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Los días del fin (Capítulo 7)

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Los días del fin (Capítulo 7)

Mensaje por Runalan el Lun Jul 30, 2018 3:10 pm

Capítulo VII
—Plan enemigo—

Solo han pasado unos días desde el ataque del enemigo a manos de Kagaminosaki y Hannya. Tras eso, Hannya fue capturado mientras que Kagaminosaki murió a manos de Tsuika, y, actualmente, se busca sacarle la información a Hannya acerca del enemigo, sus intenciones y, sobretodo, su identidad. Pero, aunque el demonio parece tener toda la información que buscan, se ha rehusado hablar.
Generalmente, para hacer hablar a alguien se recurriría a la tortura, fue lo que dijo Akiza, pero esa idea ni siquiera entró a la cabeza de Tsuika, quien se rehúsa a lastimar a un niño de no más de 15 años. Así que, aquí estaban, tres días después de aquellos eventos con Hannya encerrado en una habitación del primer piso. Sin saber cómo hacerlo hablar.
Akiza estaba de guardia, mirando por enemigos a la vista, ya que, al haber sido atacados antes, nada asegura que pueda volver a ocurrir. Estaba sentada en el pasillo exterior de la casa que volteaba hacia el bosque, tranquilamente. No dijo nada cuando sintió a Kurapika acercarse por detrás.

—¿Nada? —preguntó.

—En lo absoluto —contestó ella de inmediato.

Kurapika se sentó a su lado, mirando el bosque. Akiza no se inmutó en voltearlo a ver, solo, se quedó hundida en aquel panorama verde y claro. Incluso se movían algunos arbustos, pero no eran más que animales del bosque que se acercaban a comer, pues Tsuika y su hijo les dejaban comida y agua.

—Este mundo es demasiado tranquilo —comentó Kurapika de la nada, su mirada inmersa en el bosque no se movió en ningún momento—. Demasiado.

—¿Tú crees? —preguntó la chica—. Tomando en cuenta que fuimos atacados solo el primer día.

—Pero eso fue por el asunto que nos trajo aquí en primer lugar —afirmó Kurapika cerrando los ojos—. Pero no parece que vayamos a tardar en regresar.

Akiza no dijo nada, así que Kurapika prosiguió:

—No estamos aquí para quedarnos para siempre, tenemos nuestros propios asuntos en nuestro mundo —continuó, abrió los ojos y volvió a ver el bosque—. Así que, procuremos terminar este asunto rápido. Lo más rápido posible.

—Si crees que es más conveniente así…

—Es lo mejor —afirmó Kurapika—. No necesitamos hacer amistades innecesarias. Son gente que no volveremos a ver.

Y Akiza, entonces no dijo nada, solo pensando en ello.
Tsuika es una persona muy amable y agradable que, sin duda, sería bonito ser su amigo, pues parece tratar a todos con esa calidez inmensurable. Pero, también Kurapika tiene razón, tienen sus propios asuntos en Junius, por ello, necesitan regresar pronto. Seguramente, ahora mismo, Gon, Killua e incluso Leorio se están preguntando por su paradero. Necesitan volver pronto. Pero para eso, necesitan la información de ese chico capturado.
Dentro de la casa se escuchaban las voces de Shiken Dōji y Tsuika hablar acerca de ese mismo tema, sobre ese chico y su testarudez. Aunque bueno, también podría ser un poco más que obvio que no ayudaría a sus enemigos. Tsuika, más que enojado, parecía agobiado. La sola idea de tener a un niño encerrado…

—¿Debería sacarlo a que tome el sol? —preguntó Tsuika—. ¿Llevarle algo de comer? ¿Llevarlo al baño? ¿Bañarlo…?

—Se está preocupando mucho, Tsuikasuigetsu —Shiken Dōji regañó débilmente—. Es un demonio, no se va a morir por eso.

—¡Pero es un pequeño aún! —reclamó rápidamente, luego recordó con quien hablaba y entró en nervios—. L-Lo siento… a lo que me refiero, es que no quiero frustrarlo mucho. Quiero que sepa que aquí está a salvo y—-

—Te recuerdo que es el enemigo.

