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Los días del fin (Capítulo 1)

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Los días del fin (Capítulo 1)

Mensaje por Runalan el Mar Jul 24, 2018 5:31 pm

¡HOLAAAAAAAAAAA! ¡Ya extrañaba escribir algo para este foro! TuT por eso le puse todas mis ganas a esto, ¡Y sin más, a leer! ¡Espero que sea de su agrado!

___________________________________________________________________________________________

Capítulo I
—Misterios—

El universo está repleto de mundos diferentes en muchos sentidos. Algunos son muy pacíficos y llenos de armonía, mientras que otros están repletos de guerras y conflictos. Algunos son más modernos, mientras que otros están atascados en lo antiguo. Unos acaban de nacer, mientras que otros desaparecen al tener finalmente, su muerte. Es un ciclo que se ha llevado a cabo por eones, incluso antes de que existiera este universo, había otro, y cuando murió, el nuevo universo nació, hace poco más de 13 mil años.

—Y es que nunca había visto un evento de esta magnitud, hermano.

Una persona de cabellera negra y corta estaba parada en lo que parecía ser, la orilla de un pozo hecho de piedra. Sin embargo, el pozo en lugar de hundirse en la oscuridad, parecía relucir como si algún tesoro hubiera dentro. Pero, lo que había dentro de aquel pequeño pozo, no era más que algo parecido a un sistema solar. O, más bien, a un universo entero.
Era reluciente y fácilmente entendible, todo brillaba y parecía ir a su propio ritmo. La persona de cabellera negra lo miraba detenidamente, hasta que su mirada se enfocó en una mancha negra, tan negra que parecía ser irreal. Aquella oscuridad comenzaba, aunque lenta, poco a poco a expandirse. Así, una pequeña esfera luminosa perteneciente al mismo universo, fue tragada por esa oscuridad, dejando nada a su paso.
La persona entrecerró sus ojos, meditando y pensando en explicaciones posibles. Su mente divagó hasta que alguien le llegó a interrumpir.

—¿Lo culparás a él de que esto esté ocurriendo? —preguntó otra persona de cabellera rubia y larga, que estaba recargado en la entrada de la oscura habitación—. Digo, se supone que es el protector de este universo y no sé qué tantas cosas dicen.

La persona que estaba mirando el pozo volteó a verlo.

—Incluso si quisiéramos culparlo, no creo que esto sea algo que tomarse a la ligera —explicó—. Los mundos están siendo tragados de uno en uno, a este paso, terminará con todo. Especialmente porque cada vez parece tomar más velocidad.

—Y bien, para combatir el crimen hay que primero saber quién es el enemigo, ¿no? ¿Alguna idea?

Negó con la cabeza.

—Por ahora no. Pero habrá que investigar antes de que haya otro mundo consumido —y entonces, volteó a ver de nuevo al pozo—. Además, hay mucha inestabilidad… Algunos mundos están chocando entre ellos, otros están uniéndose inexplicablemente…

—¿Y ves algo en el futuro?

—Muchas cosas, en realidad. Algunas que están preocupándome…

El rubio cerró los ojos y emitió un débil suspiro.

—No hay mucho que podamos hacer por ahora.

Y la persona de cabellera negra, solo dedicó su mirada al pozo.

Mientras tanto, en muchos otros lugares la vida transcurría como siempre, sin saber lo que estaba ocurriendo ahora mismo en el universo en el que habitaban. Tal era el caso del mundo de Junius, donde una chica estaba sentada afuera de un restaurante, mientras comía un chocolate y leyendo un libro que parecía estar de lo más interesante. Pues, aunque había un alboroto del otro lado de la acera, ella no prestó atención a su alrededor en lo más mínimo, solo estaba, inmiscuida en su lectura.
Los gritos se hicieron intensos, hasta que eventualmente pararon. Esto fue, irónicamente, lo que llamó la atención de la joven, quien, sin moverse de su asiento, solo movió su mirada hacia la otra acera. Ahí vio siluetas conocidas que, incluso si ella quería haberlas ignorado, fue imposible, puesto que la habían visto y no habían dudado en ir con ella.

—¡Akiza! —exclamó uno, que era un niño de entre 12-14 años, y que tenía el cabello de color verde oscuro, junto a otras dos personas, se acercó a ella—. No imaginaba que estarías por aquí, creí que estabas haciendo el trabajo de—-

—Lo rechacé —ella dijo con toda la facilidad y calma del mundo—. Era una paga basura a comparación del trabajo que me pedía realizar.

