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Los días del fin (Capítulo 3)

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Los días del fin (Capítulo 3)

Mensaje por Runalan el Jue Jul 26, 2018 3:02 pm

Capítulo III
—Confusión en otro mundo—

Después de lo sucedido en el bosque, y tras haber llegado a un extraño lugar llamado “Katari”, Kurapika y Akiza no tuvieron otra opción que seguir a la única persona que conocieron en el lugar, y que amablemente, les ofrecía explicaciones o, al menos, intentar ayudar en lo máximo posible.
Al seguirlo, dieron con una gran casa que justo estaba, convenientemente, cerca, en medio del bosque. Al llegar ellos a lo que parecía ser el patio de la casa, llegó también el chico con alas, que rápidamente aterrizó y se dirigió a Tsuika.

—¡Tsuika! —exclamó Hatsuharu, pero se detuvo al ver a los dos jóvenes nuevos—. Ya, entonces la localización fue exacta…

Tsuika asintió:

—Sí, muchas gracias, Haru-chan —sonrió débilmente al menor—. Pero por ahora necesito hablar con papá. ¿Crees poder cuidar los alrededores? Quizá haya más personas por algún sitio.

—¡Sí! —rápidamente desplegó sus alas y comenzó a volar, no demasiado lejos del suelo—. ¡Déjamelo a mí!

Y entre aleteos rápidos y precisos, se marchó por el aire, justo por encima de los árboles. Akiza y Kurapika, ambos nuevos en este mundo, se asombraron por las alas de ese chico. No parece ser más que un adolescente de quizá 15 años, pero la manera en la que maneja sus alas, parecía ser que las tuviera desde siempre.
Quisieron preguntar, pero antes de que tuvieran la oportunidad, Tsuika les habló:

—Por aquí —entró a la casa, y no tuvieron más remedio que seguirle.

Entraron a la casa, amplia, tal y como se veía desde fuera. Se veía detalladamente limpia, con varias pinturas que parecían ser valiosas; estaban pintadas a mano cuidadosamente, como si fueran obras de arte. Los sillones parecían ser caros, de hecho, la mayoría de los muebles parecían ser caros. Pero, todo tenía un tipo de semblante antiguo. Se veía muy tradicional, pero tenían aparatos eléctricos, una TV de plasma, una consola de videojuegos y DVD conectada a la misma. Teléfono, lámparas conectadas a la corriente, aunque se veía como si fuera del antiguo mundo, tenía también un toque moderno.

—Esperen aquí, por favor —Tsuika dijo, y los dejó en la sala, para después subir por las amplias escaleras.

Akiza se mantuvo mirando el sitio con curiosidad. Las estanterías repletas de todo tipo de libros; desde medicina hasta libros de japonés, poemas, novelas, recetas de cocina. Incluso algunos libros infantiles de cuentos o dibujos y pinturas.

—Esto es, definitivamente otro mundo —Kurapika dijo, para después mirar a Akiza, quien le regresó la mirada—. Katari no es un lugar que exista, puedo asegurarlo. Tuvimos la suerte de ser encontrados por esta persona.

—¿Eso crees? —ella dijo, y miró una de las pinturas—. Parece ser alguien de dinero… y va recogiendo gente perdida como si nada. O es alguien capaz de defenderse perfectamente, o es alguien muy tonto.

—Es obvio que no vive solo —afirmó Kurapika—. Ese chico con alas, su padre… No sé qué tipo de lugar es este, pero por ahora debemos de mantenernos alerta. No sabemos qué tipo de personas pueden ser.

Akiza suspiró y volteó a verle de nuevo.

—¿Habrá sido aquella luz la que nos trajo aquí?

—Es lo más probable.

—Entonces, es probable que no seamos los únicos que fueron transportados —dijo Akiza. Al momento, Kurapika puso una mano en su barbilla mientras se ponía pensativo, analizando la situación y posibles suposiciones.

—Siendo que éramos muchas personas en ese sitio cuando eso ocurrió, las probabilidades de que hayamos sido solo nosotros son muy bajas, por no decir que sería algo ridículo —afirmó—. Pero, sin duda, quizá solo nosotros dos llegamos a este mundo.

—Entonces otras personas pudieron haber llegado a mundos distintos… —complementó Akiza—. ¿Pero por qué?

—Eso es lo que no puedo explicarme —suspiró Kurapika—. De todas maneras, todo esto es completamente nuevo para mí. El viajar a otros mundos, es algo casi surrealista que realmente me estoy preguntando si no es más que un sueño. Pero todo parece indicar que es la realidad.

—Es que es la realidad —afirmó alguien ajeno a ellos.

Akiza y Kurapika voltearon de inmediato a ver la persona que había llegado. Una persona de cabellera negra y corta. Vestía un elegante kimono de color azul, con varios kimonos más por debajo. Sus ojos eran de un color azul Rey, y alrededor de su pupila brillaba en un color dorado, una heterocromía en los dos ojos que no era común de ver. Parecía ser una persona común y corriente, pero su aura brindaba cierta elegancia y paz. Similar a la de Tsuika, quien caminaba detrás de él.
El joven de kimono azul hizo una reverencia y sonrió con toda la normalidad del mundo.