—¡Que ya lo sé! —volvió a reclamar Tsuika. Resopló al momento de juntar sus manos, pensativo—. Ya que las peticiones amables no funcionan, supongo que tendré que recurrir a lo otro.

Shiken Dōji le miró intrigado.

—¿A… lo otro?

—Soborno.

Sobornar a un niño no debería ser muy difícil, pensó Tsuika. Por suerte, ahora mismo en su casa, está Sabrae, la persona que mejor cocina en todo el universo (o al menos así lo considera él), así que, rápidamente, ignorando todo, fue a buscar a Sabrae y hablarle sobre el tema. Si bien, al comienzo se negó rotundamente, no podía negarse a los ojos de cachorro de Tsuikasuigetsu, así que terminó cediendo y se fue a la cocina a preparar unos panques.
Incluso Akiza y Kurapika que estaban afuera, sintieron el aroma de aquel pan recién horneado, el dulce que se les ponía encima y todo lo que llevaban. Se antojaron, no lo negarían. Por eso entraron a la casa, solo para ver a Tsuikasuigetsu, Shiken Dōji y Sagiri afuera de la cocina, mirando la misma.

—¿qué… están cocinando? —preguntó Akiza. Tsuika volteó a verla de inmediato.

—¿A que huele mucho? Ese es el plan —comentó con una gran sonrisa en su cara—. Usaremos eso para hacer hablar a Hannya.

—¡Seguro que esos panques saben ricos! —Sagiri mencionó, incluso llegaba a babear de solo imaginarse el sabor de esos panques. Su contextura suave, aplastables, ricos. Se limpió con su manga y siguió viendo la cocina—. ¡¿Puedo tener unos?!

—Sí, sí —Tsuika le acarició la cabeza—. Le pedí que hiciera para todos.

—Vaya… —Kurapika solo pudo decir, sonriendo débilmente. Ese aroma… valdría la pena probarlos, definitivamente.

Eventualmente, los panques estuvieron listos. Un plato con toda una torre de panques. Cuando entraron a la cocina por petición de Sabrae, este, con todo el orgullo del mundo, presentó su obra maestra.

—¡Estos son todos los panques que hice por ahora! —exclamó. Se cruzó los brazos, y en su cara tenía una sonrisa llena de satisfacción—. ¡Los panques de abajo son de manzana! Los de arriba de esos son de uva, los de más arriba de frambuesa, los de más arriba de zarzamora, y los de arriba arriba están solos. Tienen para elegir, ¡así que disfrútenlos!

¡Vaya tremenda torre de panques que había ahí!
Los invitados parecían asombrados por ver tal plato, y, con el olor que emitían, sin duda, era una auténtica obra maestra. Hasta daban ganas de llevarse a este cocinero a Junius.
Tsuika se adelantó y tomó un plato de la vajilla. Tomó un panque de cada uno y, acto seguido, volteó a ver a Akiza y a Kurapika.

—¿Me acompañan? —preguntó—. Necesitamos la información pronto.

Akiza y Kurapika se miraron por unos momentos; los panques podían esperar. Así, ellos, junto a Shiken Dōji siguieron a Tsuika. Detrás, solo escucharon a Sagiri comerse todos los panques que podía y a Sabrae gritándole “Aspiradora”. Solo esperaban que Sagiri dejara algo…
Tsuika entonces se detuvo enfrente de la puerta donde Hannya estaba encerrado y emitió un pesado suspiro que llamó la atención de Shiken Dōji.

—¿Qué sucede ahora? —preguntó con cierta hosquedad. Aunque claro, era su manera de hablar—. ¿No planea entrar, Tsuikasuigetsu?

—No es… eso… solo…

—Necesitamos la información —Kurapika insistió—. No es momento de dudar ahora.

