Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» El Odio de Amarte (Renovada) Capitulo 10
Hoy a las 1:37 pm por Runalan

» With You (Capítulo 5)
Hoy a las 2:07 am por Kanon Oda

» With You (Capítulo 4)
Vie Nov 09, 2018 5:16 pm por Kanon Oda

» El Odio de Amarte (Renovada) Capitulo 9
Vie Nov 09, 2018 11:19 am por Runalan

» With You (Capítulo 3)
Jue Nov 08, 2018 12:40 am por Kanon Oda

» With You (Capítulo 2)
Lun Nov 05, 2018 8:15 pm por Kanon Oda

» El Odio de Amarte (Renovada) Capitulo 8
Lun Nov 05, 2018 9:52 am por Runalan

» With You (Capítulo 1)
Jue Nov 01, 2018 9:50 pm por Kanon Oda

» Nueva idea para fanfic~
Miér Oct 31, 2018 5:19 pm por Runalan

¿Quién está en línea?
En total hay 2 usuarios en línea: 1 Registrado, 0 Ocultos y 1 Invitado

Runalan

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 44 el Dom Ago 30, 2015 5:44 pm.
¿Qué hora es?
Contador Visitas
contador de visitas
Contador de visitas
Banner del Foro
Buscar
 
 

Resultados por:
 


Rechercher Búsqueda avanzada

Noviembre 2018
LunMarMiérJueVieSábDom
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

Calendario Calendario


Los días del fin (Capítulo 2)

Ir abajo

Los días del fin (Capítulo 2)

Mensaje por Runalan el Miér Jul 25, 2018 2:12 pm

Capítulo II
—Enlace—

Después de ser llamado, Tsuika entró siguiendo a Asahi, su tío.
La familia de Tsuika era extraña de alguna manera. En este mundo, Worldend, es normal nacer mediante el MA (Energía del alma o mejor conocido como Magia), aunque obviamente, solo aquellos que tienen un alto nivel de MA pueden hacer esto, por lo que la manera tradicional de hacerlo sigue siendo la primera manera de nacer. Sin embargo, Tsuikasuigetsu nació mediante el MA, y su hijo, Sagiri, también.
La diferencia, pues, es que Tsuikasuigetsu nació de una sola persona, mientras que Sagiri, nacido a la fuerza, fue el resultado de la combinación entre dos tipos de MA.
Y bien, el padre de Tsuika es Mikazuki, mejor conocido como la deidad de la luna. Éste, a su vez, tiene a su hermano gemelo, Asahi, la deidad del sol, que a su vez tiene un hijo, Hatsuharu, que es un Tengu, creado para ser un Shikigami, pero él no cumple las reglas de tal. En sí, la familia es un poco… revuelta.
Mikazuki había llamado a Tsuika para hablar de los temas que había visto gracias a su Clarividencia. Por lo tanto, Tsuika tomó asiento en un pequeño sillón de la biblioteca, donde Mikazuki estaba. Detrás de él entró Asahi y luego Hatsuharu. Éstos dos últimos se quedaron de pie junto a la puerta, solo escuchando lo que la deidad de la Luna tenía que decir.

—¿Qué sucede, papá? —preguntó Tsuika—. No es normal que me llames de esta manera… ¿sucede algo malo? … ¿Será que de nuevo viste que…?

—Nada de eso, querido —se giró para verle, con una cálida sonrisa en su rostro—. Necesitamos hablar de unos temas… Pero creo que ya no va a haber tiempo de hacerlo.

Asahi levantó una ceja:

—¿A qué te refieres?

—Vamos a tener compañía…

—¿Visitas? —Tsuika soltó algo emocionado, pero a la vez preocupado—. ¿Vamos a tener visitas? Eso no es muy común…

—Bueno, si los quieres ver como visitas…

Mikazuki ya no pudo hablar más, pues fue interrumpido por una luz irradiante que había cubierto toda la habitación, entrando desde los ventanales de la biblioteca del tercer piso. Tsuika se alarmó y se asomó por la ventana, pensando en saltar si era necesario, pues claro, su hijo estaba afuera.
Sin embargo, lo que vio, fue una cosa completamente distinta.



