiera —afirmó Tsuika—. Solo se cuentan esas leyendas. Si son verdad o no… bueno, ya descubriremos ahora.

El trayecto pareció ir tranquilo por un par de horas que subieron. Parecía, simplemente, no tener fin. Pero era necesario.
El primero en cansarse fue Sabrae, quien, agotado, se sentó en el pie de un árbol. Sin querer dejar a alguien detrás por miedo a separarse y que fuera esa su perdición, los demás decidieron quedarse con él, así, aprovecharían para descansar también. No lo admitirían, pero realmente se habían cansado.
Los escalones, en sí, no eran pesados. Eran pocos, ya que la mayoría era un camino empinado hacia arriba que los guiaba. Unos cuantos escalones de vez en cuando. Pero el estar caminando hacia arriba durante dos horas agotaba, sea quien sea. Por eso ninguno se molestó cuando Sabrae aclamó por un descanso.
Por suerte, también había traído algo de comer, y todos degustaron una comida rápida antes de seguir.

—Ah, ya hasta me siento como un día de campo —se burló Sabrae—. Ignorando el hecho de que estamos en uno de los lugares más peligrosos de Worldend. ¿Sería un día de campo extremo?

Tsuika rió ligeramente:

—Puede ser. Es una anécdota interesante.

—Ustedes sí que se toman todo con humor —comentó Kurapika, llamando la atención de todos, especialmente de su compañera, Akiza—. Cualquier cosa… no parece ser muy importante para ustedes…

—No es eso —Tsuika le interrumpió gentilmente—. A nuestra edad, intentamos simplemente, no prestarles atención a los problemas. Verás, tanto Sabrae como yo, tenemos más de mil años. Hemos pasado situaciones extremas, malas, cosas que nos han querido hacer tirar la toalla, pero, con el mismo tiempo aprendimos a poderles hacer frente sin necesidad de perder la cabeza. Claro que nos afecta, sabemos perfectamente que ahora mismo el universo está en juego, pero ¿qué ganaríamos agobiándonos por ello? Si continuáramos ahora, caminando sin descansar, ¿tendremos garantía de ganar la batalla que nos aguarda allá arriba?

Kurapika bajó un poco la mirada, pensativo.
Preocuparse tanto por algo, pensar solo en lo agobiante. Puede que en cierto modo tenga razón, pero, hay ciertas cosas que no se pueden dejar de lado. Cosas tan… traumáticas. ¿Con el tiempo sería capaz de hacerles frente? ¿Con el tiempo? … Tampoco es como si pudiera compararse con ellos dos. Él mismo lo afirmó, tiene más de mil años. Dentro de mil años, ni siquiera sus cenizas existirán.
Suspiró mentalmente. Definitivamente, él no es así. No puede dejar de pensar en algo para calmarse, no, simplemente, no.
Akiza miró por unos momentos a Kurapika. Sabe que incluso con todo lo que Tsuika acaba de decir, no entenderá. Bajó un poco la mirada, se sentía frustrada de no poder hacer nada para ayudarlo en ese ámbito. Porque, Akiza sabía mejor que nadie el problema de Kurapika, mejor que nadie…. Absolutamente, mejor que nadie.
Después de todo, ella conocía a…
Negó con la cabeza antes de decir algo y continuó a lo suyo cuando Tsuika habló:

—Por ahora, tómatelo con calma, ¿de acuerdo? —Tsuika sonrió débilmente—. Nada pasará porque perdamos un poco de tiempo aquí. Necesitamos recobrar fuerzas antes de ir.

—Este es un mundo mágico —interrumpió ahora Akiza—. ¿No tienen dragones que montar o algo?

—Nuestro presupuesto no alcanza para eso —afirmó rápidamente Tsuika—. Los materiales de la escuela de Sagiri son caros, además, ahora me voy a hacer cargo de Hannya… oh, voy a tener que comprarle útiles escolares también. ¿De dónde rayos voy a sacar tanto dinero?

Akiza y Kurapika ya no dijeron nada acerca de lo que estaba comenzando a decir Tsuika, preocupándose por los niños a estas alturas, más bien, la escuela de los niños ahora. Sabrae, por otro lado, se rió.

—Ah, ya pareces padre preocupado de nuevo —se burló—. ¿Por qué mejor no te casas y dejas que te mantengan?

—¡No voy a ser un parásito! —reclamó rápidamente—. ¡Como sea! Creo que ya descansamos demasiado, deberíamos seguir.

Kurapika asintió rápidamente:

—Sí. Necesitamos llegar antes del anochecer.