Tsuika asintió y abrió la puerta.
La habitación no tenía mucha luz, pero tenía la suficiente para poderse ver las caras. Estaba vacía, no tenía mueble alguno más que una pequeña mesita que Tsuika usaba para dejarle comida a Hannya. Ahí, en el fondo, dicho muchacho estaba retenido con cadenas que estaban pegadas a la pared. Estaban cubiertas de magia, por lo que no iba a poder librarse de ellas hiciera lo que hiciera.
Akiza fue la que comprendió de inmediato porque Tsuika dudaba en entrar… No le gustaba verlo así. Y, en parte le comprende, es un niño y ya está en esta situación.
Tsuika sonrió y se acercó con el plato de panques. Se sentó sobre el tatami y puso el plato sobre la mesita que estaba enfrente de Hannya. El demonio rápidamente olfateó y miró los panques.

—¿Qué? —preguntó rápidamente el demonio—. ¿Por qué rayos esas cosas huelen tan bien?

—Son panques —dijo rápidamente Tsuika—. Muy deliciosos, por cierto. De uva, manzana, zarzamora, frambuesa, o uno sin nada.

—¿Por… qué me traes ahora algo como eso? —preguntó—. No se parece para nada a la comida que traías antes, eso… huele… … bien.

—Saben tan bien como huelen —Tsuika afirmó suavemente, su tono amable no se dispersaba—. Te puedo estos y más, siempre y cuando cooperes con nosotros. Te trataremos como un habitante más de esta casa, y no como un rehén.

Hannya pareció más agobiado que enojado, miró a Tsuika con ojos de duda.
Kurapika pensó por unos instantes, que sería más sencillo usar una cadena y amenazarlo con aplastar su corazón. Pero aparte de que Tsuika estaba contra eso, Hannya no tenía corazón como tal, ya que era un demonio nacido de un sentimiento negativo. No tenía algo que bombeara sangre, ya que ni siquiera era algo que necesitara. Por eso es que habían terminado así en primer lugar.
Hannya eventualmente soltó un suspiro.

—Escucha —habló firmemente—. Yo solo estaba con ellos por protección.

—¿Protección? —preguntó un desconcertado Tsuika—. ¿A qué te refieres? ¿Alguien quiere hacerte daño?

El pequeño demonio apartó la mirada. Aquella mirada llena de dudas, de la nada se tornó llena de tristeza y pesar.
Hannya, una máscara del teatro que representa a una mujer llena de celos. Pero, dependiendo el ángulo en el que se vea, también puede verse un demonio lleno de pesar y tristeza por los mismos celos ocasionados, por sus acciones, por todo.

—La mujer que me creó… se convirtió en un demonio de los celos —explicó sin mirarlos—. Está detrás de mi buscando mi muerte, porque cree que así podrá a volver a ser como antes. Ellos me ofrecieron protegerme de ella, siempre y cuando yo les ayudara.

—¡Ya no necesitas estar con ellos! —Tsuika exclamó sorprendiendo a todos los presentes—. Si ese es el asunto, entonces yo te protegeré de esa mujer. No necesitas estar con personas malas para poder protegerte a ti mismo.

Hannya no dijo nada, y solo le miró sorprendido. En sí, no era el único que le miraba sorprendido.
¿Por qué rayos confiaba tan rápido en él? ¿Qué tal si era una trampa? Podría fácilmente estar mintiendo, pero, Tsuika parecía creer ciegamente en lo que decía.

“Por eso las personas amables mueren rápido”

Pensó Kurapika, emitiendo un débil suspiro.

—Yo te protegeré, ¿de acuerdo? … No necesitas estar con ellos, por lo tanto, esa información que tú tienes, nos puede ayudar para prevenir un desastre mucho mayor —explicó Tsuika—. Ya no estás ligado a ellos, así, que por favor…

Hannya, por unos momentos, se quedó pensativo. Pareció considerar realmente las palabras de Tsuikasuigetsu. Por unos instantes, lo miró, bajaba la mirada, miraba a Akiza, a Kurapika, a Shiken Dōji, volvía a bajar la mirada. Y, finalmente, volvió a ver a Tsuika.

—De acuerdo, diré todo lo que sé.