Gon, el chico de cabellos verdes, solo la miró. Su compañero de cabellos blancos, Killua, solo seguía observando el panorama del caos anterior, y el otro, rubio de ojos grises, se cruzó de brazos.

—Supongo que tu orgullo pudo más que eso —dijo el de cabellera rubia, Kurapika—. Creía que esa paga sería suficiente para ti… Me refiero, a que según los inversionistas eran…

—Gente de dinero, lo sé —afirmó Akiza, interrumpiéndole—. Pero eso no importa, si al final no estaban dispuestos a dar la cantidad acordada. De todas maneras, Gon, ¿qué hacen ustedes aquí?

Cuando Akiza volteó a verlos, Gon y Killua ya no estaban presentes. Solo estaba Kurapika, quien también se sorprendió al ver que lo habían dejado solo junto a esta chica. No dijo nada, solo una pequeña gotita de sudor brotó por su mejilla.
Antes de darse cuenta, ya los habían visto en la otra esquina con Killua pidiendo dulces deliberadamente.

—Te abandonaron —dijo Akiza.

—Lo sé.

Kurapika suspiró y se sentó. Akiza no dijo nada, pero le miró intrigada. No era que fueran los mejores amigos, precisamente, por eso era extraño que él se sentara con ella de la nada, algo quería decir, alguna intención tenía, y Akiza solo le miraba. Cuando Kurapika se dio cuenta de la intrigada vista de Akiza, no tuvo remedio que soltar todo.

—No sé si lo hayas notado… —explicó yendo al grano rápidamente—. Pero últimamente parece haber algo… raro.

—Necesitaré que expliques más que eso, Kurapika…

Suspiró de nuevo.

—El alboroto de hace momentos se hizo por el anuncio que dieron en las televisiones de la tienda —volvió a explicar—. Parece ser que una bestia fue encontrada.

—¿Y eso que tiene que ver? —comentó rápidamente la chica, al momento de dar una mordida a su chocolate. Cuando terminó de masticar y lo tragó, prosiguió—: ¿No es común encontrar algo nuevo entre los bosques? ¿Qué tiene eso de especial?

—Tendría sentido si fuera simplemente “algo nuevo entre los bosques”. Pero era una bestia completamente distinta a todo lo que se ha visto hasta ahora —dijo—. Me explico mejor: no parecía seguir las mismas reglas que nosotros, no tenía ni siquiera un indicio de tener cosas de nuestro mundo, y parece poseer un tipo de energía parecido al Nen, pero a la vez tan diferente.

—Oye, espera —Akiza se acomodó en su silla y lo miró más fijamente—. Estás insinuando… ¿qué es algo de otro mundo?

—Es solo una suposición.

Y entonces, hubo un silencio intrigante que Akiza rompió con facilidad.

—¿Crees en los aliens?

—¡No creo que eso sea un alien! —rezongó Kurapika—. Era… una bestia que parecía tener complexiones de un árbol, y a la vez de una piedra… Tenía rostro, patas, un gran árbol en su espalda… por no mencionar que los ataques no parecían hacerle daño y nunca pudieron detenerla… solo fue… retenida.

—Una bestia peligrosa…

—Por no decir que últimamente, ha habido muchas personas que han afirmado ver varias luces en el cielo… —cerró los ojos—. Todo esto debe tener un porque… no creo que sea algún grupo… no veo a alguien capaz de hacer algo así.

Akiza se mantuvo escuchando a Kurapika con serenidad, mientras que ella misma reflexionaba todo lo que le había contado.
Una bestia con facciones de un árbol, tan fuerte que ni siquiera pudieron vencerla, solo retenerla… Algo que posee un tipo de energía que es solamente similar al Nen… Algo que podría dar indicios de que no es de este mundo.
Sonaría algo fantasioso, especialmente porque están en un mundo donde hay cada tipo de bestia rondando por los bosques u otros sitios. Un monstruo árbol no sería nada distinto, de hecho, sería un nuevo descubrimiento que podría valer millones y millones. Pero, hablamos de Kurapika, la persona que, según Akiza, es la más lógica en cuanto pensamientos.
Sus pensamientos lógicos, posiblemente serían los más acertados.