Todos tomaron sus cosas y se prepararon para continuar su camino. Tal y como decía Kurapika, tenían que llegar al altar antes del anochecer, ya que, sino, el camino sería todavía más peligroso de lo que es ahora. Era más por seguridad que por otra cosa.
Antes de retomar el camino al altar, Tsuika empujó rápidamente a Akiza tirándola al suelo. Todos se sorprendieron de tal acto, pero antes de que reclamaran, una flecha de fuego pasó por el lugar donde ella estaba parada. Cuando cayeron en cuenta que habían sido atacados, miraron al agresor. Una silueta negra fantasmagórica que llevaba un arco de igual manera. No parecía tener flechas consigo, así que era obvio creer que las creaba a partir de magia.
Sabrae gruñó débilmente.

—Demonios —afirmó—. Debieron habernos seguido todo este tiempo.

—¿Por qué se molestarían en atacar hasta ahora? —Kurapika preguntó, preparándose para pelear.

—Eso mismo me gustaría saber.

Tsuika se levantó y ayudó a Akiza a levantarse también:

—Lo siento, ¿estás bien?

Akiza asintió:

—Sí. Gracias.

Tsuika entonces, miró al demonio que estaba preparando otra flecha. Entonces, alzó su arco y volvió a disparar. Tsuika creó al momento una barrera que detuvo la flecha e hizo que desapareciera. Al momento de disipar la barrera, Sabrae lanzó varios cuchillos de magia dorada, que atravesaron al demonio y lo disiparon como si de polvo se tratara.
Akiza, por otro lado, disparó a otro demonio que comenzaba a llegar desde los árboles. Uno que parecía más un zombi que otra cosa. Kurapika, por su lado, se mantuvo al margen de los demás y por su cuenta lanzó a otro demonio con su cadena hacia el acantilado cercano.

—No podemos perder fuerzas con estos demonios —afirmó Tsuika—. Además de que no suelen atacar juntos…

—¿Será que Kluchel los está manipulando?

Tsuika entrecerró los ojos ante la pregunta de Sabrae.

—Es una opción.

—En ese caso ya sabe que estamos aquí —Sabrae entonces volvió a dispar otro demonio con sus cuchillos—. ¿Qué haremos ahora?

Tsuika entrecerró los ojos, centrándose más en detener los ataques de los demonios que iban principalmente dirigidos a Sabrae, Akiza y Kurapika. Pensó y pensó; si Kluchel ya sabe que están aquí, entonces planeará agotarlos antes de que lleguen, de esa manera, él tendría total ventaja. Claro, si un demonio les gana por el camino, sería todavía mejor para él.
No podía darse el lujo que los atacantes estén cansados al llegar al altar.
Él no es de mucha utilidad en una batalla. Así, fácilmente, él podría protegerlos de ataques ajenos mientras suben, claro que, necesitarían subir rápido. Pero solo él se cansaría, de esa manera, ellos podrían llegar firmes al altar y poderle hacerle frente a Kluchel.
Sí. Lo tiene.

—¡Los protegeré! ¡Corran hacia el altar! ¡¡AHORA!! —exclamó rápidamente. Todos voltearon a verle.

—¡¿Qué rayos planeas, Tsuika-baka?! —cuestionó rápidamente un exaltado Sabrae—. ¡¿Acaso quieres sacrificar tus energías para…?!

—Sí, exacto. Así que no pierdan tiempo. ¡Dejen de atacar y suban lo más rápido posible! Les protegeré de todo. ¡Lo prometo!

Tsuika realmente debería de tenerles confianza suficiente para sacrificar sus energías de esa manera, pensó Akiza.
Sería un poco cruel hacer eso, pero no tenían de otra más que seguir la petición de Tsuika. Todos dejaron de atacar a los demonios, pero en cambio corrieron por el camino de subida hacia el altar. Tsuika les siguió, protegiéndoles de los ataques demoníacos tal y como había dicho.
Sin perder energías.
Eso era primordial.
Los demonios continuaron y continuaron atacando, no parecían tener piedad. Ellos, seguían así, subiendo y subiendo, sin poder verle un fin a este camino vagamente construido. Tsuika se veía cada vez más y más cansado, y los ataques de los demonios se hacían más fuertes. Pero Tsuika no iba a ceder tan fácil. Aun así, tenían que subir lo antes posible.
Cuando vieron el altar a lo lejos, el corazón les dio un vuelco. Solo habría que deshacerse de los demonios que les siguieron, que no eran muchos gracias a que la misma barrera de Tsuika les hacía pasar en incógnito para ellos. Realmente, fue una gran suerte.
Así, finalmente llegaron al altar.
Akiza rápidamente preparó su arma de fuego para atacar a los demonios que habían estado molestando todo este tiempo, para darles un fin y hacer que Tsuika finalmente se tomara un descanso. Pero antes de que disparara, Tsuika disipó la barrera que se transformó en una onda que acabó con todos los demonios. Akiza, no hizo más que mirarlo asombrado.
Había sido demasiado, Tsuika cayó al suelo de rodillas exhausto. Sabrae se acercó rápidamente a socorrerlo.