Tsuika sonrió y miró a Kurapika.
Pedía algo con la mirada, que liberaran a Hannya de esas cadenas. Claro que, Kurapika dudaba de la veracidad de aquel chico y que cumpliera su palabra, pero luego analizó; hacer algo en su contra ahora mismo sería un suicidio. Está Akiza, está Tsuika, está él, está Shiken Dōji. Por eso Tsuika los trajo, por si algo salía mal. Suspiró en derrota, y se limitó a liberar a Hannya de las cadenas, que desaparecieron tan pronto Kurapika las tocó.
Hannya se movió por primera vez en días, se estiró y eventualmente, miraría a todos.

—Kluchel es el Aleph que intenta traer de vuelta al antiguo universo —explicó rápidamente—. Porque, afirma, que es algo que Kazuhiko deseaba con toda la fuerza.

Tsuika se erizó al escuchar ese nombre. Akiza lo notó, pero no dijo nada y siguió escuchando.

—En el universo actual, los Aleph no son más que virus andantes que contaminan todo lo que tocan. Ellos son los habitantes del antiguo universo que sobrevivieron —volvió a explicar—. Por lo tanto, quieren que el antiguo universo regrese para que ellos puedan tener una vida entera y, poder estar por encima de las otras razas.

—Comprendo —Shiken Dōji interrumpió para sorpresa de todos—. Entonces, solo necesitan matar a Kluchel.

—¿Y qué hay del universo? —Kurapika volteó a verle—. Quiero decir, acabar con Kluchel quizá evite que el universo se expanda más y más, pero, ¿qué pasa si no? ¿Qué pasa con la masa que está ahora mismo tragándose todo? ¿Desaparecerá si solo matamos a Kluchel y ya?

—Claro que no —le interrumpió, volteando a verle—. Por eso no se preocupen, yo me haré cargo. Ustedes solo maten a Kluchel.

Y se marchó sin decir nada más. Kurapika se quedó pensativo, ¿Kluchel un Aleph? No sabe exactamente que es un Aleph más que la explicación breve que dio Hannya, y que parece que todo lo que tocan contaminan.

—Entonces… ¿Puedo comerme los panques? —preguntó Hannya, Tsuika rio débilmente y asintió, así que se puso a la obra.

—Hannya —Kurapika interrumpió—. ¿Dónde podemos encontrar a Kluchel?

—En Akushima —afirmó rápidamente—. La montaña más grande de Katari, está aquí mismo en Koyota.

—Sí, no está muy lejos y eso me sorprende, pero en parte, por eso tiene sentido que supieran que aquí estábamos —afirmó Tsuika—. Supongo que tendremos que poner manos a la obra.

Akiza cerró los ojos pensativa, y Kurapika asintió.

—Sí. Acabemos rápido con este asunto.

A partir del momento en que liberaron a Hannya, se había decidido gracias a Tsuikasuigetsu que se quedaría con ellos, pues él mismo se ofreció a protegerlo de todo. Hannya entonces cedió, y se quedó en la misma casa que ellos, soltó toda la información y, finalmente, fue liberado. Aunque claro, él ya no se iría de la casa y se quedaría como un residente permanente.
Tuvo conflicto con Sagiri, quien se puso celoso de tener a otro niño en la casa que tuviera la atención de su papá. Pero eventualmente terminó llevándose bien con él, y terminó junto con él y Hatsuharu. Eran un trío de niños revoltosos, “problemáticos” diría Asahi.
Mikazuki y Asahi se reunieron con los demás a hablar del tema, de Kluchel y su deseo de traer el universo anterior para la gloria de los Aleph, aquellos seres que contaminan. Estaban en la sala, mientras Mikazuki bebía una taza de té, todos, o al menos la mayoría, probaban los panques de Sabrae. Afuera, se escuchaban los gritos de Sagiri, Hannya y Hatsuharu, que estaban jugando al no meterse en este conflicto y tener un día como siempre.
Mikazuki entonces, dejó la taza de té en la mesita y habló:

—Entonces, Kluchel… —mencionó débilmente—. Nunca había escuchado ese nombre para ser sincero, así que me temo que no puedo darles mucha información.