—Mi nombre es Mikazuki Hanatsuna —se presentó—. Sean bienvenidos al mundo de Worldend.

Ni uno dijo nada, y se mantuvieron atentos a lo que tenía que decir.

—Ustedes no son de este mundo, lo sé —prosiguió Mikazuki—. Y están desorientados, también lo sé. No saben que ha ocurrido, y, sinceramente, yo tampoco lo sabía hasta hace poco.

Kurapika fue el primero en ceder.

—Mi nombre es Kurapika… —se presentó—. Y está en lo correcto. No sabíamos exactamente que esto era otro mundo, pero ya lo sospechábamos. Sin duda, ha afirmado nuestro… presentimiento.

—Yo soy Akiza —se presentó la chica.

—Kurapika, Akiza… —Mikazuki cerró los ojos al momento de repetir sus ojos—. No son nombres que se escucharían en este mundo. Ni sus ropas son algo común, de hecho, ni siquiera sus rasgos pertenecen a alguien de este lugar… ni de un país tan lejano como Samahl o Aisan, o nuestro país y donde estamos ahora, Katari.

—Pero ser traídos a este mundo… de la nada, ¿no es una mala señal? —preguntó Tsuika, mirando a su padre—. Papá… ¿es de lo que me querías hablar?

Mikazuki abrió los ojos.

—Sí, era sobre esto —afirmó—. Pero por ahora, tenemos otro visitante.

—¿Otro…?

Tsuika iba a seguir hablando cuando fue interrumpido por varios gritos que se escuchaban desde fuera. Era, sin duda, una persona adulta rezongando. Incluso Kurapika y Akiza voltearon a ver hacia la puerta por la que habían entrado. Mikazuki cerró los ojos con una débil sonrisa, y Tsuika parecía también intrigado.
La puerta entonces se abrió de golpe gracias a Hatsuharu, quien estaba arrastrando a otra persona de ropas negras.

—¡Traje a otro! —exclamó con toda la normalidad del mundo.

—¡Oye, suéltame maldito pollo! —reclamó la persona arrastrada.

Tsuika abrió los ojos con sorpresa al ver al nuevo visitante.

—¡¿SABRAE-SAN?! —corrió de inmediato hacia él—. ¡Haru-chan, ya, suéltalo!

Hatsuharu no dijo nada y lo soló, haciendo que Sabrae se golpeara en la cabeza. Se sobó mientras hacía puchero y maldecía al Tengu, quien solo le dedicó una mirada maliciosa.
“Estúpido pollo”
Sabrae repetía. Pero entonces miró a Tsuika.

—S-Sabrae-san… ¿qué hace usted aquí? —preguntó Tsuika, quien parecía preocupado genuinamente. Incluso lo ayudó a levantarse.

—Egh… un halo de luz me arrastro hasta aquí —explicó rápidamente—. Luego me encontré a un Wyd que intentó morderme, pero luego este pollo apareció, hizo un tornado, se llevó medio bosque de encuentro y me llevó a mí de encuentro también. Antes de darme cuenta estaba siendo colgado por los aires, me tiró al patio y me siguió arrastrando sin piedad.

Tsuika no dijo nada, solo una expresión en blanco ante tal explicación.

—¿Lo conocen? —Kurapika miró a Mikazuki.

—Sí… es mi sobrino —habló Mikazuki.

—Bueno, se ve de la edad del albino —comentó Akiza—. Quizá un poco más… …. No, muy alto a comparación de él.

Mikazuki soltó una risita:

—Todos son más altos que Tsuika-chan —comentó.

—¡Oye, Mikazuki! —Sabrae entró a la casa como si nada y se paró frente a la deidad, mirándola fijamente—. ¿Acaso me llamaste para algo?

—¿No viniste por tu cuenta? —preguntó Mikazuki.

—¡Sabes que no puedo viajar entre mundos desde que ese estúpido de Shiken Dōji me quitó la mayoría de mi magia! —exclamó ofendido—. Por eso pregunto si me llamaste, no creo haber aparecido aquí de la nada.

—Pues si apareciste aquí de la nada —dijo Mikazuki—. Y justo le iba a explicar a mis dos invitados sobre eso, ya que están en la misma situación que tú.

Sabrae entonces reaccionó. Más allá de Tsuika o Hatsuharu, había otras dos personas, a las cual volteó a ver de inmediato. Las analizó detenidamente, las miró de arriba abajo. La primera en incomodarse fue Akiza, quien dio un paso hacia Kurapika.

—Vienen de Junius —afirmó rápidamente Sabrae.

—¿Cómo… sabe eso? —preguntó Tsuika.

—Por sus ropas, y porque poseen Nen.

—¿Usted conoce del Nen? —preguntó rápidamente Kurapika—. O mejor aún, ¿ha estado en nuestro mundo?