—¡Oye, Tsuika! —fue rápidamente con él—. ¿E-Estás bien?

Tsuika asintió débilmente.

—Estoy bien, tranquilo —afirmó con una sonrisa que parecía más cansada que tranquilizadora—. La barrera absorbió todos los ataques, y eventualmente los liberó en su contra. Su acto reflejante.

—Vaya… —Kurapika se asombró—. Eso parece de utilidad.

—Sin embargo, Tsuika —interrumpió Sabrae—. Sabes que tienes un cuerpo frágil, ¡no debes de estarte arriesgando de esta manera! Arghh, ¿qué le diría a mi tío si resulta que te pasa algo? ¡¿Qué le diría a Shiken Dōji?! ¡Me van a matar!

—Por un momento realmente creí que te preocupabas por mí, pero ya vi que no —Tsuika se levantó y empujó débilmente a Sabrae. Antes de que pudieran decir algo más, Akiza le interrumpió.

—¿Por qué te tomas todas estas molestias por nosotros? —preguntó directamente—. No entiendo porque te sacrificas tanto por un par de intrusos de este mundo. No nos conocemos de nada, en lo absoluto. Posiblemente no nos vuélvanos a ver nunca, ¿por qué entonces nos ayudas con esto? ¿Por qué simplemente no nos dejaste de lado en el bosque? ¿Por qué te empeñas tanto en protegernos como si fuéramos alguien importante para ti?

Tsuika le miró sin decir nada más. Entonces sonrió y dijo, o más bien, preguntó…

—¿Por qué no hacerlo?

Tanto Akiza como Kurapika, no supieron que decir. Pero, ni siquiera tuvieron el tiempo para pensar en ello, pues, apenas terminó Tsuika, otra voz se hizo presente llegando desde el altar.

—Una gran estrategia, definitivamente —era Kluchel, quien salía como si fuera de lo más normal—. No esperaba menos de ustedes.

Antes de que pudiera pasar mucho tiempo, Sabrae miró a Kurapika. Habían ideado esto para cuando encontraran a Kluchel, así, rápidamente y de sorpresa, materializó sus cadenas para apresar a Kluchel con estas. Fue un éxito, algo, demasiado fácil, de hecho.
Y la sonrisa de Kluchel no les hizo entrar en calma. Contrariamente, les hizo darse cuenta que algo andaba mal.

—Cadenas… ya entiendo. Retienes a tu enemigo y le quitas su magia momentáneamente —repasó—. Es una buena estrategia, para alguien que podría verse afectado por eso. ¿Pero sabes? Soy un Aleph. Ni siquiera estoy vivo.

El cuerpo de Kluchel se torció de maneras que no podría, desde luego, un cuerpo normal torcerse. Al comienzo no parecía tener ningún objetivo más que molestar a Kurapika, hasta que se dieron cuenta, que se había comprimido tanto que simplemente, se deslizó por entre las mismas.
Akiza rápidamente miró a Kurapika.

—¡Kurapika! ¡¿Cómo es posible que…?!

—¡No lo sé! –exclamó rápidamente. Parecía tan sorprendido como todos—. ¡No debería de haberse librado de esa manera, pero…!

—Ya se los dije —finalmente, lejos de las cadenas, recobró su forma original. Terminó entonces de acomodar su cuello para mirarlos—. Soy un Aleph.

Y sonrió de la manera más tétrica que él hubiera podido mostrar.
Kurapika alejó sus cadenas de él. El único plan que tenían para el primer momento falló. Ni siquiera Tsuika previó algo como esto. Ahora, solo quedaba, enfrentarse a este hombre enloquecido.

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Y eso sería todo por ahora :3 posiblemente este sea el penúltimo capítulo. Si llega a ser así y tengo tiempo, muy probablemente hoy mismo suba el último capítulo y siga con la otra idea que no me deja. Pero, por ahora me despido>3 Espero que les guste.

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Re: Los días del fin (Capítulo 8)

Mensaje por Kanon Oda el Mar Jul 31, 2018 9:22 pm

ese tipo mas que tétrico es muy extraño y raro!! mucho me temo que están en problemas por otro lado ese tsuika es increíble se ve que hay mas de el de lo que se nota a simple apariencia !!! aaaaaah acabo de notar que el siguiente es el final .. que emoción quiero ver como termina todo *w*

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