En el mundo de Worldend, las cosas no eran muy distintas. Si bien, este mundo es mucho más antiguo que Junius tanto en tiempo de existir como en manera de ser, algo tiene en común, y es que hay personas que no se esperan el problema que se avecina.
En una casa en medio del bosque, tan grande y espaciosa, con un hermoso jardín y tres pisos de alto, había un niño jugando en el patio, a un lado de un pequeño estanque. Jugaba con otra persona que tenía el cabello de un color rubio cenizo y unas grandes alas negras. Mientras el volaba, el niño intentaba alcanzarlo, siendo ese, su juego.
Sentado, en el pasillo de la gran casa al más estilo japonés feudal, estaba una persona de cabellos blancos mirando como los dos jóvenes jugaban como si nada más importara.

—¡Ahhh, Haru-chan, no vueles tan alto, eso es trampa! —reclamó el niño que estaba en tierra. El chico con alas se rió aun volando.

—¡Es solo que necesitas saltar más alto, Sagiri!

—¡Mou, tooochaaaan! ¡Dile a Haru-chan que no vuele tan alto! —el niño miró a la persona que estaba sentado en el pasillo.

—¿Eh? Yo no puedo pedirle eso, Sagiri —reclamó la otra persona—. Tú fuiste quien quiso jugar a eso, anda e intenta atraparlo.

Al saber que ni siquiera su papá haría algo para ayudarle, Sagiri se sentó en el suelo con los brazos cruzados. Sus mejillas infladas y sus labios hacia afuera. Un auténtico puchero.
Su padre rió débilmente, mientras que el chico con alas descendió, parándose frente a él y le picó la nariz.

—No hagas tanto puchero —dijo—. Si quieres jugamos a otra cosa…

—¡Ey, Hatsuharu! —una persona salió desde atrás del padre de Sagiri, alguien alto y de cabellera rubia y larga. Asahi, conocido como la deidad del sol—. ¡Te necesito acá dentro!

—Ugh… —Hatsuharu se quejó—. Otosama comenzará con sus encargos… Jugaremos después, ¿de acuerdo?

Sagiri asintió con entusiasmo y Hatsuharu entró a la casa. Sin embargo, Asahi seguía afuera, y puso una mano en el hombro del padre de Sagiri.

—Tsuika, a ti también te necesito dentro —dijo.

Tsuikasuigetsu, el padre de Sagiri, solo le miró con ligera sorpresa, pero no dijo nada. Suspiró y se levantó, sacudiendo sus ropas blancas. Después, miró a su hijo.

—Sagiri, no te vayas a ir al bosque, ¿de acuerdo? Si ves algo raro, entra a la casa inmediatamente.

—¡Entendido! —exclamó el pequeño mientras se dirigía al estanque a jugar con los peces.

Y así, Tsuikasuigetsu entró a la casa siguiendo a Asahi.
Cuando Tsuika entró a la casa, Sagiri se quedó jugando con los peces del estanque. Les acariciaba, ¿cómo? Cosas de Sagiri, y jugaba con ellos así, tal cual.
Fue cuando el cielo pareció iluminarse, una luz que parecía ser algún tipo de halo que se iba abriendo en el mismo. Si bien, su padre le dijo que si veía algo extraño entrara a la casa, sentía curiosidad. ¡Eso no era algo que se veía todos los días! Pero tampoco era tan tonto, simplemente se mantuvo al margen y se acercó un poco a la casa, sin entrar aún, pero aún se mantenía mirando aquel halo que se abría.
Y él no era el único.
En Junius, el mismo halo de energía se abrió en el cielo. La gente se asombró y otra se asustó. Akiza y Kurapika rápidamente se levantaron de sus asientos y caminaron hacia la calle. Los autos se detuvieron, la gente estaba anonada en el cielo. Muchos gritaron, otros se desmayaron.
Akiza y Kurapika solo pudieron observar como ese halo hecho de una irradiante luz se acercaba más y más, cada vez más cerca…

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Y eso es todo por hoy :3 Espero que no haya sido aburrido y haya sido de su gusto. También espero haber puesto bien a tus personajes, onee-chan >-< Ya me desacostumbré a usarlos xD... Pero bueno, eso es todo :3 Sin más, me despido.
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Re: Los días del fin (Capítulo 1)

Mensaje por Kanon Oda el Mar Jul 24, 2018 6:39 pm

No!!!!! Porque me dejas en la intriga?, que sucede? Que cosa es esa criatura de la que hablo kurapika, todo es tan raro y emocionante ... esperare paciente la continuacion .. te quedo fantastico!

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