—Un par de veces… antes solía viajar mucho, pero ya no puedo —explicó rápidamente—. En fin, Mikazuki, ¿qué tienes que decir al respecto de lo que está ocurriendo?

Mikazuki suspiró.
Amablemente, les pidió a todos que tomaran asiento. Esa fue la única manera en la que todos se calmaron un poco y, en los sillones que eran condenadamente cómodos, se sentaron. Mikazuki fue el único que permaneció parado, lo suficientemente cerca de todos como para que pudieran escucharle atentamente. Fue, entonces, cuando explicó:

—La aparición de una masa negra en el universo en el que vivimos, es lo que está causando una gran inestabilidad en todos los mundos habitantes del mismo. Muchos han colisionado entre sí, desapareciendo en el instante, otros rozan y suceden este tipo de eventos en el que intercambian algunas cosas, ya sean fauna, animales, personas, incluso objetos. Worldend es un mundo muy grande, por lo que es normal que roce con otros mundos continuamente, pero esta vez, ha rozado con dos mundos diferentes al mismo tiempo, y ustedes han llegado tras ese roce —explicó tranquilamente—. Aquella masa negra, sin embargo, aún desconocemos de que se puede tratar, pero estamos intentando averiguarlo, ya que está tragándose varios mundos y ocasionando este desbalance que puede llegar a ser fatal de continuar.

—En otras palabras… algo se está tragando el universo —Kurapika dijo rápidamente.

Tsuika apartó la mirada lejos de todos. Akiza la bajó un poco, pensando en las consecuencias de eso.
Si todo desapareciera…
Si todos desaparecieran…
Todo, absolutamente todo.
Apretó los dientes y los puños de solo pensarlo.

—No es algo que podamos permitir —murmuró, pero todos alcanzaron a oírla. El primero en comentar algo al respecto fue Mikazuki.

—Lo sé —afirmó—. Pero no podemos luchar contra algo que no sabemos que es.

—Sin embargo, usted posee mucha información al respecto —comentó Kurapika de inmediato—. Y tampoco parece muy preocupado.

—Oh, es solo que, de desaparecer, yo podría seguir viviendo —afirmó con una débil sonrisa—. Después de todo, soy la deidad de la luna. Mientras haya luz, yo seguiré existiendo.

Ninguno supo que decir al respecto. Así, Tsuika, sin hacer contacto visual con alguien, habló tímidamente:

—Entonces, ¿debemos saber que es esa cosa que se traga todo… antes de poder hacer algo al respecto? —preguntó.

—Exactamente —afirmó Mikazuki.

—¿Pero cómo demonios planeas que investiguemos que es esa cosa? —rezongó rápidamente Sabrae con disgusto, cruzándose de brazos y apartando la mirada—. Yo perdí mi estatus hace mucho, no es como si pudiera hacer algo ahora.

—La persona que te quitó tu estatus, sin embargo, podría saber perfectamente que es lo que sucede —comentó Mikazuki.

Tanto Tsuika como Sabrae se erizaron de inmediato. Akiza y Kurapika no comprendieron.

—Estás de broma, ¿no? —Sabrae se negó, sonriendo nerviosamente—. Shiken Dōji… no hay manera de hablar con él. Como está a salvo en ese lugar llamado el Campo Estelar, ni siquiera se debe preocupar de lo que sucede por estos sitios.

—No —Tsuika le interrumpió rápidamente—. Shiken Dōji está más atento de lo que crees… Pero en cuanto hablar con él, en eso tengo que darte la razón. Es… imposible.

—Pero tiene que haber una manera, ¿no? —dijo Kurapika—. Quiero decir, si está tan atento como él dice, entonces debe aparecer en algún momento si sabe que lo necesitamos.

—No es tan sencillo —afirmó Sabrae—. Él es medio especial a la hora de ayudar… Puede estar acabándose el mundo, y él solo aparecería para ver en primera fila como mueren los humanos.

Akiza rechinó los dientes.

—No parece ser alguien muy agradable a como lo comentas tú.

—¡Es que no es alguien con quien te gustaría conversar! —exclamó Sabrae—. Pero, en fin, no hay manera de contactarlo, así que tendremos que buscar otra alternativa.

Sabrae, campantemente, se recargó en el sillón, seguro de sus propias palabras. Ignoró el hecho de que Mikazuki miró a su hijo, quien no entendió el porque la mirada tan intensa.

—Si hay una manera de llamarlo.

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Y eso es todo por ahora :3 me disculpo si está aburrido u-ú ya que es pura plática. ¡Pero prometo que pronto habrá acción y más cosillas! Así que por ahora, me despido >3
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Re: Los días del fin (Capítulo 3)

Mensaje por Kanon Oda el Jue Jul 26, 2018 10:40 pm

Sabrae le tiene miedo a alguien? Eso es nuevo xD vaya me esta encantando tu fic... akiza y kurapika parecen estar en un enrrollo grande, como terminara esto???? Vaya me encanta espero conti

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