—Sin embargo, si es un Aleph… —Asahi interrumpió a su hermano—. Solo eso ya representa un problema. Por otro lado, Akushima tampoco es un lugar muy ameno que digamos. Está infestado de demonios y Aleph, además de que hay una maldición que corrompe a cualquiera que entre en sus bosques.

—Ya me las arreglaré para disipar la maldición —Tsuika dijo tranquilamente—. Pero Kluchel está en ese lugar, y para poder evitar que este problema siga y siga, tenemos que detenerlo a él primero.

—Estoy de acuerdo con él —Kurapika dijo de manera inmediata—. Cuanto antes podamos acabar con el principal causante, acabaremos el problema más rápido, evitando más desastres con otros mundos. Después de todo, la masa negra que se está comiendo todo, está siendo atraída por él, ¿no?

Mikazuki asintió.

—Worldend se encuentra casi en el centro de este universo —afirmó—. Fue uno de los primeros que se formó, sino es que el primero. Por lo tanto, estando él aquí, atrayendo la masa desde fuera, es porque sabe que está en el mejor punto posible. Acabando desde las orillas hacia el centro.

—Él también mencionó a un Kazuhiko —Kurapika dijo. Nuevamente, nadie se percató más que Akiza, al ver a Tsuika bajar la mirada—. Decía que es algo que Kazuhiko deseaba con todas sus fuerzas…

Mikazuki cerró los ojos, Asahi solo volteó su mirada hacia ellos sin decir nada. Entonces, comprendió. Fue quizá alguien poderoso que fue un enemigo de ellos, lo conocían. No puede afirmar si está con vida aún o no, pero, desde luego, lo conocen.
Suspiró. No quiso indagar más en el tema, así que simplemente prosiguió:

—Solo debemos deshacernos de Kruchel y este asunto estará resuelto —afirmó Kurapika—. Así que estoy listo para cuando vayamos por él.

—Gracias, Kurapika —Mikazuki sonrió—. Realmente tu iniciativa es muy reconfortante.

Sin decir nada, Tsuika se levantó de la sala y se marchó por el pasillo exterior. Nadie dijo nada, Mikazuki solo cerró los ojos sabiendo que ocurría, Asahi chasqueó la lengua. Shiken Dōji miró, Kurapika no se enteró y Akiza, por otro lado, tenía la inmensa necesidad de seguirle y aclarar este asunto. Pero…
No tiene porque, no tiene por qué acercarse a él si no lo conoce. Además, recuerda las palabras de Kurapika: “Son gente que no volveremos a ver”. Akiza no entendió porque sus piernas se movieron involuntariamente y salió por la misma dirección que Tsuika. ¿Era curiosidad? El asunto de Kazuhiko parecía agobiar a Tsuika. ¿Era quizá empatía? Akiza ni siquiera sabe cómo se siente ella misma como para saber lo que sienten los demás. No entendía, pero eventualmente, terminó por alcanzar a Tsuika, quien al notar su presencia pareció reincorporarse a sí mismo y voltearla a ver, deteniéndose.

—¿Sucede algo, Akiza-san? —preguntó de la misma manera amable que siempre.

Akiza, por unos momentos, guardó silencio, no dijo nada, pero por su mente pasaban muchas cosas. ¿Qué le iba a decir? ¿Por qué lo había seguido en primer lugar?
Sin embargo, esta no era la primera vez que se sentía así. En más de una ocasión, su cuerpo, involuntariamente, se había movido por sí solo para hacer acciones. Su boca había recitado palabras que ella nunca esperaba decir. Hacía cosas que nunca se imaginaba hacer… Generalmente, estas acciones involucraban a Kurapika, a quien protegía sin importar que. Porque sentía ese extraño sentimiento, y, ahora, quizá, aunque no es el mismo sentimiento, lo sentía, se sentía incomoda, con ganas de decir tantas cosas, pero por más que deseaba, nada salía.
La mirada de la chica, sin embargo, terminó por incomodar un poco a Tsuika.