Todo se había vuelto negro. Lo último que recordaban, era aquel halo de luz que se había dibujado en el cielo, que cada vez se acercaba más y más, hasta que todo se volvió blanco y, eventualmente, negro.
Akiza y Kurapika habían dejado de reaccionar durante unos momentos. El primero en reaccionar fue Kurapika, quien, al alzar la mirada, se dio cuenta que estaba en un inmenso bosque, con árboles gigantes y un cielo despejado y brillante en azul puro. Aunque podía parecer igual a un bosque cualquiera, sentía una sensación distinta, se sentía inseguro y, por primera vez en mucho tiempo, una presa fácil. Se levantó y miró a su alrededor, solo para ver a akiza aún inconsciente. Inmediatamente, fue a socorrerla.

—¡Akiza! —la movió suavemente, pero suficientemente fuerte para que pudiera reaccionar—. ¡Oye, despierta!

Akiza gimoteó débilmente, para luego abrir sus ojos poco a poco. Cuando se dio cuenta que había caído inconsciente, ella se levantó de golpe, no sin antes hacer una mueca de disgusto.

—Tch… creo que me torcí una mano —dijo ella con molestia, pero intentó no prestar atención y bajó la mano, acto seguido, miró todo el bosque a su alrededor—. ¿El bosque? ¿No estábamos en la ciudad?

—Estábamos —repitió Kurapika—. Pero parece ser que ese halo de luz nos llevó a un lugar distinto… No sé si somos los únicos, pero parece que al menos, si fuimos los únicos en llegar a este sitio.

Akiza resopló.

—¿Alguna idea de donde estamos?

—No, ninguna.

Y entonces hubo un silencio. Ambos se sentían desorientados, confundidos y, sobre todo, con cierto miedo que, obviamente, ninguno de los dos iba a mostrar. Algo desconocido había ocurrido, y ahora de la nada estaban en este sitio. Querían hablar sobre ello, pero, ¿qué podían decir? Su información actual era nula, y eso en parte les daba rabia.
Akiza se levantó y miró todo con más detalle. No parecía ser un lugar que ella conociera. Todo se veía muy natural, limpio y, sobretodo, hermoso. Algunas pequeñas luces etéreas revoloteaban a lo lejos en el mismo bosque, otras iban hacia el cielo mientras que otras se ocultaban entre los árboles. Pero algo grande volar por encima de los árboles fue lo que llamó la atención a Akiza.
Pero, sin duda, lo que llamó la atención de ambos, fue un temblor. Uno, tras otros, movimientos secos que parecían ser más los pasos de un gigante que se acercaba lentamente.
Akiza y Kurapika se miraron por unos momentos, sin saber qué era lo que se acercaba. Así, de repente, los pasos dejaron de escucharse. Pero en vez de calmarse, eso hacía que se preocuparan más por el tipo de criatura que podría haberlos emitido.
Fue, entonces, cuando una bestia del tamaño de una casa, repleta de arbustos y árboles en su espalda, salió desde el suelo cercano a ellos. Se sorprendieron, pero Kurapika reconoció la bestia al instante.

—Eso es… igual a la bestia que capturaron la noche pasada.

—¿Estás diciendo que es esa bestia que nunca pudieron derrotar? —preguntó Akiza, retrocediendo junto con Kurapika. Incluso si peleara, ahora su mano no respondía apropiadamente, solo pensó en esa desventaja—. Entonces…

Kurapika chasqueó la lengua. Levantó un poco su mano. Si para poder protegerse a sí mismo (y proteger a Akiza) tendría que pelear, lo aceptaba. Si moría, al menos habría hecho el intento de salir con vida.
La bestia, cuyo rostro era más grande que un animal grande, gruñó, solando hojas entre su propio aliento. Sus patas estaban hechas de troncos y enredaderas, sus arbustos parecían brillar en verde, una sola pisada podía ser capaz de matar incluso un depredador grande… No parecía ser un enemigo fácil de vencer, pero, tenían que hacer el intento.
A punto de materializar su cadena, fue cuando un muro de hielo sólido, pero a la vez algo translúcido les separó a ambos de la bestia. Kurapika rápidamente miró a Akiza, quien manejaba el hielo, pero ella se veía tan sorprendida como él. Y, entonces, suavemente, una voz cantando se escuchó, que se acercaba más y más.
Akiza y Kurapika se desconcertaron, pero mantuvieron la calma, mirando por donde se escuchaba la voz. La bestia, que pareció escucharla también, se escamó y soltó un gimoteo. La voz que se escuchaba era hermosa, angelical, y la bestia pareció comprenderlo.
De entre los árboles, una persona de cabello blanco salió, era Tsuika. Era el que cantaba y se mantenía a la vez, al tanto de lo que la bestia hacía. Si bien, ésta misma parecía enojarse y con ganas de querer atacar, ahora específicamente, a Tsuika, parecía a la vez titubear de sus propias acciones. Quizá era ese canto, que parecía darle algún tipo de emoción extraña. Los dos nuevos en este mundo no lo admitirían, pero esa voz era tan hermosa que brindaba una sensación de paz.
Eventualmente, Tsuika se detuvo, y miró a la bestia.

—Se supone que tú no atacas a los humanos —comentó Tsuika, hablando con la bestia—. No hace falta que los atormentes, ve y regresa a donde estabas.

La bestia emitió un gruñido. Parecía enfadado, pero a la vez, entendía las palabras del joven albino. Les dio la espalda, y tal como apareció, se retiró sin hacer el más mínimo movimiento en contra ellos nuevamente.
De entre los dos, Kurapika fue el primero en hablar.

—¿Eso es….?

—Nanamara —explicó Tsuika, volteándolos a ver—. ¿Están bien? ¿No resultaron heridos?

Ambos negaron con la cabeza, pero la mirada de Tsuika se fijó rápidamente en Akiza. Así que rápidamente fue con ella.

—Tu mano está ligeramente hinchada… Deberíamos tratarla y descartar algo malo —insistió el albino.

—E-Estoy bien —Akiza apartó la mirada, extrañada de que esta persona que acababa de conocer se comportara tan tierno—. Solo me la torcí. De todas maneras, estoy acostumbrada.

Tsuika entrecerró los ojos con ligera preocupación. Le dolió escuchar eso “estoy acostumbrada”.

—Eso era, ¿un Nanamara? —preguntó ahora Kurapika—. ¿Son normales?

—Desde luego —explicó Tsuika—. Sin embargo, no es común que ataquen a la gente, generalmente, solo atacan a mi especie, a los Wyd. Este Nanamara en concreto aún era una cría y parecía molesta. Por eso me tomé la molestia de calmarlo antes de intentar alejarlo. No conozco a nadie que sea capaz de hacerles frente con facilidad… y me temo que yo no podría hacerle frente ni siquiera a una cría de esas criaturas.

Akiza emitió una ligera risilla.

—Esa cosa… realmente era una cría, ¿y es más grande que una casa?

—No te gustaría ver a un adulto —comentó Tsuika—. En fin… ustedes… sus ropas, no son comunes en este país. ¿Debo pensar que son extranjeros?

—¿País? —preguntó Akiza—. ¿En… dónde estamos?

—Katari, claro.

Kurapika se asombró, Akiza no supo que pensar.

Katari.

¡No hay ningún país que se llame así! O al menos, ellos no lo conocen. Intentaron dar con una respuesta clara, o al menos, una que se acercara a algo lógico. ¡Cualquier cosa! Pero por más que pensaban, nada podría dar indicios de que siguieran en el mismo lugar que siempre han vivido.
Comenzaban a preocuparse de verdad.
Tsuika entonces, notó la frustración en el rostro de los dos.

—Será… ¿qué ustedes no son de este mundo?

Ambos lo miraron de manera inmediata, y Tsuika llegó a esa conclusión de inmediato. Ahora, incluso él pareció preocupado.

—U-Ustedes… -suspiró débilmente—. Acompáñenme, por favor.

Y caminó lentamente.
Ambos, sin saber dónde estaban, sin saber porque estaban aquí o porque se habían metido en este embrollo, solo pudieron seguir al albino, intentando dar con una respuesta que quizá él podría darles.

___________________________________________________________________

Y eso sería todo por hoy >3 espero que no resulte aburrido, ¡y pronto traeré la continuación!
avatar
Runalan
Admin
Admin

Mensajes : 1733
Fecha de inscripción : 06/12/2013
Edad : 20
Localización : En algún lugar del mundo :D

Ver perfil de usuario http://animefans.foroargentina.net

Volver arriba Ir abajo

Re: Los días del fin (Capítulo 2)

Mensaje por Kanon Oda el Miér Jul 25, 2018 3:13 pm

Esta increible!!!! Me encanto... pero que fie lo qie paso ? Como llegaron esos dos a otro mundo? Y me sorprendieron las habilidades de tsukia!, esperare ansiosa la siguiente parte xD

_________________________


avatar
Kanon Oda
UserActivo
UserActivo

Mensajes : 1132
Fecha de inscripción : 12/12/2013
Localización : Trabajando en la proxima continuacion de mi fianfic

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.