—Akiza-san, ahora mismo yo…

—¿Quién es Kazuhiko? —preguntó firmemente y de repente, sorprendiendo a Tsuika—. Sé que lo conoces, sino, tus expresiones no serían así de turbias cada vez que lo mencionan. Sabes quién es, pero no quieres decir, parece como si quisieras olvidar ese asunto.

—Es porque quiero olvidarlo —Tsuika respondió secamente, tan seco, que no parecía ser el mismo Tsuika de siempre—. Esa persona era solo una escoria que supo hacer daño. Alguien que se obsesionó solo por un poco de amabilidad. No tiene caso hablar de él.

—Sin embargo, olvidando el tema de Kluchel, en cierto modo, él es el causante de esto. Sus deseos.

—Quizá —respondió el albino—. Pero no meterá sus narices en esto. Él está encerrado en el lago. En lo más más profundo del lago Seitaka. Mientras yo siga manteniendo mi mente enfocada en eso, él estará encerrado. ¿De acuerdo? No te preocupes por ese tema.

Y sin decir ni una sola palabra más, se marchó.
Akiza entrecerró los ojos mirando las espaldas de Tsuika, quien terminó por meterse a otra habitación. Por detrás de ella, entonces, apareció Kurapika.

—No creía que querrías sacar información por tu cuenta —interrumpió el rubio. Akiza volteó a verle.

—No era eso… sino que…

Ella iba a explicar lo que realmente ocurría, pero, ¿qué ocurría realmente? Ni siquiera ella sabía porque terminó confrontando a Tsuika de esa manera. Acaso, ¿se había sentido mal por él? Por esas reacciones tan agobiadas que hacía cada vez que lo mencionaban. E incluso ahora, cuando afirmó que Kazuhiko estaba encerrado, hablaba con una inmensa tristeza mezclada entre rabia e impotencia.
¿Quién era ese hombre? ¿Qué relación tenían?
Y, sobre todo, ¿por qué ella se sentía así? ¿Por qué le importaba tanto?
¿Será quizá que la amabilidad que Tsuika mostraba… le afectó de alguna manera?

—Akiza —Kurapika llamó, sacándola de sus pensamientos—. Deja de darle vueltas al asunto. Tenemos que prepararnos, vamos a ir a Akushima.

Akiza asintió y se fue con él.
Tsuika entró a su habitación en silencio, recargado en la puerta. Poco a poco, se deslizó hasta caer al suelo. Abrazó sus rodillas mientras hundía su cara entre las mismas. Por un momento, todo dejó de importarle y se centró en su propio pesar.

—¿Cuándo me dejarás en paz…Kazuhiko?

Había pasado ya un par de horas, y con ello el momento de marcharse a Akushima. Akiza y Kurapika desde luego, ya estaban listos. Junto a ellos llegó Sabrae, quien también se había apuntado a ir, pues había sido traído a este mundo de manera involuntaria también. Shiken Dōji no iría. Mikazuki y Asahi se quedarían en la casa junto a los niños. Por lo que, solo Tsuika les acompañaría, pero aún no llegaba.
Akiza pensó que quizá era por haberlo confrontado de esa manera, culpándose a sí misma por unos instantes. Pero, cuando llegó cargando una katana y sonriendo, esa culpa se disipó. Actuaba como si nada hubiera pasado, incluso sonriendo con la misma amabilidad que cuando lo conoció.

—¿Nos vamos?

Tsuika dijo débilmente, entonces, todos se prepararon para marcharse.

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Y eso es todo por hoy xD creo que la historia será un poco más corta de lo que esperaba. No quiero alargarla tanto y arriesgarme a no terminarla, así que yo creo que ya estamos cerca del final. Así que, por ahora, sin más, me despido >3

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Re: Los días del fin (Capítulo 7)

Mensaje por Kanon Oda el Mar Jul 31, 2018 12:11 am

Waaaaah esta incrible!!! akiza se preocupa por el lindo de tsuika!! n_n tipico de ella y kurapika siempre tan apresurado bueno asi es el.. solo espero que nada pase !!! aaaaah esto ansiosa por la conti!!

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